Desde la mañana de ayer la Terminal del Transporte en Albrook comenzó a tomar vida. El área de salida hacia el interior se encontraba descongestionada, no así el piso destinado para la llegada de los pasajeros.
De lejos se pudo divisar los bultos de maletas sobre las capotas de los buses.
Los transportes de Santiago, Aguadulce, Penonomé, David, Las Tablas, entre otros, iban llegando llenos de pasajeros.
Como si fueran arrieras bajaban en filas, desde niños hasta adultos, pero en su mayoría jóvenes.
La impresión de realizar una mudanza se evidencia al obsevar numerosas maletas y hasta cajetas. Otros, en cambio no llevan maletines, se bajan despistados sin rumbo fijo.
"Pasé unos excelentes carnavales en compañía de mis amigos", expresó Rafael Camaño.
Este joven pasó los cuatro días de jolgorio en la ciudad de Santiago, donde indicó tener muy buenas experiencias.
Algunos no tenían ánimos de hablar, por lo que sólo se dedicaban a esperar las maletas.
Samira Chong, en cambio decidió disfrutar de las hermosas playas del interior del país junto a su mamá y hermanos, donde le fue muy bien.
Los accesorios carnestoléndicos se mantenían: gorras, lentes, pantalones cortos y camisetas.
El cansancio se reflejaba en sus rostros, algunos todavía mostraban síntomas de ebriedad.
Un desalentando joven indicó a Panamá América que hoy tenía que trabajar después del mediodía, pero que había logrado dormir un poco recostado sobre su almohada durante el largo viaje.
"De día la pasé bien en Chitré, pero de noche me fue mejor en Las Tablas", indicó.
Agregó que no le agradó el hecho de que en la ciudad de Las Tablas se concentrará gran cantidad de homosexuales.
Los cintillos de los centros de diversión nocturnos formaban arco iris en las muñecas de estos jóvenes, quienes los adquirieron sin importar el costo, y hoy estén "sin un real en el bolsillo".
La mayoría de ellos se quedaron en casas de familiares ubicadas en el interior del país, por lo que sólo tenían que gastar en licor, cigarrillos y entradas para discotecas.
Otras personas que también venían en los buses, quizás desconocían cómo estuvieron las fiestas, pues las pocas personas de la tercera edad traían plantas como rosas con la intención de visitar a sus parientes. Algunas traían sacos de naranjas, guandú y yuca.
Los muchachos encargados de llevar los maletines hasta la planta baja de la terminal esperaban, pero la mayoría de los usuarios llevaban sus maletas por si solos.
Entre tanto, los taxistas hacían filas para recogerlos, pero la totalidad disponía viajar en los famosos "diablos rojos", sin importar el peso de sus equipajes, ya que resultaba más barato.
El congestionamiento vehicular en está área se incrementaba, por lo que las unidades del Tránsito trabajaban arduamente para movilizar los vehículos; mientras dentro de ésta, agentes policiales vigilaban el retorno de los pasajeros que esperaban llegar sanos y salvos a sus casas.
Las chancletas y zapatillas de los pasajeros adquirieron un color chocolate.
Un desalentado joven llevaba entre sus maletas un baúl con llaves.
Uno de los sitios vacíos de la terminal del transporte era el área de encomiendas.