Así describió Zunilda Douglas el calvario que le tocó vivir durante tres años y cinco meses atada a las máquinas de hemodiálisis, hasta que el 13 de julio del 2001, fue llamada para un trasplante de riñón de donante cadavérico en la ciudad de Cali, Colombia.
La operación resultó exitosa y le permitió volver a tener una vida normal alejada de las máquinas.
"Cuando entré a diálisis pesaba 170 libras y tenía 16 de hemoglobina. Cuando llegué a las máquinas terminé pesando 128 libras y 4 de hemoglobina. Inclusive me tocó ver al lado mío a personas cuando les hacían la hemodiálisis, con las que conversaba y cuando volvía a mirar ya estaban muertas", expresó Douglas a El Panamá América.
Sostuvo que esta experiencia es muy triste porque se ve cómo el paciente se desmaya, le da calambre, convulsiona, pierde la voz y hasta llega a padecer de sordera, adujo.
Douglas, quien reside en la urbanización San Cristóbal, en el corregimiento de Río Abajo, casada, con cuatro hijos (tres mujeres y un varón), asistía dos veces por semana a la Sala de Hemodiálisis de la Caja de Seguro Social (CSS), terapia donde la persona tiene que estar conectada cuatro horas a una máquina, mientras que a los niños se les mantiene entre dos horas y media y tres, porque se ponen nerviosos y se cansan.
Ella tenía riñones poliquísticos, lo que le ocasionó la insuficiencia renal. Pensionada tras laborar como secretaria, dijo que antes de la cirugía su salud era muy delicada y padeció muchas limitaciones.
Le exigían dieta baja en sal porque la mayoría de los pacientes que se enferma de los riñones, si los tiene normales tienden a achicarse, pero los poliquísticos afectan más debido a que su tendencia es crecer, ocasionando daños a otros órganos y a la columna.
Luego del trasplante en Colombia, hace un mes, a Douglas le retiraron los riñones nativos que estaban enfermos.
"Un riñón normal mide de 7 a 8 centímetros, los míos medían cada uno 20 centímetros y llegaron a pesar, entre los dos, casi 20 libras. Tengo un mes que me los retiraron y tengo que tener un cuido de seis meses, pero ya no tengo que ir a diálisis", manifestó Douglas.
"Por eso pido que nos apoyen en esta causa", declaró Douglas, al indicar que reunió todos los requisitos exigidos por la CSS para la operación de trasplante en Colombia. Para Norberto Muñoz, un residente en la urbanización Villa Lucre, en el distrito de San Miguelito, jubilado, con esposa y seis hijos, la traumática terapia de la hemodiálisis continúa mientras espera un donante cadavérico porque no cuenta con un donante vivo.
"Me detectaron insuficiencia renal en 1991 después que vine de Estados Unidos, donde me diagnosticaron que tenía la dolencia", declaró Muñoz a El Panamá América.
Añadió que al regresar a Panamá buscó tratamiento médico en la Policlínica de la CSS de San Francisco, donde mantuvo un control hasta 1998, cuando ya fue inevitable asistir a diálisis tres días a la semana.
Muñoz, cuya insuficiencia renal fue causada por la hipertensión arterial, no pierde la esperanza de que le sea trasplantado un riñón y así tener una mejor calidad de vida. Unos 600 pacientes con insuficiencia renal o trasplantados están registrados en la CSS. De este total, alrededor de 200 corresponden a personas con riñones donados y el resto a pacientes de hemodiálisis o diálisis peritoneal.
La CSS invierte en la vida de todos ellos unos B/.8 millones anuales, lo que en promedio suma unos mil balboas mensuales por persona en medicamentos para evitar el rechazo del riñón donado, mientras que un solo paciente de hemodiálisis representa una inversión de B/.25 mil a B/.35 mil anuales.
Actualmente hay unos 80 pacientes en lista de espera para trasplante de riñón de donante cadavérico. De los pacientes trasplantados en Panamá, alrededor de 146 fueron operados en el país, el resto en el extranjero (la gran mayoría en Cali, Colombia).
Se puede decir que la CSS ha invertido entre B/.18 mil y 20 mil por cada trasplante promedio, es decir, alrededor de B/.1 millón.
Desde 1990 se empezaron a hacer en esa institución hospitalaria trasplantes de riñón de donantes vivos relacionados.
