“Me parece una buena vacación por parte de la presidenta y los funcionarios del gobierno que quieran, entre sus últimos viajes, visitar Mónaco y no es de extrañarse que después quieran ir a Nueva York, a obras de teatro y a restaurantes lujosos”, sostuvo.
Vaticinó que durante los últimos meses que le restan al gobierno arnulfista en el poder, se realizarán una serie de nuevos viajes que no generarán ningún beneficio a la comunidad, pero sí “bastante diversión para muchos integrantes del gobierno”.
Torrijos expresó que Mónaco no tiene ningún significado económico o potencial de inversión para nuestro país, por lo que enfatizó que este viaje fue únicamente de turismo.
Mientras que el expresidente Ernesto Pérez Balladares consideró que este viaje sólo fue de placer.
“El único acuerdo fue que llevando un circo a Mónaco recibiremos otro”, dijo.
Las declaraciones de Torrijos y Pérez Balladares tuvieron su reacción inmediata. El segundo vicepresidente Dominador Kaiser Bazán, deploró estos comentarios y dijo que el viaje de la presidenta Moscoso fue para promover turísticamente a Panamá.
“Yo le pregunto al señor Martín Torrijos qué medidas tomará para mejorar el turismo de este país, y que se deje de críticas motivadas por la campaña política”, señaló.
Dijo que estos viajes no son de despedida, porque este periodo concluye el 1 de septiembre y no ahora.
Los porcentajes son reveladores. Justamente un 95.4% de los grupos vive en pobreza y un 86.4% en pobreza extrema, incluso hay quienes están muy por debajo de este último nivel, según indica el Informe Nacional de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (INDH) del 2002.
Comparten cuadros similares de poca accesibilidad, carencia de servicios básicos, desnutrición y elementos adicionales que los alejan considerablemente de niveles aceptables de vida. Se trata, sobre todo, de sobrevivir.
No obstante, en el caso de los emberá - wounaán el acceso por mar, en el caso de las comunidades costeras y de carretera, para las colindantes a la vía a Darién, permite mayor comercialización.
En relación a los ngöbe buglé difiere significativamente. Para estos la economía es de subsistencia, sobre todo en el caso de los localizados en los distritos comarcales de Veraguas, lo que pudo corroborar El Panamá América en un reciente recorrido por la región.
Los emberá se organizan, tal como nos hicieron saber las mujeres. Sus cosechas son colocadas para la venta en diversos puntos de la república. El ngöbe, aunque quisiera, le resulta casi imposible.
Los de Veraguas, por ejemplo, poseen apenas caminos. Ni la doble tracción logra vencerlos.
La propia geografía de la región no es propicia para el comercio. El ngöbe buglé se ve obligado a consumir lo que cosecha y en caso contrario, a casi regalar lo trabajado.
Las penurias de las adversidades les ha restado entusiasmo. Los de esta área comarcal carecen de organizaciones y sus mujeres han aprendido a laborar a la par de sus esposos, pero manteniendo el anonimato que les da su ausencia en la toma de decisiones. Por fortuna, estas etnias divisan a lo lejos una luz en el camino. En sus tierras se han levantado mujeres laboriosas a las que el hombre no ha acallado, así lo resume Jani Canserí.
“Nosotras nos organizamos para ganar lo nuestro porque la vida de los indios es muy dura”. Casiana, por su parte, entiende que “hasta con esposo es muy difícil mantener un hogar”.
Ellas, además, confeccionan chaquiras, mientras ellos se dedican a las artesanías para la venta, tanto consumo local como para turistas.
En Mogue, Yasury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala, explicó que mujeres y hombres comparten el trabajo.
Esta región en particular recibe constantemente la visita de turistas, principalmente de Estados Unidos.
¿La razón?, preguntamos a Yasury, quien sonríe orgullosa y nos muestra los platos con figuras tradicionales tejidos con bejuco y pintados con la tinta de plantas naturales. Señala además las figuras de animales hechas con tagua y las collares de chaquira.
“Al turista le gusta mucho todo esto”, nos dice. Las artesanías, según el tamaño, son vendidas por B/. 5 en adelante.
A los visitantes les atrae además el sitio por ubicarse a dos horas del nido de águilas arpías al que se llega atravesando varias trochas a pie. “Los turistas se enamoran de nuestras tierras”, dijo Juan Mecheche. El tiene su cuota en ello. Es el “arquitecto del hotel de Mogue”, como nos hizo saber.
Es una estructura de piso de madera (cedro espino), el techo es de pencas de un árbol llamado quira y no lleva clavos. Los amarres se hacen con bejuco real, prescindiendo por completo de clavos.
No hay puertas y el aire fresco no debe colarse por las ventanas. Es una obra abierta en su totalidad y la altura a la que se encuentra añade una vista singular del pueblo.
Ellos llaman “tambo” a la instalación y la utilizan como casa cultural y “hotel”, según nos dijo Juan, de 40 años, residente en Llano Bonito, a unas cinco horas de Mogue por río.
Los turistas llegan a hospedarse en este tambo llevando sólo tiendas de campaña o colchonetas. De lo demás se encargan los lugareños. No le es indispensable la energía eléctrica o los teléfonos celulares. Juan asegura que “vienen a convivir con la naturaleza”.
Es hacer turismo, “a nuestra manera”. No se tienen tarifas, el turista aporta lo que cree conveniente, pero el indígena sabe dar siempre su mejor cara. De ello depende que la oportunidad se repita y así ha sido.
Juan no dudó en subirse hasta lo más alto del tambo que aún está en “reparación”, mencionó.
Desde allá precisó que se dedica a estos menesteres desde los 14 años y hoy tiene 42. La dirigencia de Mogue lo hizo viajar allá para que la obra esté terminada lo antes posible.
Los turistas deben seguir llegando y los emberá - wounaán tratarán de hacerlos sentir en casa. Como lo vienen haciendo hace varios años.