Nación

Migración a la capital alcanza el 77%

Muchos interioranos dejan atrás sus ranchos para vivir en casas brujas en la capital.


Ante la ausencia de empleo, educación, atención médica y servicios públicos dignos en las áreas rurales, a los interioranos no les queda otra opción que partir rumbo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida. Información estadística de la Contraloría General de la República revela que las migraciones desde las provincias hasta la capital se incrementan en un 77% cada cinco años.
Al respecto, la ex directora del Instituto de Estudios Nacionales (IDEN) de la Universidad de Panamá, Carmen Miró, explicó que las migraciones no son normales y deben entenderse como un indicio de que hay problemas donde salen los emigrantes, y también causan problemas al lugar donde van. "Si ellos tuvieran empleos y expectativas de vida favorables, no se fueran a ninguna parte", añadió Miró.
De acuerdo con la información estadística de la Contraloría, las migraciones hacia la provincia de Panamá han aumentado, principalmente después de 1990. Hasta 1989, las personas que habían cambiado su residencia del interior a la provincia de Panamá, eran 132,571, las que contribuyeron a que la población en la capital aumentara a 1,055,731 en el año 1990.
Entre los años 1990 y 1995, un total de 59,115 panameños emigraron hacia la capital, mientras que, de 1996 al año 2000, este movimiento migratorio fue de unas 104,801 personas.
De manera que las migraciones hacia la capital, entre los años 1996 y 2000, aumentaron en un 77%, en comparación con el lustro inmediatamente anterior. Cabe señalar que el 22% de las personas que emigraron hacia la capital entre 1990 y 2000, procede de la provincia de Veraguas; 21.6% de Chiriquí, 16% de Coclé, 9% de Colón y 8.2% de Darién. En tanto, un 8% de las personas que cambiaron su residencia del interior a la provincia de Panamá procede de Los Santos; un 7.1% de Herrera, un 5.5% de las comarcas indígenas y apenas un 2.5% de Bocas del Toro.
Un 30% de los panameños residentes en la capital nacieron en el interior del país, según se desprende de los resultados del censo del año 2000. Es decir, de los 1,328,080 panameños que fueron empadronados en la capital, 387,979 habían nacido fuera de la provincia de Panamá.
Para el presidente del Centro de Estudios y Acción Social Panameño (CEASPA) y sociólogo, Raúl Leis, el alto porcentaje de interioranos residente en la provincia de Panamá debe interpretarse como el traslado masivo de personas en busca de mejores expectativas para sus vidas. Es que la situación de atraso en el campo y en áreas indígenas -que ha resultado muy similar a las condiciones de los países más pobres de África- es la principal causas para que campesinos emigren hacia la capital, recalcó.
De acuerdo con el último informe que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) preparó sobre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en Panamá, todas las comarcas indígenas tienen condiciones de vida tan malas como los países más atrasados del mundo. Y la situación no es muy diferente en la mayoría de las provincias del interior, en las que el IDH es casi igual al de países marginados de Africa o el Medio Oriente.
Hace seis años Francisco Pineda dejó el rancho en Tolé, provincia de Chiriquí, y salió rumbo a la capital, con la esperanza de mejorar su situación y la de su familia. "Lo único que hacía allá era sembrar yuca, arroz y maíz pa" comé entre nosotros... no había otro trabajo pa" hacé, y pa" que los hijos fueran a la escuela o había que caminá mucho... la cosa ta" difícil allá", relató Francisco, cuando se le preguntó sobre las razones de su viaje a la capital. Ya en la ciudad, el joven campesino logró un empleo limpiando en un restaurante.
Al poco tiempo consiguió ubicarse en un pequeño terreno -invadido por precaristas- en las faldas del cerro Tinajita, en San Miguelito. Precisamente, en esa comunidad llamada "La Esperanza", Fernando improvisó una casa con hojas de zinc y allí reside actualmente con su familia.
Y a pesar de que perdió el empleo, Fernando no deja "La Esperanza". El está resuelto a quedarse en la capital, principalmente porque sus hijas podrán asistir a una escuela próxima, y tiene todo cerca, incluyendo el centro de salud, al cual eventualmente lleva a sus pequeñas. Ahora hasta el padre de Fernando, Juan de Dios Pascasio Pineda, vive en la capital. Aunque en una "casa bruja" de la capital, Fernando se siente más cómodo que en el también precario rancho "toleeño". Cuando experiencias como la de Fernando y su familia se repiten hasta convertirse en la generalidad de los casos, el fenómeno migratorio está dando como resultado la transferencia de la pobreza rural a la pobreza urbana, explicó el presidente del CEASPA, Raúl Leis.
La mayoría de los emigrantes sale del interior para buscar en la ciudad lo que en el campo no existe. Salen en busca de un empleo más productivo o en busca de mejor educación para ellos o sus hijos... principalmente son jóvenes en busca de una vida que puede ser mejor, añadió el sociólogo. Posiblemente pueden ser aquéllos entre 20 y 34 años que constituyeron, entre los años 1990 y 2000, un 42.5% de los emigrantes.
Sin embargo, otros salen simplemente para lograr mejores niveles de consumo, pues los medios de comunicación difunden una imagen de lo que se puede encontrar en la capital, de manera que los campesinos ven a la ciudad como lo avanzado, lo tecnológico y donde existen las oportunidades.
No obstante, Leis aclaró que no necesariamente deben ser catalogados emigrantes las personas provenientes del interior de sectores socioeconómicos medios o altos, porque son gente que tienen recursos y pueden regresar a su lugar de origen cuando quieren.
