Nación

Moscoso: de frente contra los medios


Cuando en 1999, Mireya Elisa Moscoso Rodríguez se alzó victoriosa en las elecciones presidenciales del 2 de mayo, con el 44,9% de los votos ya había empeñado su palabra frente a los panameños más humildes. Nada distinto al resto de las agendas de los candidatos presidenciales, los de antes y los que han de seguirle.
Caminó y recorrió cada punto en la geografía nacional prometiendo: "trabajaremos juntos por Panamá". ¿Fue así?.
Se va cargando en sus espaldas duras críticas de diversos sectores, desde desatender sus compromisos como jefa del Ejecutivo hasta solapar la corrupción a lo interno de su Gobierno.
Lo cierto es que no cabe duda de que fue una época polémica la que enfrentó la primera mujer presidente de Panamá.
A pocos meses del miércoles 1 de septiembre, cuando pronunció en el Estadio Nacional su discurso de toma de posesión, arrancaron las fricciones, y una vez más, los medios de comunicación social y los periodistas fueron blanco del ataque.
Moscoso parecía vaticinar lo que venía. Habló muy breve sobre libertad de expresión. Se limitó a decir: "promoveremos el respeto invariable a la pluralidad de criterios, a los derechos de las minorías y al pleno ejercicio de las garantías individuales y sociales" y ¿la prensa?... "ofreceremos seguridades específicas para el ejercicio pleno de la libertad de expresión".
Y es que una cosa es aspirar a la presidencia y otra muy distinta ser presidente de la República. El discurso ahora era menos comprometedor.
Mireya Moscoso, quien abandonará el Palacio de Las Garzas a sus 58 años, desafió y retó no sólo a sus adversarios políticos, sino también a los medios impresos, con quienes generalmente fue el roce.
Carlos Ernesto González de la Lastra, quien fungió como director del desaparecido diario El Universal, la culpó de su renuncia al cargo. "Su intromisión (en alusión a la Mandataria), es una clara señal del peligro que se avecina sobre los medios que no comparten la política gubernamental".
Moscoso, por su parte, negó categóricamente haber ejercido presión alguna, sin embargo, una posterior declaración pública en el interior del país permitió traslucir a una presidenta encorajada por el trato de la prensa.
En Soná de Veraguas, con el tono pasivo que caracterizó sus intervenciones, aprovechó para asegurar que "los medios de comunicación" la estaban "presionando" para que ella efectuara cambios en su Gabinete.
A su salida, González de La Lastra advirtió que su descontento lo llevaría ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). No hacía falta, los ojos del mundo observaban con detenimiento la actuación de la líder arnulfista.
Un editorial de la revista Editor and Publisher la criticó severamente.
"El Gobierno panameño ha dado enfurecedoras vueltas en U que tendrán el resultado de mantener a los ciudadanos en la ignorancia y de encarcelar a los periodistas por lo que escriben".
La organización internacional Reportero Sin Fronteras coincidiría tres meses después con lo expresado por la publicación norteamericana y fue aún más enérgica: el 20 de diciembre de 1999, la presidenta Mireya Moscoso ratificó la Ley 55 que derogaba las leyes 11 y 68, conocidas como leyes mordaza, heredadas de la dictadura (1968-1990), no obstante, se trata de una derogación parcial, pues siguen vigentes las leyes que prevén penas de prisión por desacato y calumnia e injuria.
Una delegación de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, el Consejo Nacional de Periodismo, el Colegio de Periodistas, el Sindicato de Periodistas, La Asociación Mundial de Periódicos (WAN, por sus siglas en inglés), que agrupa a más de 17 mil publicaciones en 93 países, estuvieron de acuerdo en que la libertad de prensa estaba en serios apuros.
Pero, lo de sexo débil que se atribuye con facilidad a las féminas no cobró valor en la persona de Mireya Moscoso.
Muy a menudo se describe a una mujer con entereza y con mucha astucia política cuya habilidad no va acorde con su frágil imagen.
Los estadistas son conscientes de que los medios de comunicación son su vehículo de divulgación, un as que pueden jugarse en el momento más indicado.
A casi dos años de haber asumido el poder, sacó su bandera blanca, la ondeó y dijo en Azuero: "yo nunca he sido enemiga de la prensa, yo creo en la democracia y he ayudado a fortalecerla".
Fue cuestión de días, tal vez semanas, porque las diferencias Moscoso- periodistas siguieron siendo del diario vivir desde 1999 a la fecha.
Hace sólo unos días fue la más reciente de éstas, cuando la Mandataria sostuvo con el más claro sarcasmo: "Usted cree que me importa lo que diga La Prensa", aludiendo a una publicación del diario.
Deja la silla presidencial en medio de una relación no tan cordial con quienes divulgaron su labor.
Los acusó de "morbosos" y hasta los responsabilizó por la caída de su popularidad.
A su salida, el fantasma de la corrupción, un 42% de pobreza en casi tres millones de habitantes y la desocupación en un 14% no se despidió, sigue allí y como es de esperarse, sus detractores se encargarán de recordárselo.
"Creemos en la libertad de expresión y sabemos que hay algunas "leyes mordaza" que hay que revisar y en eso estamos, pero queremos desearle un feliz día a todos los periodistas".
"Cómo no vamos a bajar (en las encuestas) si los medios de comunicación tienen un mes de estar haciendo campaña contra el Gobierno".
"Soy la presidenta de todos los panameños y tenemos que ayudar a todos, pero los arnulfistas son especiales".
"Yo no endeudé el país con 2 mil millones de dólares más, yo no fui tampoco la que privatice las instituciones en este país, que provocaron que hoy el pueblo panameño esté pagando cara la luz y el teléfono".
"Ustedes (los medios de comunicación) dicen lo que quieren, no, ya ven que todos los días lo están diciendo y nadie les dice nada". "Los medios venden morbo".


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152205
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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