Según el presidente de la Asociación Nacional de Pacientes con Insuficiencia Renal Crónica y Familiares (ANPIRCF), Pedro Vargas, en esos primeros años se hicieron pocos trasplantes de donantes vivos por la "dificultad" en la coordinación entre los médicos, a lo que se sumaron los celos profesionales.
"No es hasta 1995 cuando los doctores, junto con los pacientes, impulsaron la creación de la Ley de Trasplante Donante Cadavérico que regula la actividad en el ámbito legislativo", declaró Vargas a este medio.
A partir de 1998, tras la presión de un grupo de pacientes para que se cumpliera esa ley, se iniciaron los trasplantes de riñón de donante cadavérico en Panamá, aunque para esa fecha ya se hacían trasplantes de esta naturaleza en el exterior.
Agregó que la CSS está rescatando donantes del área de Chiriquí, Chitré y del Complejo Hospitalario Metropolitano (CHM), mas no del Hospital Santo Tomás, que "es el que se piensa será el mayor proveedor de donantes debido a la gran cantidad de personas que fallecen allí por diversos tipos de traumatismos".
Miembros de la ANPIRCF se reunieron recientemente con las autoridades de la CSS para solicitarles la apertura de la Unidad Renal de Aguadulce y la del Hospital San Judas Tadeo en Villa Lucre, en San Miguelito.
Los trasplantes de riñón en Panamá se hacen en la CSS, ya que en las clínicas privadas la operación es muy costosa y sólo pueden sufragarla quienes cuentan con una póliza de seguro.
La Unidad de Trasplante en la CSS la conforman nefrólogos, anestesiólogos y urólogos. Estos últimos son los que efectúan las operaciones.
En promedio, la edad de los pacientes con insuficiencia renal oscila entre los 40 y 50 años, aunque hay registrados muchos jóvenes.
Las enfermedades más comunes que causan insuficiencia renal crónica son: la glomeronefritis (daño del riñón por una infección de la garganta o resfriado mal cuidado), el riñón poliquístico (con varios quistes, que es una de las enfermedades hereditarias), la hipertensión arterial y la diabetes.
Cuando los dos riñones del paciente no funcionan es necesario hacer el trasplante, mientras tanto, debe someterse a hemodiálisis o diálisis peritoneal.
La hemodiálisis sustituye la función del riñón por una función parecida para limpiar la sangre a través de un filtro que la purifica, mientras que la diálisis peritoneal es un proceso parecido, pero que el paciente puede realizar en su casa.
Los trasplantes también tienen algunas limitaciones. Las estadísticas reflejan que un 95% es exitoso, pero en algunos casos el paciente pierde el riñón por el rechazo del cuerpo al órgano donado.
Cuando se trasplanta un riñón éste puede durar hasta 25 años, en otros solamente 5, por lo que el paciente debe someterse nuevamente a la diálisis, aunque otros no pueden optar por otra operación. La coordinadora de Trasplantes del Complejo Hospitalario Metropolitano de la CSS, Edilsa Pittí, explicó que en esta materia interviene la sociedad en general.
"Sobre todo, cuando hablamos del trasplante cadavérico, es la sociedad con sus donaciones la que hace posible los trasplantes", dijo Pittí a El Panamá América.
Añadió que los donantes potenciales son aquellas personas que fallecen por muerte encefálica en los hospitales, es decir, que su cerebro se ha deteriorado pero que sus órganos vitales se pueden mantener en buen estado a través de aparatos y hacerlos viables para trasplantes.
Según Pittí, España es el país que ocupa el primer lugar en cuanto al número de trasplantes realizados, por lo que muchos países latinoamericanos han adoptado el modelo y las técnicas para este tipo de operación, incluyendo Panamá.
A su juicio, el problema en Panamá es que no se ha trasplantado a ningún paciente no asegurado, por lo que espera que un convenio en ese sentido entre la CSS y el Ministerio de Salud sea pronto una realidad.
"Consideramos que una vez eso ocurra, definitivamente la meta sería el Hospital Santo Tomás, donde se desarrollarían las unidades de coordinación adecuadas, ya que en esa entidad médica pública se están perdiendo órganos que podrían salvar la vida a otros panameños", puntualizó Pittí. Según Edgar Figueroa, vicepresidente del Comité Nacional del Trasplante, en Panamá se está tratando de adoptar una política o plan nacional de trasplante "donde la figura del coordinador es primordial para la captación de los donantes cadavéricos".
