"Voy a terminar el hospital antes de irme, porque lo tengo que inaugurar yo; no quiero que lo inaugure otro que no lo prometió y que no dio", expresó ayer, en Chiriquí, la presidenta Mireya Moscoso, al referirse al proyecto del Hospital Materno Infantil José Domingo de Obaldía.
Señaló que sus objetivos durante los últimos meses de gobierno será terminar las obras que aún están en ejecución, como el caso del segundo puente, la Línea de Oriente y este hospital.
No obstante, admitió que será difícil cubrir toda esta lista de obras, de manera que el próximo presidente deberá encargarse de algunas.
Sostuvo que el día que se retire de la Presidencia saldrá con la frente en alto, a pesar de las críticas, pues sabe que ha cumplido y logró terminar un gobierno para los que menos tienen.
En cuanto a su estado de salud, la presidenta Moscoso señaló que se siente "excelente", ya que sólo se lastimó un disco de la columna cuando se cayó de una escalera, "como todo ser humano", pero agradeció a Dios que no fue nada grave.
Hoy día y después de 7 años, economistas han realizado evaluaciones para esclarecer los mitos y realidades de las políticas arancelarias establecidas en estos periodos dado que éstas han incidido en la economía.
Por su parte Olmedo Miró, economista, indicó que el problema radica en que no existe una política arancelaria.
"En materia de aranceles estamos en una especie de limbo, porque no hubo tiempo para que la política que se aplicaba en 1997, prosperará".
Miró consideró que "cuando se elevaron los aranceles se canceló la capacidad exportadora de Panamá", porque obviamente cuando se realizó la rebaja, y como el capital no funciona instantáneamente, tomó tiempo generar inversión, pero se notaron cambios en los sectores productivos.
Para el economista, la rebaja de aranceles permitió que la gente reconociera la realidad, pero cuando Panamá los elevó perdió la oportunidad de desarrollar productos, donde es competitivo.
A criterio del economista esta rebaja demostró que desde hace mucho tiempo Panamá ha tratado de trabajar en aspectos donde no es competitiva gastando sus recursos en productos errados.
Consecuentemente, señala que "no bajar los aranceles ha retrasado nuestra entrada al comercio exterior".
Sin embargo, lo que ha estado pasando es que la estructura productiva panameña no está orientada a la exportación, por el contrario, los productores panameños han concentrado sus esfuerzos en aspectos que no pueden desarrollar, dijo Miró.
Por su parte, Víctor Cruz asesor económico del Sindicato de Industriales de Panamá (SIP), recalcó que las rebajas arancelarias no fueron más que una decisión absurda que no se justificó porque no se consideraron los análisis y proyecciones de inversión que tenía el sector, los cuales se estimaban en ese entonces en 100 millones de dólares.
"Más de 45 empresas tenían planeado invertir, y sin embargo, no pudieron hacerlo, porque no podían competir teniendo aranceles tan bajos", dijo Cruz.
Esta rebaja trajo como consecuencia que el nivel de importaciones creciera hasta provocar que el sector decreciera en sus aportaciones al PIB en un 3.5%.
"Las rebajas no nos hacen más competitivos, porque no se ofrecieron alternativas para equiparar esta reducción" dijo Cruz.
Según el economista, estas rebajas, ni beneficiaron al consumidor como se pregonó, ni se ofrecieron alternativas para la industria como la rebaja en el costo de la materia prima.
En síntesis suban o bajen los aranceles son beneficiosos porque permiten el desarrollo de los sectores industriales y productivos, sin embargo, éstos esperan que sean introducidos con cierta gradualidad.
Ante un panorama de decisiones se establezcan reglas claras para definir una política arancelaria que permita lograr resultados en los sectores productivos del país.