Así lo reflejan los rostros de Vicente Banister y Greta Ávila, residentes del popular barrio de El Chorrillo y víctimas de la incursión armada.
Al acercarse la Navidad, muchas personas tenían sus arbolitos para esperar la Nochebuena en compañía de sus familias. La del 20 era en cierto modo una noche común y bulliciosa en la que los niños correteaban por las calles, había música y los "muchachos" ocupaban las esquinas.
Cuando de repente, coinciden los entrevistados, en la calle se escuchaban los gritos de los niños, llanto de señoras y la gente corriendo, tratando de salir del lugar.
Luego, había gran cantidad de muertos. La gente no sabía ni por dónde correr, Se escuchaban frases como "mi hijo, mataste a mi hijo", "mi hermano", "mi papá", "mi mamá". Todo era confusión.
Amaneció, y para Vicente Banister el 20 de diciembre de 1989 fue "un día fatal", sin frenos en sus palabras. "Yo nada más escuchaba detonaciones de balas", agregó.
El traslado hacia los refugios los convirtió en un nómadas de la invasión a él y a su madre que pasaban de un punto a otro. "Los gringos y el ex presidente Endara no hicieron lo correcto", asegura.
Una escena algo más desgarradora vivió Dalys Ramos quien escuchó esa noche que alguien le pedía auxilio. Miró y vio a un soldado panameño con una pierna destrozada y un charco de sangre.
Con algo de remordimiento asegura que es horrible dejar atrás a una persona a punto de morir.
Por su parte Greta Ávila apuntó que el miedo y la penumbra se apoderaron, por casi seis horas del populoso barrio. "Mucho dolor, gente muerta, niños corriendo como locos, es algo que no quiero volver a vivir, ni se lo deseo a ningún país", acotó.
Lo que más lamenta son las secuelas psicológicas que se hacían evidentes en la miradas de los más pequeños quienes decían lo que sentían en ese momento: asombro, tristeza, temor y espanto ante una situación desconocida. "Tenían los nervios destrozado" narra.
"Yo vi a personas con los ojos fuera de su lugar, otros bajo las tanquetas militares, fue algo horrible que vivimos nosotros los de El Chorrillo, en aquella triste ocasión", añadió.
De acuerdo a Greta, en la actualidad no han hecho nada por ellos, ya que los dejaron a la interperie y sólo le dieron limosnas, para luego decirles adiós. Resalta que "los ladrones encorbatados" de aquel momento se quedaron con todo el dinero.
Greta Ávila no cree que el Panamá de ahora sea mejor que el de antes. "Hoy en día todo el mundo en este país tiene armas, hasta los niños, por lo que este país está peor que en el año 1989".
No obstante en su desgarrado corazón por aquella oscura etapa del país, luego de 16 años, nunca pensó que amaría tanto su barrio, país, amigos, vecinos y hasta su propia familia.
Si alguna enseñanza dejó aquella noche en los residentes de El Chorrillo es que algo se aprecia verdaderamente cuando se está en peligro. Es cierto, perdieron hasta la sonrisa, pero hoy poco a poco recuperan la fe, confianza, humanidad y el deseo de superarse.