Dijo que el encuentro con Vallarino se dará tras la solicitud que éste le hizo hace algunos días y sostuvo que en la reunión se hablará sobre los problemas del país, política y economía. Manifestó que todos los panameños deben aunar esfuerzos para que el país pueda establecer un solo norte, sin diferencias políticas, con el propósito de hacerle frente a la grave situación del desempleo, la pobreza y otra gran cantidad de problemas.
Por otra parte, Martinelli manifestó que "con mucho gusto" se reuniría también con el secretario general del Partido Revolucionario Democrático, Martín Torrijos, o con cualquier otro que así lo quisiera. Martinelli fue consultado si estas reuniones significan que existen diferencias con la presidenta Mireya Moscoso y éste respondió que no tiene problemas con la mandataria ni con ningún ministro de Estado.
Agregó que simplemente él, al igual que el contralor Alvin Weeden, se opuso a la equiparación del contrato a la empresa Panama Ports Company, lo que produjo un intercambio de ideas con Moscoso.
De igual forma, Los Santos y Herrera mantienen la tendencia a una baja fecundidad y al desplazamiento de su población hacia otras provincias.
Mientras que el mayor incremento en el número de viviendas se da en la provincia de Panamá y el menor en la Comarca Kuna Yala.
Gran parte de las viviendas de asentamientos espontáneos, mantienen en riesgo permanente la vida de sus pobladores, porque están construidas con materiales de baja calidad y sobre terrenos con difícil topografía.
Un 64.6% de los pobres habita en casas individuales, sin embargo, una proporción significativa de ellos vive en áreas rurales e indígenas -que representan un 28.2%-, y tiene como vivienda, las llamadas chozas o ranchos.
Este tipo de viviendas es insignificante en la población de los no pobres que apenas alcanza un 2.4%.
En cuanto al número de personas por cuartos en los sectores pobres, éste es de 2.9, más del doble que el registrado en los no pobres (1.2).
Otro aspecto importante es que un 67.4% de la población pobre no posee título de propiedad, situación que la limita para desarrollar actividades generadoras de otros ingresos que mejoren su calidad de vida. Los indicadores señalan que Panamá ha avanzado en la consolidación de la democracia, pero a pesar de ello, hay excesiva centralización, ineficiencia y débil participación de la sociedad civil.
La tasa de desempleo es casi el doble entre los residentes urbanos pobres, en comparación con los residentes urbanos no pobres.
La mitad de la fuerza laboral en Panamá está empleada en el sector informal, llámese operarios diurnos, empleadas domésticas o trabajadores por cuenta propia.
Cerca del 80% de los extremadamente pobres y el 70% de los trabajadores pobres se desempeñan en el sector informal de la economía, principalmente en empleos del sector agrícola, comercial y de servicios.
A su vez, el sexo femenino sigue siendo el menos favorecido, porque las panameñas tienen menos oportunidades laborales que su contraparte masculina.
Aunado a estas circunstancias, las mujeres pobres registran las mayores tasas de fecundidad con el consiguiente aumento de las responsabilidades domésticas, a las que se añaden la falta general de servicios de guardería y de acceso a otros servicios básicos.
El desempleo es significativamente alto entre los jóvenes panameños. En el renglón de jóvenes de 15 a 29 años alcanza un total del 24.1%. De 20 a 24 años representa un 18.1% y de 25 a 29 años alcanza el 12%.
Este fenómeno se acentúa entre los jóvenes urbanos, las mujeres jóvenes y los jóvenes de educación secundaria, lo que podría apuntar a la existencia de dificultades en la transición de la escuela al mundo laboral.
Los análisis indican que a pesar de que el trabajo infantil no parece ser un problema generalizado en Panamá, sí va en aumento. Los niños trabajadores suelen ser pobres en su totalidad y cuentan con menos años de escolaridad que aquéllos que tienen su misma edad, pero que no trabajan. En su mayoría son niños varones que viven en las áreas rurales e indígenas. El normal suministro de los servicios básicos como agua potable y alcantarillados, servicios eléctricos y comunicación siguen siendo un sueño para los pobres.
En materia de servicio eléctrico un 25% de la población urbana no tiene acceso al mismo, por lo que sigue constituyendo un lujo inalcanzable para más del 60% de los pobres que habita en áreas rurales, y para más del 90% de la población indígena.
222El 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición.
En cuanto a la eliminación de excretas, un 20% de los pobres no tiene ningún tipo de servicio sanitario en su vivienda, agravándose esta situación en las viviendas de las áreas indígenas, ya que el 56% de éstas carece de este servicio.
Puede mencionarse una tendencia hacia la centralización y fragmentación del sistema de salud con tres actores -Ministerio de Salud, Caja de Seguro Social y Sector Privado- que promueve la duplicación y subutilización de los servicios.
En el ámbito nacional apenas el 21% de la población tiene acceso a la educación universitaria, situación que se agrava en las áreas rurales, donde la cobertura sólo alcanza al 8% de la población y al 1% de la población indígena.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional. El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.