Nación

Lío por nombramiento del subdirector de CSS


El contralor Alvin Weeden defiende la facultad del Ejecutivo de nombrar al subdirector de la Caja de Seguro Social (CSS), y amenaza con llevar a la Corte Suprema la reciente designación que hiciera el titular de la entidad, Juan Jované.
En una carta enviada al director general de la CSS y a la cual obtuvo acceso El Panamá América, Weeden sustenta que la designación del subdirector de una entidad estatal es competencia del Organo Ejecutivo. Por ello exhortó a Jované a corregir el nombramiento de Rolando Villalaz Guerra, pues si no toma en cuenta sus apreciaciones jurídicas, recurrirá a la Corte "para que dirima lo que corresponde al tema".
Weeden recuerda a Jované que sólo está facultado para designar a un representante legal distinto del subdirector si hay una ausencia de ambos titulares, y de manera transitoria, como lo establece el artículo 19 del Decreto-Ley 14 de 1954 reformado.
Según el contralor, esta norma no incluye en la competencia del director, la facultad para nombrar al subdirector, y que el artículo 179 de la Constitución Nacional dispone que es competencia del Organo Ejecutivo nombrar a todos los funcionarios públicos.
El contralor recuerda a Jované que la Ley 9 del 20 de junio de 1994 considera a los directores y subdirectores generales de entidades descentralizadas como "servidores públicos" y su nombramiento lo hace el Ejecutivo, con la ratificación de la Asamblea Legislativa.
Según el fiscal de las finanzas del Estado, de las normas legales citadas se desprende que el subdirector de la entidad no es un subalterno del director general y que por lo contrario se trata de un funcionario público que depende administrativamente del Ejecutivo.
Según Weeden, la facultad del director general de la CSS en cuanto a nombramiento llega hasta el nivel de coordinador, o sea, hasta el cargo de secretario general.
Aquel timbrazo, el segundo en pocas semanas, hizo revivir en la familia un indescriptible sentimiento de nostalgia y en algunos, de ira, al no encontrar respuestas, "ni saber qué pasó, qué le hicieron a Chivale"...
"Yiyo" (Domingo), el hermano de "Chivale", que lo vio por última vez aquella tarde del 16 de febrero de 1971, cuando lo retuvieron en el cuartel del G-2, atendió.
"Sólo me dijeron que querían hablar con Alcibiades Bethancourt porque se había ganado una beca para estudiar Inglés. Yo les dije no, él no está y me cerraron", recuerda "Yiyo.
La noche del 15 de febrero, a eso de las 11:00, la pasividad de la penumbra propia de la hora, en la residencia de los Bethancourt en Calle 15 de Santa Ana, fue interrumpida por la desesperación de los agentes del G-2 por encontrar a "Chivale". Allanaron la casa, comandados por el militar Melvin Walker y buscaron "hasta debajo del piso". El momento permanece vivo en la memoria de "Minga", como conocen a esta madre de ocho hijos, de los que le sobreviven cuatro.
Sin vacilar se ofreció a contarnos la historia con lujo de detalles y para ello prefirió estar de pie. "Yo les dije que por qué lo buscaban y no me respondieron", nos narró "Minga", una mujer de baja estatura a quien sus casi 100 años sólo han logrado pintar de blanco su cabellera y restado agudeza a su audición.
Afuera, en un auto, un sujeto esperaba al quinteto que había iniciado la búsqueda afanosa. Antes de irse confundieron a Alcibiades con dos de sus hermanos, Luis Enrique y "Yiyo" y de no ser por la insistencia de la esposa del primero, las aclaraciones de la madre de ambos y la negativa del hombre que esperaba en el vehículo para identificar el objetivo, "se los hubieran llevado".
El teniente Mascuñana, quien pertenecía para entonces al G-2, apareció después, a eso de las 2:00 de la madrugada. "Minga" se sintió confiada porque él "era como mi hijo. Se había criado con Luis, Chivale y los demás"... "yo le daba comida y su papá me decía Minga no lo ayudes, este hijo mío es malo". Esa mañana, Mascuñana se llevó a "Yiyo" en un helicóptero a Punta Chame, donde nació y se crió Alcibiades, porque para entonces ya estaba al tanto de que él estaba allá pescando.
Llegaron al pueblo . Yiyo iba amenazado por un arma como garantía de que "Chivale" se entregaría y así fue. Poco después ambos estaban de regreso en Panamá en el cuartel del G- 2. "En el viaje mi hermano no me dijo nada, venía callado", recuerda "Yiyo", y replica: "aunque yo no creía que "Chachi" ( Mascuñana), podría hacernos esto".
Inició el vía crucis de la búsqueda. Solicitudes desde los más influyentes personajes de la política criolla hasta al propio "hombre fuerte" de Panamá resultaron infructuosas. "Nunca más lo vimos".
Mientras Minga se llevaba la mano a la cabeza, su voz tenue tomó fuerza al preguntar: "Ay, Dios mío, ¿por qué Chachi nos hizo esto?, ¿por qué?". Y aunque las llamadas parecen ser la acción de algún "descorazonado", aún las dudas y la desesperación están allí, mientras la familia espera ansiosa los resultados de las pruebas de ADN.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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