Nación

Las otras víctimas de la tragedia del bus 8-B06

A dos años y siete meses del incendio del bus 8-B06 donde murieron 18 personas calcinadas, sus familiares y sobrevivientes se quedaron esperando la ayuda prometida.


E n la misma silla donde estuvo sentado durante toda la entrevista, Virgilio Cedeño recibió hace dos años y medio, la noticia más triste de toda su vida: su hija y sus dos nietos morían quemados en un bus.

"Yo estaba sentado aquí cuando prendo la televisión y veo las llamas y sabía la hora que mi hija había agarrado el bus, yo me arrodillé y lloraba, rogando que mi hija no estuviera en el bus, pero no sé porqué yo estaba seguro que mi hija estaba allí".

 

Para “Don Villo”, de 78 años, ese recuerdo trágico del 23 de octubre de 2006 aún permanece. Su voz se quiebra y sus lágrimas quieren salir con sólo mencionar el nombre de su hija Zuleika Cedeño, quien tenía 32 años y de sus nietos, Josué y Alvin Escartín, niños de 4 y 8 años, quienes ese día como cada lunes y miércoles iban a la escuela de fútbol Real Madrid, ubicada en Albrook. “Apenas miento a mi hija y mis nietos, mis lágrimas salen solitas, eso fue un desastre total”, exclamó.

“Perdí todo”.
Según cuenta Don Villo, Zuleika era su hija más apegada, ya que aunque él no tenía un trabajo, su hija siempre se hacía responsable por él. “Ella me agarraba de la mano porque uso bastón y siempre se dedicaba a mi persona, ya perdí todo eso y a tres años de su muerte, al Gobierno no le ha importado con nosotros”.

Gracias por nada.
Virgilio vive en el Valle de San Isidro, en San Miguelito, está agobiado por la situación económica, con escasos B/ 100 quincenales que le tocan del seguro de vida que pagó su hija, dos años antes de la tragedia. Don Villo tiene que comprar medicamentos para la presión, la próstata y el problema en la vista que amenaza con dejarlo ciego. “Yo no he vuelto a tener salud completa”.

 

“Me operaron de cataratas en el Seguro y me dañaron el ojo”, dijo refiriéndose a su ojo izquierdo. Su situación podría estar mejor, pero el Gobierno no ha querido. “Martín prefirió gastar la plata en viajes y le agradezco por no hacer nada”. “Me he quedado esperando la ayuda que me prometió Torrijos en las misas por conmemoración del accidente, él me agarró las manos y me dijo: Virgilio yo te voy a ayudar”, pero no han hecho nada.

Larga espera.
Al igual que Virgilio, Noemí Castillo, quien al conversar del suceso rompió en llanto al recordar a su madre, Agripina Sánchez y a su hermanita menor, Yaneth Camargo. La vida nos ha cambiado drásticamente, pues luego de tres años, nada han resuelto con los familiares afectados y el transporte sigue igual.

“No es justo, mi hermanita estaba estudiando para trabajar en el Canal, a nosotros nos arrebataron la vida de nuestros familiares, y ellos merecen respeto y sus familiares deben ser indemnizados y el Gobierno no ha hecho nada”, dijo Noemí quien exige un apoyo para Don Villo.

 

“Yo por lo menos tengo un trabajo, pero hay familias que están pasando muy mal”, recalcó.

No hay voluntad.
Víctor Martínez, quien junto a Carlos Gavilanés, son los abogados que apoyan a los afectados, asegura que “hay una enorme insensibilidad del Gobierno en este caso”. Sólo se ha condenado al dueño y al conductor del bus, Próspero y Ariel Ortega, pero la solicitud de indemnización está “durmiendo el sueño de la paz” desde el 2007 en la Corte Suprema de Justicia.

Sobreviviente.
Luis Contreras, uno de los 25 sobrevivientes del accidente quedó con peligrosas secuelas en su salud. Todavía la flema que tose tiene hollín por la cantidad de humo que recibieron sus pulmones.

 

“Me querían callar la boca”, dijo Contreras, pues no ha sido indemnizado sino que le dieron una plaza de trabajo por B/ 390 mensual en la Presidencia. Ganaba más haciendo ebanistería y ya no puedo.

En el bus incendiado 8B-06, murieron 18 personas y 25 sobrevivieron.

En el bus Mano de Piedra -Corredor la gente decía al chofer que hacía calor.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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