Hay un grupo de panameños que al igual que los demás, esperaron ansiosos a que llegara el carnaval, pero no para saltar y divertirse sino para trabajar ya sea vendiendo comidas, bebidas o artículos propios de la temporada.
Estos vendedores, tanto ambulantes como fijos, manifestaron que los carnavales representaron para ellos una oportunidad de mejorar sus ingresos.
En la puerta del "culecódromo" que por cuatro días operó en la vía Fernández de Córdoba, estuvo Panamá América, observando el desempeño de vendedores, autoridades y personas en el lugar.
Negocio.
Como en años anteriores, las ventas de alimentos, bebidas y otros productos propios de la época, estuvieron a cargo de empresas o grupos organizados de personas que pasaron por un proceso, desde permisos para manipuladores de alimentos, hasta por el propio pago de una suma para instalarse en el sitio.
Aunque el sondeo de los vendedores que ofrecieron sus ofertas fuera de la sede de la mojadera, arrojaba un resultado satisfactorio, hubo otra situación diferente.
Amadís Gil Martínez se ha ganado la vida en los últimos diez años como vendedor ambulante, en todo tipo de eventos. El carnaval no fue la excepción. Es representante del clásico buhonero, que vende de todo, pañoletas, lentes, pulseras y pistolas de agua, entre otros.
Martínez se quejó de que el permiso para vender de forma ambulante pasó de B/. 10 en 2007 a más de B/. 50, este año, por lo que acceder a áreas cercadas podría ascender a un total de B/. 86.
"Es una injusticia porque hay muchos panameños que no pueden pagar este permiso, ya que no vendemos en cantidad como para pagar por un puesto", sentenció Gil Martínez quien portaba gafas oscuras para protegerse la vista del sol.
La Región Metropolitana de Salud comunicó ayer que se aplicaron más de 60 sanciones a personas que no cumplían con los requisitos sanitarios.