Nuestro país ha sufrido muchos altibajos en su caminar hacia el perfeccionamiento de un Estado verdaderamente democrático. Luego de los desazones causados por un sistema oligárquico al principio de nuestra era republicana, hasta las convulsiones sociales que se dieron durante la época de la dictadura militar, en donde todo se hacía por la violencia institucional, es decir, mediante el aparato represivo del Estado, las fuerzas armadas.
Después del gran avance logrado en nuestro caminar hacia el perfeccionamiento de la democracia, no es posible que aquellos que tanto lucharon por devolver la institucionalidad y el orden a nuestra Nación, hoy se vean envueltos en censurables hechos que violentan la certidumbre de los ciudadanos panameños, de que estamos enrumbando nuestro destino por los caminos de la paz, la concordia, el respeto y la armonía entre los poderes e instancias legalmente constituidas en nuestro país.
El ejercicio político realizado por los concejales del distrito capital el pasado jueves, durante la elección de su nuevo presidente, en lugar de ser un ejemplo de civismo y madurez política y una ocasión para que quienes tienen en sus manos los destinos de nuestra patria se empinaran sobre sus intereses, demostrando así la veracidad de querer ofrecernos un cambio, no sólo de gobierno sino también de pensamiento, se convirtió en un verdadero tablado, donde se puso en escena la más grosera obra teatral que por demás está decirlo, merece el repudio de todos los ciudadanos. No es posible que luego de una votación pública, organizada por quienes hasta entonces detentaban la máxima representación del Cabildo de nuestra ciudad, después de hacer en dos ocasiones el recuento de los votos en presencia de los concejales y del público asistente, y luego de proclamar al nuevo presidente de esta corporación edilicia, después de 15 minutos de reunión a puerta cerrada entre los miembros del oficialismo y alguien más, se desconozca el triunfo del nuevo presidente del Consejo Municipal y se haga todo un despliegue de fuerza policiva como si se tratara de contrarrestar algún conflicto entre pandillas juveniles.
Desconocer lo que democráticamente se actúo, sería atentar contra la institucionalidad y el respeto a la autonomía municipal, consagrada en la Carta Fundamental y desarrollada en la Ley 106. El desconocimiento de lo actuado en el recinto municipal nos pone ante la disyuntiva de si estamos ante una renovada clase política o si el único cambio que ha habido es de los actores, pero con las mismas artimañas y bajezas que tanto criticaron ayer los que hoy nos gobiernan, pero que parecieran emular a la perfección de quienes fueron satanizados por sus acciones non sanctas.
Esperamos que por la salud incipiente y frágil democracia, por la garantía que debemos tener de una gestión de gobierno respetuosa de las leyes y el orden, no se pretenda anular lo que los votos libres decidieron: un nuevo presidente de la Cámara Edilicia. Quiera Dios que los honorables concejales, no importando el partido al que pertenezcan, tengan el valor y la responsabilidad de hacer respetar la institucionalidad democrática porque el pueblo los está mirando.