Su cobertura de 30%, supera a la media en la región que es de 22%.
Claudio Rama, director del Instituto Internacional de la la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), señala que se han identificado algunas necesidades, principalmente un sistema de acreditación, para evaluar la calidad, ya que no es posible que no se pueda garantizar a los estudiantes, empresarios y a la sociedad, un buen profesional en el mercado.
Lo segundo es que el sistema universitario, que en los últimos años ha tenido una fuerte expansión institucional, tenga algún nivel de coordinación. Hoy, revela el especialista, hay 32 instituciones, cuatro públicas y 30 centros de educación post media, donde cada una trabaja independientemente.
Reconoce que se necesita trabajar como sistema integradamente y no competir entre sí con las mismas carreras y perfiles profesionales.
También se han detectado iniquidades en el acceso a estudios superiores para los discapacitados, porque no hay infraestructuras apropiadas para integrarlos.
Se requiere aprobar una norma que establezca estándares básicos de evaluaciones de programas y sistemas que garanticen una buena educación. Es aquí donde, asegura el experto, Panamá no ha logrado avanzar, pues es uno de los pocos países que no tiene este sistema, desafío que debe enfrentar para asegurar la calidad de la educación.
Estas conclusiones fueron presentadas ayer en el seminario sobre la Educación Superior en Panamá realizado por el Consejo de Rectores y el IESALC/UNESCO.
Angela Arrue, vice rectora académica de la Universidad del Istmo señala que las principales deficiencias son:
Una oferta amplia de carreras, unas 686, pero repetitivas.
Ausencia de una política educativa de Estado que se enfoque en un proyecto nacional de desarrollo humano.
No hay una ley general de educación superior.
Se sigue enseñando con metodologías atrasadas.
Los contenidos curriculares de los planes de estudio tienen poca utilidad.