El fiscal Segundo de Drogas, Patricio Candanedo, reveló ayer que el narcotraficante Octavio Quintana, muerto el pasado fin de semana, durante un tumbe de drogas, era parte de una red a la que en junio del pasado año se le decomisaron B/.3.1 millones y casi 500 kilos de cocaína.
Candanedo reveló que las autoridades de investigación se encuentran tras la pista de tres personas, de los cuales dos son colombianos y el resto son de nacionalidad panameña. También informó que el cargamento de droga incautado tenía como destino Estados Unidos.
Alegó que esta droga puede ser considerada como parte de la Operación Buenaventura, realizada en junio del 2003, en donde se logró desarticular una organización bien estructurada que trasegaba droga hacia el territorio norteamericano.
Candanedo detalló que en la Operación Buenaventura, coordinada con las autoridades colombianas, se logró desarticular una red que trasegaba droga desde la región de Buenaventura que era llevada por mar hasta el área de Chepo. Ligada a esta red se detuvo una aeronave en donde se ubicaron B/.3.1 millones.
Explicó que esta red extendió sus operaciones hacia el área de Chiriquí, Herrera y la ciudad de Panamá. Añadió que se detectó una empresa en el mercado público encargada de reabastecer con gasolina y alimentos a los barcos con droga en alta mar.
Dentro de esta operación se decomisaron cuatro residencias, 10 motonaves, 16 fusiles, dos subametralladoras y 15 vehículos. Mientras que en Colombia se detuvo a 22 personas y se incautaron otras propiedades.
La encargada del departamento, la licenciada Nilka Barrios, considera que el personal de trabajo social es insuficiente para cubrir la demanda. Por eso, se requiere más funcionarios para ofrecer un mejor servicio, cubrir la población y hacer una investigación más profunda.
Entre los casos que se descubren, Barrios destaca maltrato, el tipo de relación en el seno familiar, problemas con fármacos, casos de abuso y desempleo. A las personas que presenten alguno de estos problemas, se les orienta y se les da seguimiento, es decir, una atención integral.
Aunque en todos los servicios se presentan casos de abandono, el volumen más grande se da en Medicina Interna; quizás porque quienes allí se atienden padecen enfermedades crónicas.
Gloriela Medina, trabajadora social de Medicina Interna, tuvo dos casos de abandono. A uno que está recluido en el asilo Bolívar, sus familiares no quisieron hacerse cargo de él, porque nunca se ocupó de ellos. Este paciente estuvo nueve meses hospitalizado hasta que se le encontró un hogar.
El otro, es un señor colombiano que tiene 20 años de vivir en Panamá, sin familiares y lleva un año internado. Tiene 65 años con enfermedad cerebro vascular y no se vale por sí mismo. Como no hay quién se responsabilice por él, acudieron al consulado de Colombia, del cual esperan una respuesta.
También se han dado casos fortuitos, como el de un mexicano parapléjico que llegó al cuarto de urgencia porque se sintió mal. El señor viajaba por tierra en una línea de transporte y el consulado dio todo el apoyo para que volviera a su país de origen, asegura Sonia Vergara.
Así como ese consulado los ayudó, otros centros como REMAR, Hogar San José, la orden Madre Teresa de Calcuta y el Albergue de María en Colón, les tienden la mano.
Y, precisamente, el Albergue de María cobijó a un señor de 61 años con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
Nilka Barrios explica que éste llegó al hospital por un derrame cerebral. Es un paciente hipertenso que vivía solo en Curundú, porque sus dos hijos residen en otras áreas distantes.
Aunque la demanda es enorme; asociaciones cívicas, centros de salud y estaciones de policía, les brindan respaldo. Pero hay situaciones muy difíciles como la de un señor de aproximadamente 58 años, sordo y ciego. La Policía Nacional lo encontró en el sector de playa de la avenida Balboa a las 8:00 p.m. del viernes 16 de enero.
Está hospitalizado en el área de Observación y hasta la fecha no se ha tenido contacto con sus familiares. El Hospital Santo Tomás atiende un promedio de 66.5 pacientes diarios, de ellos hay una cantidad desconocida; porque no existen registros de personas que nunca son reclamadas.