Sus rostros denotaban cansancio, tristeza, pero, además, la satisfacción de haber cumplido en la búsqueda y el rescate de afectados por el terremoto de 7.3 grados que sacudió a Haití, el pasado 12 de enero.
A las 8:36 de la mañana de ayer, el vuelo 4-47 arribó al Aeropuerto Internacional de Tocumen con la delegación de panameños, entre rescatistas y periodistas que heroicamente realizaron labores de búsqueda en medio de un país en ruinas.
Las múltiples imágenes desgarradoras fueron recordadas. Los llantos intensos de niños con heridas y otros muriendo de hambre, los miles de cadáveres debajo de los escombros, volvieron a la mente de estos panameños.
“Las situaciones eran tristes, pero nos llevamos la satisfacción de poder rescatar vidas con la ayuda de la canina Diamante", relató Heriberto Chávez, jefe de la delegación de rescatistas del SINAPROC.
Sin embargo, el no poder ayudar a más personas dejó una sensación de impotencia, afirmó el mayor Gabriel Lizaso, del Cuerpo de Bomberos de Panamá.
Por otro lado, la labor periodística de los reporteros fue más allá de una simple cobertura, regresaron impactados, conmovidos y algunos con padecimientos.
“Las escenas dramáticas de niños y adultos pidiendo qué comer estaban donde detenían sus miradas”, relató Jesús Simmons, periodista de EPASA.
El reportero reveló que a pesar del riesgo y a escondidas de las autoridades les entregó botellas de agua a algunos afectados.
Los 32 panameños fueron evaluados por médicos y psicólogos del Ministerio de Salud y les hicieron la prueba del VIH.
El director del SINAPROC, Arturo Alvarado, dijo estar complacido con la labor de la delegación y aseguró que el martes viajará un grupo de médicos a Haití y se enviarán 46 toneladas de comida.