El dolor aflige a todo Portugal y el gobierno decreta tres días de duelo oficial por el sensible fallecimiento de Amalia Rodríguez, "La voz de Portugal", según distingo del presidente lusitano, Mario Soares.
Quienes tuvimos el privilegio de escucharla cantar e persona en Monte Estoril, cuando se hallaba en pleno esplendor de su juventud y belleza, jamás podremos olvidar la cadencia de su voz ni el sentimiento que imprimía a su interpretación del fado.
Aunque no supiera portugués, no podía evitarse sufrir el impacto de la vibración de su voz, de ese sollozo portugués, a la vez tan universal. Si hasta entonces el fado había sido tan solo una palabra, a partir de ese encuentro con ella, sería la vida misma.
Los grandes templos de la canción le abrieron sus puertas a Amalia y así pudo llevarles sus fados a la Unión Soviética, Japón, México, París, Londres, Buenos Aires, en una palabra, al mundo entero. Y fue distinguida con innumerables reconocimientos, menciones honoríficas y premios; entre ellos, la insignia de la Gran Encomienda de las Artes y de las Letras, otorgada por el gobierno de Francia, el Lazo de la Orden de Isabel la Católica, de España, y la Medalla de Oro de Lisboa.
"La reina del fado" falleció el pasado miércoles 6 de octubre, en Lisboa, 79 años después de su nacimiento en esa misma ciudad. No pudo superar el cáncer que la minaba. Magistral intérprete del fado en todas sus formas, nos lega en una selecta discografía el portento de su voz en versiones sin par de Cimbro, "La fuente del amor..." (que ha recorrido el mundo entero como Abril en Portugal); Lisboa Antigua, "no volverás a ser morada feudal"; Lisboa, no seas francesa, "con toda certeza no vas a ser feliz" -refiriéndose a la época en que Portugal fue derrotada por Napoleón (1801)- soledad, Una Casa Portuguesa, y tantísimas otras...
Han callado la guitarra y la viola -solícitos compañeros del fado- en expresiva manifestación de saudade. La "reina del fado" no volverá a retener a su público en la palma de sus expresivas manos.