Margarita Henríquez, ganadora de la tercera edición del concurso Latin American Idol, en Argentina, hizo que muchos panameños olvidaran sus problemas, al menos, los dos últimos días del concurso, según sociólogos que analizaron el fenómeno "margaritamanía".
El sociólogo y escritor, Raúl Leis, indicó que la euforia que vivieron los panameños por ese triunfo demuestra que los seres humanos no se mueven solo por necesidades básicas (comida o vivienda), sino por necesidades radicales como "la libertad, los sueños y la notoriedad".
En este caso, explicó Leis, "las segundas necesidades se impusieron en un momento en que la población se sentía agobiada y enfrascada en un mar de problemas".
Agregó que por la rivalidad con el hermano país de Costa Rica, se trató de "un asunto de honor nacional", como ocurre en una competencia deportiva.
Trabajo arduo.
Entretanto, la psicóloga clínica, Geraldine Emiliani, aseguró que "esa alegría desbordante, esa colectividad embriagante, nos purifica y nos oxigena".
"La actitud de Margarita y el trabajo arduo de los medios impresionó y contribuyó enormemente en la generosidad del panameño, cambiando al menos por unos segundos una vida de infortunios o de necesidades para muchos, por una llena de felicidad momentánea", precisó Emiliani.
Según los especialistas, la final confirmó que el celular es un medio masivo y el votar lo convirtió "momentáneamente" en un medio democrático, a pesar que existe la ganancia y el lucro de unos cuantos, que hizo que la gente sintiera que tenía algo de poder de decisión.
Liderazgo.
Para el sociólogo, Gilberto Toro, la euforia que se vivió con Margarita, se debió a la necesidad de "liderazgo ídolo-representantes que fomenten los valores en la práctica".
"Eso mueve a una solidaridad y esa solidaridad rompe barreras económicas, sociales, políticas y religiosas y eso fue lo que se vivió", dijo Toro.
Igualmente, indicó que hay quienes ahora están descubriendo que la sociedad adulta ha sido injusta con la juventud panameña, sobre todo cuando sólo se resalta lo malo, pero en el momento en que se da ese tipo de logros todos salen a aplaudir y se olvidan de todo.
"En los últimos meses hemos entrado en una especie de espiral (euforia), que la vivimos con Irving Saladino, César Barría, Guillermo "El Felino" Jones y ahora con Margarita, pero somos tan ingratos que apenas se pierde, todo se cae y volvemos entonces a ver lo malo".
La sociedad tiene que aprender a madurar y a no quedarse en la euforia.