PARTE del problema de la desnutrición en algunas zonas indígenas de Darién, se debe a que la Policía en Boca de Cupe no permite que se pasen alimentos.
En este último punto fronterizo, las unidades temen que los moradores estén colaborando con la guerrilla colombiana.
Ayer, una ollita con plátano fue el único desayuno de Laurito Subagará.
Sobreviviente de una desnutrición severa, hace tres meses regresó de Panamá, donde estuvo recluido en Nutre Hogar, pero ahora, otra vez en su casa, ha vuelto a desmejorar.
Nacido en Puente, en el río Tuira, este niño de dos años es el vivo reflejo de su madre y tres hermanos. Sus cuerpos expresan el efecto de la extrema pobreza.
No fue necesario que Panamá América subiera durante 5 horas o más en piragua por el caudaloso río Tuira, para conocer la gravedad de la situación.
Esta se extiende hacia las comunidades indígenas, donde es común ver a infantes con barriguitas abultadas, cuerpecitos flacos y miradas tristes.
El hambre es tanta, que las filas de infantes son amplias, cuando en algunos poblados se reciben alimentos del Estado.
Pero otras comunidades como Sobiaquirú no tienen tal suerte. Allí viven esperando ese apoyo.
Se trata de un área con pocos recursos económicos y completamente inaccesible, localizada en la selva darienita, a sólo 10 horas de camino a Colombia.
"Estamos siendo olvidados... Aquí escuchamos por la radio de la Red de Oportunidades, pero no sabemos qué es", comentaron.
Esperan que un milagro haga que la Policía en Boca de Cupe, les permita a los comerciantes pasar víveres deseados como sal, aceite, azúcar, leche en polvo y cremas, para la nutrición de niños y adultos.
Niño agoniza por hambre
Muchos niños pasan hambre a diario.