Sostuvo que los países desarrollados tienen cada día más donación cadavérica y menos donación de donantes vivos relacionados.
"El concepto moderno es tratar de que el donante cadavérico sea multiorgánico, es decir, que por lo menos se favorezcan cinco enfermos terminales, de los cuales dos serían para pacientes de transplante renal, uno para transplante hepático, otro para caso cardíaco y el último para el reemplazo de pulmón o intestinos", subrayó Figueroa.
También consideró que a corto plazo Panamá podrá iniciar los trasplantes de corazón y posteriormente de hígado.
Sobre el hecho de que no se estén obteniendo órganos cadavéricos del Hospital Santo Tomás, Figueroa indicó que "no es un asunto fácil, ni un camino de rosas, por lo tanto, se necesita de entrenamiento, una docencia dirigida al personal del hospital y la sociedad en general para que estos programas sigan adelante".
Añadió que actualmente hay seis urólogos en todo el país que están entrenados en trasplante, a los que el Comité Nacional de Transplante ha expedido su certificación como especialistas en la materia.
Informó que ya hay médicos especialistas entrenados en trasplantes cardíacos y están por entrenarse otros en trasplante hepático.
Este organismo mantiene una permanente labor de información para que la donación de órganos deje de ser un tabú en muchos sectores de la sociedad panameña.
Cualquier persona sana, mayor de 18 años, puede ser donante de sus órganos y tejidos al momento de finalizar su vida. El cónyuge o familiar más cercano, según la ley, son los únicos que pueden autorizar dicha donación.
Actualmente pueden donarse cerca de 25 órganos y tejidos para ser trasplantados. Los órganos vitales incluyen el corazón, pulmones, riñones, hígado y el páncreas, mientras que entre los tejidos figuran córneas, huesos, piel, tendones, venas, las válvulas del corazón y médula ósea.
En vida se puede donar a un familiar riñón, algunas partes de hígado, pulmón o médula ósea. En ningún caso existen preferencias. Los familiares del donante no pueden elegir al receptor del órgano. Además, ni el hospital, ni los familiares del donante pueden cobrar por la donación. Esto se considera un delito muy grave.
La extracción de órganos sólo se puede realizar en un hospital donde ha ocurrido el fallecimiento, se hayan realizado todas las comprobaciones de muerte cerebral exigidas por la ley, y se solicite a la familia la autorización para efectuar la cirugía.
La donación no ocasionará gastos a la familia del fallecido. Como cualquier operación, no causa deformidad en el cuerpo y no impide los trámites funerarios normales. Después de la donación, la vida del donante vivo relacionado será tan sana y plena como siempre. Si la mujer es donante o receptora, podrá tener hijos y si es varón, podrá engendrarlos, al igual que hacer deporte, trabajo y actividades acostumbradas.
El trasplante de riñón ayudará al paciente a filtrar la sangre y eliminar las sustancias tóxicas que se encuentran acumuladas en el cuerpo, así como mantener el equilibrio del agua del cuerpo, regulando la presión arterial y la formación de glóbulos rojos.
Tras la cirugía, el paciente tendrá que tomar medicamentos para conservar el riñón trasplantado, de forma tal que el sistema de defensa de su cuerpo no ataque el injerto.
Entre los medicamentos suministrados para esta terapia, los cuales deben ser controlados por un especialista y no suspenderse de forma abrupta, están la azathioprina o inmuran (tabletas), prednisona-corticoide (tabletas), ciclosporina-sandimun (cápsulas).
El paciente trasplantado debe tener una dieta balanceada para el buen funcionamiento del riñón. Puede comer diariamente aves (pollo, gallina, pavo, paloma), marisco (pescados, camarón, langostino, pulpo), alimentos que deben ser previamente hervidos y sazonados con ingredientes naturales (ajo, ajíes, cebolla, apio, culantro, perejil, orégano).
También puede consumir legumbres, vegetales, verduras, leche y queso descremados y todas las frutas que quiera.
En ocasiones el paciente trasplantado puede comer carne de res sin grasa, granos y cereales (arroz, pastas, pan y frijoles), azúcares (dulces, golosina, helados y jugos).
Los alimentos que no puede consumir son las grasas (puercos, aceites, mantequilla), vísceras (corazón, hígados, mollejas, mondongo, pajarilla, bofe), embutidos (salchicha, jamón, tocino, salami), productos enlatados y sazonados con preservativos, bebidas alcohólicas ni sal en grandes cantidades.