Washington.- El presidente Bill Clinton ofreció una elocuente defensa de sus ocho años en la Casa Blanca, y en particular subrayó la expansión económica bajo su mando, en un discurso de endoso a la candidatura de su vicepresidente, Al Gore, ante la convención demócrata en Los Angeles.
Al hablar en la primera noche de la convención, televisada por la mayoría de las redes nacionales, Clinton una vez más demostró su gran talento de oratoria y el amplio apoyo del que goza dentro de su partido.
El discurso duró unos 90 minutos, media hora más de lo que las cadenas de televisión habían previsto, pero nadie se atrevió a cortarlo ya que, tras sus palabras era constantemente interrumpido con gritos y aplausos de más de 4,000 delegados e invitados distinguidos, entre los que figura el embajador de Panamá, Guillermo Ford.
Hablando con gran soltura y gozando visiblemente de lo que muchos calificaron como su discurso de despedida ante el Partido Demócrata, Clinton, señaló: "Desde 1992, Estados Unidos ha progresado, no sólo económicamente, sino como una comunidad. Hay más empleos y también adopciones. La deuda ha bajado, así como también el embarazo juvenil Estamos creciendo con más diversidad y más tolerancia. No sólo estamos viviendo mejor, también somos un país más decente, más humano, más unido, avanzando y trabajando juntos."
No obstante, el presidente prestó poca atención a la política exterior, lo que quizás no debe sorprender en este tipo de fiesta política nacional Latinoamérica, por ejemplo fue relegada al último lugar cuando se congratuló por haber "fortalecido las relaciones con las naciones de Europa, Asia, Africa y Latinoamérica".
"Podría haber dicho algo sobre los avances de la democracia en la región, la necesidad de un apoyo mayor a la lucha contra la pobreza y el cumplimiento el pasado año de los Tratados Carter-Torrijos que culminó con la devolución del Canal a Panamá", señaló un diplomático que pidió que no se publique su nombre.
Clinton evidentemente usó su discurso para argumentar que él y el vicepresidente Gore habían logrado aplicar políticas que redujeron a la mitad el número de personas que dependían de la asistencia social y ofrecieron acceso a servicios de salud a millones de personas.
"Al Gore y Joe Liberman mantendrán nuestra prosperidad al continuar reduciendo la deuda, invirtiendo en la educación y la salud, y continuando las reducciones del gravamen familiar", afirmó.
Antes del presidente había hablado su esposa, Hillary, quien recordó a los miembros del grupo legislativo hispano, los logros de su marido en nombrar a personas de descendencia iberoamericana a altos puestos del gobierno.
Pero, como ya acostumbra, Raul Yzaguirre, presidente del Consejo Nacional de la Raza, una organización predominantemente mexicana-americana, señaló que el Partido Demócrata no ha hecho lo suficiente para su organización.
"Los republicanos tienen más parte del voto latino, porque han trabajado para conseguirlo", comentó Yzaguirre como señal de adhesión al gobernador de Texas, George W. Bush, quien la semana pasada fue proclamado candidato republicano en oposición a Gore.
Por primera vez en la historia política de Estados Unidos, esta campaña presidencial se ha distinguido por una lucha cerrada nunca antes vista en busca de la preferencia de los hispanos, que actualmente suman unos 32 millones. De estos, unos 10,700,000, o sea un 65.2 por ciento son mexicanos o de origen mexicano.
El gobernador de California, el demócrata Gray Davis, reconoció que el cada vez mayor flujo de mexicanos a Estados Unidos ha comenzado a influir decisivamente en los resultados electorales, ya que un gran número de hispanos se ha volcado hacia el Partido Demócrata, en respuesta a las intenciones de los republicanos de endurecer las medidas para frenar la inmigración ilegal.
No obstante, Bush ha logrado un importante acercamiento con la comunidad hispana e incluso con organizaciones de gran influencia política como el Consejo Nacional de La Raza, que lo reconocen como el próximo presidente de Estados Unidos.
Al menos unos 34 millones de habitantes se agolpan hoy día en California, de los cuales casi 11 millones son hispanos. En este contexto, la convención demócrata regresa a Los Angeles después de 40 años, evocando la memoria de cómo nombraron en 1960 al senador John F. Kennedy como su candidato presidencial.