LAS LÁGRIMAS eran el denominador común en los rostros de familiares y compañeros de Carlos Herrera, quien perdió la vida a consecuencia de un disparo proveniente de un revólver que un estudiante del Colegio Louis Martinz portaba en su mochila.
Aún había manchas de sangre en la escena del crimen, situación que era desgarradora para sus amigos.
La esposa del occiso, Maruquel Díaz, aún no lograba asimilar lo que había acontecido. Entre sollozos mencionaba el nombre de sus hijos Carlos y Milagros Herrera, de 6 y 16 años, quienes estaban muy apegados a su padre.
"Milagros es una niña discapacitada y es la que más está sufriendo", reveló muy consternada Díaz, quien pidió justicia para su esposo.
Este hecho fue calificado por los educadores del Colegio Louis Martinz como "la crónica de una muerte anunciada".
Herrera tenía más de 20 años de estar laborando en el Ministerio de Educación (MEDUCA). Ante los constantes insultos y recriminaciones de parte de los alumnos hacia los docentes, le comunicó a su esposa la semana pasada, que iba a pedir traslado de colegio porque temía por su vida. Sin embargo, no logró hacerlo.
Esta situación venía siendo denunciada desde hace buen rato por los docentes, que no se atrevían a llamarle la atención a los alumnos porque eran amenazados de muerte. Las autoridades conocían la situación, pero se hacían los de la "vista gorda" y "tuvo que haber un muerto para que visitaran el plantel", dijo visiblemente molesto el docente Juan Quiroz.
En los últimos 3 años, más de una docena de educadores, entre ellos varias mujeres, fueron agredidas físicamente por los estudiantes "rebeldes". Pero la gota que derramó el vaso de agua fue la muerte de Herrera.
"Las autoridades tienen este plantel como un basurero. Aquí estudian los jóvenes que son expulsados de otros planteles por indisciplina", destacó el profesor David Pineda, quien hace dos años fue apuñalado en el rostro por un estudiante, tras pedirle que usara correctamente el uniforme.
Pero para su sorpresa, él fue quien recibió la sanción. Inexplicablemente le entregaron una misiva en donde le informaban de su traslado a Darién. Para evitarlo subió y bajó muchas escaleras.
La semana pasada, la profesora Belkis Sánchez recibió un golpe en el rostro que le fracturó el tabique de parte de una acudiente. La razón: había amonestado a un joven por actos de indisciplina.
Los docentes tristes y a su vez molestos por lo sucedido, se abocaron a un paro de labores y pidieron la presencia del ministro de Educación, Miguel Ángel Cañizales. Sin embargo, la presión no resultó. En su lugar fue la vice ministra de la cartera, Sonia de Smith, a quien los docentes le plantearon el problema.
A tempranas horas de ayer, Cañizales fue interrogado por los periodistas sobre este asunto y para sorpresa de los docentes y de la esposa del occiso, dijo, que lamentaba la muerte de Herrera, pero no hablaría del tema porque se estaba "politizando".
Estas declaraciones enfadaron, aún más, a los docentes que le reclamaron a la vice ministra la falta de atención hacia el plantel.
La funcionaria, a través de varios de subalternos, enumeró las mejoras que este Gobierno había hecho al colegio. Pero los docentes se miraban unos a otros y se preguntaban, ¿de cuáles mejoras hablan?
La directora Nacional de Educación, Mirna de Crespo, señaló que la solución no está en nombrar más inspectores y pidió a los padres de familia que jueguen un papel más protagónico.
El Colegio tiene una población estudiantil de mil 300 estudiantes y solo tiene un inspector nombrado por un representante de corregimiento.
La esposa de Herrera advirtió que, una vez culmine con los trámites del funeral, presentará una denuncia por negligencia ante la Oficina de Responsabilidad Profesional de la Policía Nacional.
No están dispuestos a perder la vida en el Louis Martinz
La muerte de un inspector aumentó la preocupación de los docentes, quienes piden más seguridad a las autoridades.