El Panamá América (EPA) visitó junto con personal del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), los centros de Custodia y Cumplimiento para menores infractores.
Con el ímpetu que los caracteriza pero en forma muy respetuosa, los jóvenes dieron sus testimonios y manifestaron sus inquietudes.
La mayoría, desde las rejas, admite que cometió un error y que debe pagar por eso. No obstante, el clamor general es que se les dé oportunidades de educación y trabajo.
Los que están en otra fase en el programa de resocialización, son un ejemplo de que necesitan apoyo para superar las consecuencias de una vida errada a la que los ha empujado el desamor y la falta de atención y comunicación con sus padres.
Uno de ellos, con una hilera de impresionantes dientes rectos y blancos, ha logrado resocializarse y sigue la carrera universitaria de Técnico en Computadoras.
Dice que a fuerza de voluntad y cooperación está recuperado el tiempo perdido.
Otro, con ojos vivaces y zapatillas marcadas por el lodo impregnado en el campo de fútbol, cuenta que pronto hará su examen de admisión para estudiar Derecho.
No importa el delito que hayan cometido, todos reclaman atención. A continuación sus impresiones.
EPA: ¿Qué está fallando? ¿Por qué los jóvenes transgreden la ley?
JOVEN: Los padres se confían mucho. Nosotros vemos que nos sueltan las riendas y andamos haciendo muchas fechorías. ¿Usted me entiende? Se descuidan mucho. Los últimos que se dan cuenta de en qué andamos, son nuestros padres. La sociedad nos tiene mal vistos por haber vivido la vida errada.
Esta es la primera vez que caigo, pero he reflexionado y he abierto los ojos. Hay que tener comunicación con los padres y yo no la tenía. Hacía lo que me daba la gana. Aunque estoy aquí, doy gracias a Dios porque todavía puedo respirar y abrir los ojos, como muchos ya no lo hacen porque están bajo tierra.
Imagínese si su mamá y su papá cogen drogas, entonces quién nos va a alimentar. Por nuestra mala cabeza robamos; hay gente que cuando uno se pone a pedir plata hacen pasar pena. ¿Usted se imagina lo que es que le digan en su cara que es un muerto de hambre?
Y vino la pregunta del momento. ¿Qué opinan del proyecto de la presidenta Mireya Moscoso para aumentarle la pena a los menores?
Era una celda preventiva donde había tres jóvenes. Todos querían hablar. Queda en evidencia que están bien informados.
JOVENES: Por una parte es bueno para bajar la violencia. Pero esto aquí no está completo. Está bien el castigo, pero aquí con una pena normal la comida y atención no es la adecuada. La comida a veces está salada, tiene mucho carbonato, el arroz está aguachado. No dejan pasar la comida que nos traen.
A veces no lo queremos hacer (delinquir) pero el ambiente nos lleva a eso.
Aquí estamos perdiendo el tiempo. Uno no está aquí porque quiere. No hay trabajo ni oportunidades.
¿Usted cree que una condena hace cambiar a un menor en la calle? Hay padres de familia que tampoco pueden correr con los gastos de uno porque no tienen trabajo.
Si no hay nada para nosotros, ¿cómo quieren que uno cambie?. Queremos cambiar y si van a condenarlo a uno que sea con trabajo para no estar todo el tiempo preso y preso, porque uno no cambia con eso.
Uno va (a los centros) con mentalidad de cambiar pero siempre hay un liso que porque te ve tranquilo cree que uno es ahue... y te va a buscar problema; y uno no está para dejarse y hay que proceder.
Muchos tienen tatuajes. Uno de ellos tiene sobre el antebrazo al Nazareno, muy bien tallado y con la corona de espinas, como si hubiese tenido la premonición del calvario que le esperaba.
EPA: ¿Es difícil salirse de una pandilla?
El que responde es un joven de 16 años que cursaba el cuarto año.
JOVEN: Es fácil salirse de una pandilla. Esa vida no es buena. Hay rituales para entrar, porque hay que robar, halar el gatillo y hasta matar.
Pero no es vida andar con un revólver en la cintura mirando para todos lados para ver quién te anda buscando o quién te va a matar.
A mí por ejemplo me han estropeado la vida. Me han dado bien duro.
El drama que muchos jóvenes han vivido en la calle y en sus hogares, los persigue. Aunque parezca insólito, sus padres los han visitado para llevarles droga o seguetas para que rompan los barrotes.
Dentro de apetitosas albóndigas, se ha encontrado droga. Dentro de envases de bebidas grandes han intentado pasarles objetos peligrosos.
Cuando se le llamó la atención, un padre de familia dijo que poco le importaba la suerte de su hijo porque ya tenía dos más detenidos.
Hay 12 casos de padres a los que se trata de localizar para que vayan a ver a sus hijos.
Algunos expresan lo que sienten: "No quiero saber de ese des... Que se muera".
Hay un joven de 15 años con tres balazos en su cuerpo que reclamaba la presencia de su "mujer".
Cuando se averiguó, el hallazgo fue para quedarse frío. Se trata de una mujer de 30 años con la que ya tiene un hijo y hay otro en camino.
En el Centro de Cumplimiento, donde se encuentran las jóvenes, hay una de ellas menunita y de baja estatura. Nadie podría imaginar que a sus escasos 16 años, tiene ya un hijo de escasos dos años y otro en el vientre.
No se le nota el vientre abultado, quizás porque su cuerpo es demasiado frágil..
Se le ve serena y más que eso, inocente.
Alquien preguntó: ¿Qué podrá enseñarle a un hijo, una niña que ni quiera sabe conducir su vida?
Este drama social, con múltiples réplicas en la calle, es grave.