También hay un segmento importante de los emigrantes interioranos con buenos niveles de educación que consiguen insertarse aceptablemente en la ciudad, pues muchos siguen estudios superiores y otros logran empleos bien remunerados, o ambas cosas.
Pero una vez que el real emigrante interiorano, que llega a la ciudad en busca de algo mejor, generalmente se inserta en el sector informal y comienza a vender en las calles, trabaja en la construcción, como obrero no calificado, o limpiando jardines. Las mujeres laboran frecuentemente como domésticas. La mayoría de estos emigrantes lamentablemente no hace más que pasar del rancho interiorano a la barriada bruja capitalina, o a la casa de inquilinato, dijo. En el cuadro expuesto por Leis encaja perfectamente la experiencia de Ester Camarena y su familia, quien actualmente también vive en el sector de "La Esperanza", en las faldas del cerro Tinajita.
Ella salió de Cañazas, provincia de Veraguas, en 1974, rumbo a la ciudad, donde casi de inmediato consiguió trabajo como doméstica. Carmen ahorró para traer a su esposo, Jesús Mendoza, y a su pequeño hijo. Ahora, ella tiene seis hijos, y la más pequeña este año espera ser la primera en la familia en graduarse de primer ciclo.
El presidente del Centro de Estudios y Acción Social Panameño explicó que, al emigrar a la ciudad, el campesino sacrifica una serie de ventajas que tenía en el interior. De seguro que muchos piensan: "sé que voy a pasar trabajo en la ciudad" y esto es cierto, arguyó Leis. Al pisar la ciudad ya están en un medio ambiente contaminado, un lugar inseguro, por la gran cantidad de actos violentos que se cometen. Y las familias del campo que parten hacia la ciudad aumentan sus posibilidades de que se disuelva ese hogar, lo cual difícilmente ocurre allá en el campo, dijo el sociólogo. A esto hay que añadir que muchos son víctimas de maltrato laboral.
Pero además de pasarla mal, generalmente el emigrante interiorano mejora en algo su condición. Ya en la capital, se encuentra que la escuela está a cinco minutos en bus, tiene un centro de salud cerca, aunque casi siempre en condiciones de hacinamiento; también puede conseguir un "camarón". En su gran mayoría encuentra una mejoría, que no necesariamente lo saca de la pobreza, pero comparativamente con las expectativas de vida que tenía antes, siente que tiene algunas oportunidades que no tenía en el campo, anotó.
No obstante, el sociólogo explicó que hay un grupo de emigrantes que logra mejores oportunidades, ese es el "exitoso". Este va generando una capacidad de inserción, estudia, logra trabajos más estables, mejor remunerados y se va adaptando fácilmente a la ciudad, comentó.
Asimismo, Raúl Leis mencionó otros tipos de migración como la "urbana-urbana", que las personas que viven en ciudades del interior y viajan a la capital. Mencionó también a los residentes de pequeños poblados muy apartados que emigran hacia la cabecera de su respectiva provincia
Igualmente, indicó que hay una parte de emigrantes, oriunda de las provincias centrales, que no va a las ciudades, sino a otras áreas rurales no colonizadas a efectuar actividades agropecuarias. Esta -generalmente proveniente de Azuero- impacta mucho las áreas silvestres, es lo que llamamos "frontera agrícola".
Está claro que las migraciones son un resultado de la insatisfacción de las personas con las condiciones de vida existentes en los lugares donde residen. Por lo cual se hace necesario el establecimiento de un "proceso de transformación rural", sostuvo Leis.
El campesino debe tener acceso a tecnología para producir rubros no tradicionales, los cuales tienen más demanda. El propósito es sencillo: que el productor tenga más ganancias sobre lo que produce. También es necesario un proceso de dotación de infraestructura, es decir, construcción de caminos para que a su vez pueda sacar los productos. Estas infraestructuras incluyen la construcción de colegios y centros de salud, con el respectivo personal.
Por otro lado, es imprescindible un programa de titulación de tierras y redistribución de terrenos disponibles a los campesinos que tienen muy pocas, o tienen algunas de muy mala calidad. Además, Leis mencionó la necesidad de programas de crédito que verdaderamente le lleguen al productor pobre.
Todo esto debe estar acompañado de un plan para descentralizar, lo cual incluye la iniciativa de una carrera administrativa para el funcionario público municipal en el interior. También hay que darle más recursos a los municipios interioranos para que puedan generar riquezas, y gestionar obras sociales como construcción de escuelas y calles, apuntó.
Pero nada de esto es posible, si no se cambia el modelo de desarrollo económico en el país. Es urgente que se ponga en práctica un modelo con más equidad porque... para hablar de mejorar la situación del campo hay que combatir la pobreza, no sólo porque causa migración, sino hambre y desesperación, y eso se puede transferir a todo el país pronto, expresó.
Este proceso de transformación rural debe ir acompañado de medidas para combatir la corrupción, para que los recursos que se destinen al campo no se desvíen y lleguen a donde tienen que ir, indicó el presidente del CEASPA. No es que Panamá va a ser un país agrícola, pero eso no quiere decir que el campo debe estar abandonado, concluyó.
Personas que emigraron hacia la capital por lugar de procedencia, entre los años 1990 y 2000.
Provincia Emigrantes hacia la capital Porcentaje
Bocas del Toro

4,140

2.5%

Coclé

26,499

16.%

Colón

14,153

9%

Chiriquí

35,534

21.6%

Darién

13,512

8.2%

Herrera

11,754

7.1%

Los Santos

13,085

8%

Veraguas

36,062

22%

Áreas indígenas

8,987

5.5%

No declarada

190

0.1%

Totales

163,916

100%


fecha edicion
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88310
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América