Leydis Del Cid: "Cuando me subo a un taxi sin aire acondicionado siento que me estoy ahogando, hace mucho calor y comienzo a sentir que el sudor me corre por toda la espalda. Siento una desesperación y ganas de bajarme corriendo e irme a echar agua para refrescarme".
Olga de Martínez: "Me he subido a un taxi sin aire acondicionado por necesidad, aunque me provoca bajarme. Es algo que no se puede explicar. Uno empieza a sentirse incómodo con tanto calor, es por ello que me fijo bien cuando voy a abordar uno. Es como pagar una manda".
Dora Camaño: "Es realmente muy incómodo porque en Panamá hace mucho calor y además, hay muchos tranques. Estar allí es estar atrapada, sintiendo una gran impaciencia. Sinceramente es como agonizar cerca de un fogón. Además, hay malos olores, picazón, nervios y de todo".
Ricardo Chuver: "Un taxi sin aire es un infierno, eso no se lo aconsejo a nadie, ni a mi peor enemigo. Uno siente cansancio, desesperación y ganas de salir huyendo. Hay veces que ellos llevan los vidrios arriba y no tiene aire acondicionado, entonces me bajo, porque de lo contrario, iría sudando toda la carrera".
Magdiel Méndez: "Es algo nefasto, es como estar al borde del infierno. Con los calores que hay en Panamá y el tráfico pesado, uno siente que se está quemando y más si es al mediodía. Cuando me he subido por falta de opciones, he sudado hasta los calzoncillos".
Leo Hernández: "Es una cuestión de servicio, en la que ellos (los conductores) no se han modernizado y andan por la calle ofreciendo un sauna como para que uno rebaje. Deben salir del sistema, ya que ese sevicio se paga. Pienso que los mismos conductores se aguantan esas calores por la cuenta, pero no deben cobrar igual que los que llevan aire acondicionado".