Nación

Martín retó a la Asamblea a reformar la Constitución


El candidato a la Presidencia por el Partido Revolucionario Democrático (PRD), Martín Torrijos, señaló que el caso CEMIS debe ser investigado hasta las últimas consecuencias.
Ante la gran cantidad de jóvenes que acudieron a la inauguración del TEAM MARTIN,Torrijos señaló que no puede ser que luego de indicarse que no había responsabilidad jurídica, ahora salen todos a pedir que se abra.
Reiteró su voluntad de combatir la corrupción, pero destacó que es lamentable que se haya propuesto una reforma constitucional para que "la impunidad se convierta en impunidad", cuando es una preocupación de los panemeños que se combata.
Manifestó que es necesario cambiar el mecanismo de escoger a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia de manera que para el próximo año en el mes de diciembre se tenga una nueva constitución que le devuelva la confianza al pueblo.
Admitió que en Panamá nadie cree en nadie y eso se ha agravado con los últimos acontecimientos ocurridos en los tres órganos del Estado, por lo tanto, retó a la Asamblea Legislativa que inicie una reforma constitucional de inmediato, para garantizar el fortalecimiento de la democracia, donde la inmunidad parlamentaria no se convierta en un instrumento para la impunidad.
En el campo político, aseguró que su nómina la presentará próximamente con personas que puedan trabajar en la misma voluntad y no tener una nómina que tenga pasado, porque "la de Endara no ofrece garantías para el país".
"Y a los que metieron los duro dólares en la refrigeradora", agregó "van duro en esta elección porque no van a subir la loma".
Sin embargo, dice la publicación, Peña les pidió que "anunciaran a todas las comunidades que no podían estar tristes y que nadie podía decir que se quería morir, porque los espíritus aprovechaban esa debilidad y se les metían en el cuerpo".
La crónica dice que, por recomendación del sacerdote católico del lugar, los aborígenes han colgado al cuello de sus niños "crucifijos de jagua, su árbol sagrado, para cuidarlos de los espíritus malos que andan sueltos desde que ocurrió el primer suicidio".
Es así como aprovechaba lo que le quedaba a mano no olvidando su principal propósito. Los chilenos debían enterarse del costo humano de la dictadura. "Eramos un país ordenado. Nadie se atrevía a protestar o hacer huelgas cómo convencerlos (a los ciudadanos) de que no todo andaba bien".
Por 10 años, cuenta, los chilenos vivieron el encierro entre las paredes de sus propias casas. Se decretó toque de queda todas las noches. "Y aquí no pasa nada, decían muchos".
"Era sólo trabajar y trabajar para encerrarse en las noches. Así se construyó el milagro económico chileno", sostiene y ríe sorprendida aún, como si los años no hubiesen transcurrido.
Ella era menos conformista. A su juicio, ese orden era el producto de las cárceles secretas, los recintos de tortura y el "terror que tenían y no se atrevían a confesar". Esa fue mi primera tarea: "convencerlos".
Para el fin de la dictadura de Pinochet, en 1998, cuando fue detenido en Londres, la jovial escritora de cabellos canosos tenía ya a su haber cuatro libros dirigidos a denunciar las violaciones a los derechos humanos.
"Quemados Vivos", fue otro de sus títulos. Cerca de 1983, una pareja de jóvenes salió a protestar y una patrulla militar los detiene y rocía de combustible, quemándolos vivos como advertencia para quienes se quejaban públicamente. Tocaba ahora buscar las pruebas y Patricia lo hizo, una vez más.
Le costó ser demandada por "ofender a las Fuerzas Armadas. En ese momento, al acusarme el propio dictador, mi vida corrió peligro".
Se propuso dar la cara, como lo había hecho siempre. Un abogado de la Iglesia Católica tomó el caso y al preguntarle el fiscal militar sobre la demanda, ella dijo: "quienes ofenden a las Fuerzas Armadas son aquellos que usando uniforme tienen conductas criminales". La justicia falló a favor de Verdugo y "ganó el periodismo chileno". En más de una ocasión Patricia y su familia fueron amedrentadas pero no claudicó.
Con "Andrés de la Victoria" contó la historia de un sacerdote a quien una bala cegó la vida, durante la lectura del Evangelio y con ello, el testimonio de centenares de víctimas más. "Y muchos seguían sin creer".
Según dijo, se puede partir de la afirmación genérica de que todos los crímenes durante una dictadura son responsabilidad del dictador pero otra cosa es comprobarlo ante la justicia.
La investigación "Los zarpazos del puma" deja de lado los supuestos y lo prueba. La obra fue aplaudida y repudiada, como era de esperarse, sin embargo, el proceso judicial contra Pinochet se hizo sobre la base del libro y para ella, como periodista "fue especial", pues la causa judicial más importante en toda la historia de su país se apoyó en lo que escribió. Las investigaciones siguen en curso.
Patricia partió de Panamá para continuar su peregrinar por varios países "presentando a su nuevo hijo literario", sin embargo, siempre que puede, le roba un par de horas y con suerte uno o dos días, a esas "presentaciones en sociedad" para volar a lado de sus hijos y su esposo, un hombre comprensivo que conoce y respeta su oficio.
Pero mientras vuelve a zambullirse en pilas de papeles para tramar otro escrito, reconoce que después de todo, algo le debe a la dictadura: "me enseñó a vencer el miedo y vivir decentemente".


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134609
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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