Por lo menos una vez al año, al igual que los automóviles, los barcos deben ir al taller, ser revisados y recibir un mantenimiento general rutinario. De sus buenas condiciones físicas dependerá su buen desenvolvimiento en alta mar, así como la seguridad de sus tripulantes.
Factores como la continuidad e intensidad de uso o funcionamiento, condiciones de operación, tamaño y antigüedad de la embarcación, también influyen en el tipo y periodicidad con que debe subir un barco al astillero.
En el caso particular de la flota del Servicio Marítimo Nacional, que es la institución encargada de garantizar la seguridad y el cumplimiento de las leyes en los espacios oceánicos bajo la jurisdicción del Estado panameño, el mantenimiento oportuno y adecuado de las embarcaciones es determinante para el eficaz cumplimiento de su deber.
Por no contar con un astillero propio, el Servicio Marítimo envía sus barcos al Astillero Nacional, ubicado en el Puerto de Vacamonte. Actualmente tres embarcaciones se encuentran fuera de servicio por estar recibiendo su mantenimiento anual. Estas son la P-302 "Ligia Elena", P-303 "Naos" y la P-102 "Calamar".
Las dos primeras, "Ligia Elena" y "Naos" son buques de largo alcance (103 pies de longitud), es decir, barcos cuya autonomía de navegación continua alcanza los 30 días en mar abierto y su tripulación asciende a 15 personas. Por su parte, "Calamar" es una lancha rápida utilizada para patrullar cerca de las costas.
Una sola vez en la vida útil de una embarcación se realizan ciertas reparaciones y acondicionamientos más profundos que los rutinarios. A este proceso, cuya duración supera las 8 semanas y su costo está alrededor de los 30 mil balboas, es al que está siendo sometida la P-303. Se trata de la remoción completa de las planchas de acero que van situadas en el casco, quilla y proa del barco, las cuales con el tiempo (unos 30 años) se han corroído por el agua de mar.
Adicionalmente, a la "Naos" le están realizando trabajos de carpintería, ebanistería y electricidad en la cocina y camarotes, para remodelar por completo el interior del buque; así mismo, se le instalará un regulador de voltaje nuevo y finalmente se rectificarán y alinearán las propelas (hélices) y se reemplazarán los cauchos de los ejes.
Durante la reparación de los barcos, además del personal que es contratado en el astillero, participa la propia tripulación de la embarcación y unidades de la División de Mantenimiento del Servicio Marítimo, quienes se involucran con todos los detalles del proceso y llevan a cabo otras tareas de pintura y mecánica, como lo son los cambios de filtros y bombas (de aceite y agua salada).
En cuanto a la P-102, se le está reemplazando por completo la máquina por una más grande, fuerte y rápida, pues por el tipo de funciones que cumple (policía marítima y misiones de salvamento, búsqueda y rescate) se requería incrementar su capacidad operativa. Para ello fue necesario modificarle en su totalidad la base sobre la cual se colocará la máquina nueva.
Cada año el Servicio Marítimo Nacional invierte unos ciento cincuenta mil balboas únicamente en mantenimiento de embarcaciones, cantidad que cada vez se hace más insuficiente si tomamos en consideración que la flota ha ido incrementándose con nuevos buques lanchas, algunos donados por el Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos y otros obtenidos por capturas realizadas a narcotraficantes.
Del mantenimiento oportuno y adecuado que reciba la flota del Servicio Marítimo Nacional, dependerá en gran medida la calidad y efectividad con que la institución lleve a cabo su misión, que es proteger la soberanía de la nación y garantizar el cumplimiento de la ley en las costas y mares panameños.