Moscoso, en su informe a la Nación, señaló ayer que todavía le queda un año de gobierno, período sumamente valioso para seguir construyendo consensos sobre temas que ya no pueden esperar más, como la Caja de Seguro Social y la modernización de la educación.
La presidenta mostró ayer ante el pleno de la Asamblea Legislativa, "su satisfacción" por los principales logros alcanzados durante los cuatro años que lleva al frente del Estado panameño.
Afirmó que esta es su forma de construir el futuro, al brindar a los panameños la oportunidad de convertirse en seres productivos, no con paternalismo, "no dándoles el pez, sino enseñándoles a pescar".
Destacó que en medio de la crisis que vive la economía mundial, Panamá es uno de los pocos países que ha mantenido un ritmo de crecimiento constante.
Entre sus principales obras mencionó la disminución desnutrición de un 16% que había al iniciar su gestión, a un 11% que hay actualmente, la construcción y reparación de 950 kilómetros de carretera a un costo de B/.482 millones.
Los planteamientos de la mandataria fueron cuestionados por la legisladora Teresita de Arias, del Partido Popular, quien expresó que estas cifras no concuerdan con las que manejan los organismos internacionales y considera difícil que un millón de panameños hayan salido de la pobreza.
Entre las características en que se asemejan estos dos sistemas están:
Se recomienda un carril único y exclusivo para los autobuses con paradas debidamente establecidas en donde no se podrá recoger personas fuera de ellas, e inclusive éstas tendrán una altura suficiente para que las personas no se puedan subir o bajar en cualquier otro lugar.
Funcionaría a través de un sistema de prepago, para que el usuario no pague en efectivo y evitar asaltos contra el conductor.
Se establece, además, que los conductores tendrían un salario que se pagaría por kilómetros recorridos, así como todas sus prestaciones laborales.
Los autobuses tendrían un tiempo perentorio de vida útil y todo aquel que no está dentro de este parámetro saldría del sistema.
Este sistema operaría mediante concesión que dará el Estado para operar y que debe ser por un tiempo perentorio (cinco años renovables) y cuando esta concesión termina, todos pueden participar, situación que la actual ley impide y que traería una mayor competencia y mejor servicio.
Los autobuses dentro de este sistema no podrán llevar música ni vidrios ahumados y deben tener asientos cómodos, a la vez que habrá diferentes servicios de lujo y normal con autobuses expresos y de paradas intermedias.
Con este sistema los buses articulados funcionarían en una arteria principal, apoyados por otros más pequeños que recogerían a las personas en las barriadas y las llevarían a las paradas de la vía principal (buses alimentadores). El usuario, al momento de comprar su pasaje, ya tiene derecho a usar el sistema y no tendrá que volver a pagar cuando aborde los buses principales.
El costo de un sistema de esta naturaleza dependerá de las infraestructuras que tengan que montarse y de la cantidad de autobuses a comprar.
El consorcio brasileño presentó al gobierno una propuesta para dotar a Panamá de un sistema de autobuses articulados con todas las comodidades manteniendo la tarifa de 25 centésimos, con estructura empresarial de una sociedad conformada por los transportistas, quienes conducirán la operación, sin socios y sin la necesidad de requerir subsidios del Gobierno.
Esta oferta, según revelaron representantes del grupo, fue hecha a la medida de Panamá, y se encuentra totalmente lista desde septiembre de 2002, con la cual se podrían atender diariamente a más de 350 mil pasajeros, proyecto que se ejecutaría a través de un financiamiento blando del gobierno de Brasil.
La solución prevé, con la misma inversión inicial, atender la demanda en los próximos 10 años, pese a que ya se cuenta con los proyectos para las ampliaciones, atendiendo otras partes de la ciudad de Panamá.
Se trata, de un paquete "llave en mano" que incluye 54.5 kilómetros de rutas y un costo total real de 130 millones de balboas incluyendo infraestructura, obras civiles, paradas, terminales, equipos, sistemas de operación, así como todo lo relacionado con el entrenamiento, capacitación y apoyo a la gestión de los transportistas por los 10 años de plazo del financiamiento.
Pero tras haber hecho esta propuesta y ante la falta de definición estatal, el Consorcio Centenario se mantendrá a la espera a que el Gobierno otra vez establezca una prioridad para este tema.
De los primeros análisis y observaciones de cómo funciona el sistema, todo parece indicar que el Transmilenio parece ser una buena opción para resolver el problema existente en Panamá.
John Bennet Novey, presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas (APEDE), recomienda el sistema de autobuses rápidos llamado transmilenio como la opción más viable a ser adoptada para resolver el problema del transporte masivo.
La organización, que ha analizado las diferentes opciones, considera que si bien los expertos apuntan a que el tren ligero es mejor, no posee la extensión para llegar a los barrios marginados y las tarifas no serían las más adecuadas para nuestro país.
Este sistema, afirma, tiene una capacidad para movilizar unos 27,000 pasajeros por hora y por dirección, y su costo estaría en los 40 centésimos, valor con el cual el usuario podría cambiar de bus varias veces. Es decir, el tiquete del pasaje sería válido para el bus alimentador que se toma en el barrio y con ese mismo puede cambiar al sistema troncal, incluso hasta cuatro veces.
Explica que el Transmilenio permite diseñar una solución ajustada a las necesidades de la ciudad y perfectamente puede construirse en nuestro país adaptándolo al entorno y realizando algunos cambios.
La diferencia está en que el Transmilenio es menos costoso que otros. Además, permite un esquema de contratación para que muchos de los que hoy son dueños de transporte se vinculen al negocio como socios con nuevas empresas. En Panamá, la única manera de tener sistemas que cubran toda la ciudad en un tiempo relativamente corto es a través de un sistema de autobuses rápidos, afirmó.
Hay quienes tienden a pensar que es el mismo sistema desastroso de buses, pero cuando se ve cómo funciona, como en el caso de Bogotá, no tiene nada que ver con el actual sistema, aclaró Bennet.