Nación

Mejoran los días en Darién

La recuperación de las áreas afectadas por las recientes inundaciones tomará al menos ocho meses.


ALGUIEN DIJO una vez que la pobreza de Darién es histórica. Cierto o no, lo que es indiscutible es que una vez más la naturaleza les cobró por lo que nunca han llegado a tener: mínimas condiciones de vida.
El cobrador inclemente fue la fuerte corriente del río. Llegó sin avisar y se llevó cuanto pudo, lo que no, está inservible, como el puesto de salud de El Salto.
Sin embargo, los darienitas parecen haber decidido no dar tregua a las penas.
Se respira un aire esperanzador. Están trabajando por recuperarse.
En Peña Bijagual, por ejemplo, un grupo de indígenas decidió no quedarse a sólo esperar la comida que les proveerá el Gobierno.
Allá se vendía alimento seco y artesanías hasta que sucedió la tragedia.
Ellos quieren volver a la vida de antes cuando con su propio sustento, daban de comer a los suyos.
Así lo dijo Floritza Guaynora de Rosales a Panamá América.
Esta mujer, de unos 40 años, preside la "Sociedad de Damas Organizadas de Peña Bijagual".
Son 15 mujeres que comercian todo lo que se pueda con un solo propósito: "ayudar a nuestros maridos".
Pero, hoy tienen sobradas razones para hacerlo.
Después de las inundaciones, la economía, que dicho sea de paso no era la más productiva, quedó en cero.
Al morirse las gallinas, los puercos y perderse gran parte de los sembradíos, las cosas se complicaron en las 31 comunidades afectadas, varias de ellas indígenas.
Y es que en estas remotas regiones no hay espacio para salir a protestar y cerrar las calles. Se sufre en silencio.
Pero, Guaynora sintió este lunes la oportunidad ideal para alzar la voz ante las autoridades, como pocas veces pueden y pedir.
Fue una petición particular. En una hoja de cuaderno con una letra al mejor estilo de los libros de caligrafía en tinta azul le hicieron saber a Juan Carlos Brin, director regional del Fondo de Inversión Social (FIS) en Darién que necesitan bloques, cemento, zinc, cerraduras para la "nueva tienda".
Guaynora había guardado la nota en su paruma, (falda típica de las indígenas emberá ) a la altura de la cintura.
Sin mucho preámbulo se levantó la blusa y se la entregó a Brin, quien la recibió y prometió estudiarla.
La tienda, como ellos le llaman, estaba habilitada para vender collares, envases y artesanías típicas de los indígenas emberá - wounaán, así como alimentos.
Ofelina Rosales, otra de las socias, comentó tambíén que lo que buscan es "sacar alguito para vivir".
Todo aquello surgió en medio de la entrega de las bolsas de comida por parte del Sistema Nacional de Protección Civil, el Despacho de la Primera Dama y el FIS.
Hubo bailes tradicionales, gestos de agradecimiento y la promesa de los indígenas de no dejarse morir, al fin y al cabo así ha sido siempre.


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179167
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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