Winston Robles, director y uno de los fundadores del diario La Prensa, partió ayer de este mundo de luchas, pero dejó una millonaria herencia fundamentada en la honestidad, trabajo, equidad, valentía y liderazgo con los que imbuyó a quienes lo rodearon.
Era un hombre de mucho carácter, sabía lo que quería, un gran administrador del tiempo, conocía lo que ocurría aquí y en el extranjero, y no solo era un director que plasmaba las letras sino que resolvía cualquier problema desde un bombillo hasta un daño en la rotativa, comentó Alcides Rodríguez, reportero gráfico durante su gestión.
Para Migdalia Fuentes de Pineda, jefa de redacción, en su administración fue un profesional de primera línea que les enseñó a ser objetivos y firmes en lo que creían.
Comentó que una vez llegó personal del New York Times y pidió hablar con él. Lo encontraron y al preguntar por el director, les respondió desde lo alto de la rotativa, y con ropa de trabajo: "Soy yo".
Era el último en irse, de mente brillante, sabía dónde iba cada noticia sin necesidad de anotarlo, llevaba los registros de forma mental, dijo Rodríguez.
Durante su periodo el diario fue cerrado tres veces por los militares. Fue director 23 años, 15 de julio de 1982- marzo de 2005.