El 20 de marzo, primer día de clases, fue igual para todos los estudiantes: se levantaron muy temprano y, emocionados, se dirigieron a sus escuelas ante la expectativa del inicio del año académico.
Pero el segundo día no fue igual. Muchos se levantaron aún más temprano que el día anterior, ya no por emoción, sino por necesidad: el que llegaba primero lograría sentarse en una de las bancas de la escuela; el que llegaba entre los últimos, no.
Y es que las sillas no alcanzaban para todos los alumnos matriculados. Y aún hoy no alcanzan.
Eso es lo que ha ocurrido, sólo por citar algunos ejemplos, en la escuela Zaida Z. Núñez y la Escuela Básica General José María Barranco en La Chorrera.
En la Zaida Z. Núñez se ha logrado paliar el problema, aunque creando otro menor. La maestra de Educación para el Hogar sigue teniendo su salón de clases fijo, pero sin sillas porque éstas se han distribuido por los salones para aquellos estudiantes que se quedaban parados durante las clases.
Entretanto, según su directora, la profesora Silvia Fernández, se mandaron a confeccionar las sillas faltantes en el Instituto Profesional y Técnico de La Chorrera (IPTCH).
Mientras, la maestra de Educación para el Hogar dicta sus clases de manera teórica y no práctica en cada una de las aulas y no en la propia.
De acuerdo con la directora, a finales de esta semana, se resuelve el problema de la escasez de bancas, si bien, persiste el hacinamiento toda vez que hay más de 35 estudiantes por salón.
El salón de laboratorio de ciencias estaba copado, al punto que muchos de los estudiantes estaban sentados de manera incómoda en bancos largos. Y a esto hay que agregar que no se observan los implementos propios de un laboratorio científico.
Tampoco el laboratorio de informática las tiene todas consigo. Hay muy pocas computadoras y los programas no están actualizados ni adecuados para enseñar al estudiante. Los padres de familia de los casi mil 200 alumnos, pagan unos cinco balboas anuales para el mantenimiento del laboratorio. Antes pagaban 10.
Esta escuela, ubicada en el corregimiento de Guadalupe de La Chorrera, tiene más de 20 aulas, además de las oficinas administrativas y el comedor escolar y pese a ello, sólo cuenta con un trabajador manual, además de que faltan cuatro maestros en la jornada vespertina.
Veamos ahora lo que ocurre en el Centro Básico General José María Barranco, ubicado en el centro de la población. Sus problemas se reducen a la falta de sillas y al aumento de la matrícula debido al crecimiento de la población hacia el área Oeste de Panamá, con la construcción de nuevas barriadas. Incluso, hay niños de kinder recibiendo clases en la jornada que corresponde a la básica.
Allí hay salones que tienen 44 estudiantes, de los cuales 35 están sentados y el resto, si no está de pie, están sentados en sillas plegables o de tijera.
Para escribir, los jovencitos tienen que hacer malabares. Colocan sus cuadernos en las piernas y doblan el cuerpo para tratar de copiar.
Según su director, el profesor Roberto Levy Marrero, faltan 140 sillas que ya se mandaron a hacer, a través del fondo que corresponde a cada colegio, según la Ley 13 "y que nosotros sí lo utilizamos para el beneficio del estudiantado".
Recalcó que están a la espera de 25 alumnos más porque dos escuelas del sector no han abierto sus puertas y ese colegio tiene que recibirlos "porque ellos no tienen la culpa...".
Hay alrededor de mil 200 estudiantes en la básica, que comprende los séptimos, octavos y novenos grados.
"Ojalá en un futuro entráramos en un proyecto de apoyo en el sentido de más aulas. Creo que nos pueden ayudar con unas cuatro o cinco aulas para darle cabida a estos jóvenes estudiantes", argumentó.
Otro profesor informó que el problema de hacinamiento en las aulas se acrecenta porque los colegios Moisés Castillo Ocaña y Pedro Pablo Sánchez, poco a poco quedarán convertidos en colegios secundarios (segundo ciclo), por lo que el Centro Básico General José María Barranco debe recibir a todos los que cursan el primer ciclo o séptimos, octavos y novenos años.
La profesora Mirta Muñoz de López también se manifestó al respecto y señaló que debido a que los estudiantes durante el cambio de hora y de salón se llevan sus sillas para no quedarse parados, se pierden minutos valiosos para dedicarlos a las clases.
Esta es la situación en estas dos escuelas de La Chorrera, a lo que se suma el vandalismo escolar y los robos por parte de amigos de lo ajeno que se introducen en las instalaciones para llevarse lo poco que hay e incluso, para destruir lo que encuentran a su paso.