Es tiempo de campaña y el pueblo se convierte, como nunca antes, en el centro de todas las miradas políticas. Los candidatos, cada uno a su estilo, adapta su discurso para causar el efecto deseado en la población. Se ponen de su lado, escuchan sus problemas, los entienden y los hacen propios.
La cuña publicitaria de Ricardo Martinelli lo dice abiertamente, pero también lo afirman con otras palabras Martín Torrijos, Guillermo Endara y José Miguel Alemán. Cada uno de ellos aprovecha cada acto público y cada caminata para desplegar toda su habilidad dialéctica y colocarse de lado de la gente.
Los ejemplos sobran. José Miguel Alemán se considera el mejor candidato porque está seguro de ser el único que "escucha al pueblo y cree en Panamá y en su gente". También interpreta que "el pueblo panameño es lo suficientemente inteligente" para saber quienes ordenan y realizan las encuestas que lo dan perdedor.
Guillermo Endara recorrió las calles de Colón y con mucho sentimiento dijo a sus habitantes que él siempre ha sido leal a Colón, "no como otros candidatos que se enamoran por días". Dijo que le gusta "el estilo de los colonenses que no tienen pepita en la lengua cuando no les gusta algo".
Martín Torrijos contestó a sus adversarios "que por cinco años le dieron la espalda a los problemas del país, cobraron jugosos salarios en este gobierno y ahora, al final se acuerdan que son oposición" y les aconsejó que "sopa de carne y hueso se la deben dar al pueblo porque hay bastante hambre en el país".
Martinelli no quiso ser menos e impuso su sello al considerarse el único candidato que calza "los zapatos del pueblo". La frase provocó críticas y comentarios jocosos en algunos sectores y alimentó el humor popular de las miles de personas que quisieran estar "en los zapatos de Martinelli".
Sin embargo, sólo hace falta escuchar con atención los discursos políticos para descubrir decenas de frases semejantes pintadas de los más variados colores partidarios.
Todas y cada una de ellas busca llegar de manera simple y directa al corazón de la gente. Captar la atención de cada uno de los sectores, las más altas esferas y también las más populares. Esas que conforman el 40.5% de la población panameña que vive en pobreza, o el otro 26.5% que vive en pobreza extrema, según el censo de población del 2000. Esas otras a las que tanta falta les haría una de las 200 mil viviendas que necesita el país. O aquellos más de 200 mil panameños que están desempleados.
Adecuar las promesas a las necesidades de los electores sería en opinión de un asesor experto en campañas electorales "ponerse en los zapatos del pueblo". Para el diccionario Larousse sin embargo sería demagogia: "Actitud que consiste en halagar las aspiraciones populares o los prejuicios de un gran número de personas para incrementar la propia popularidad y obtener o incrementar el poder".