Afectados. José tiene 9 años, pero parece de 6. Con su sonrisa y sus ojos vivarachos capta la atención de cualquiera y nadie diría que pasa mucha hambre. Pocos saben que para llevar el sustento a su casa trabaja cuidando automóviles en San Felipe, en Casco Antiguo.
Él vive lleno de esperanzas y piensa en un futuro mejor. "Quiero ser doctor", dijo. Pero si no se alimenta su vida pende de un hilo como la de muchos niños afectados por la desnutrición. José también desconoce que el comedor atraviesa dificultades.
Sugei Pinto, administradora del centro, explicó que hace dos años atendían 200 niños, pero, ante el aumento de los alimentos atienden menos niños (80). El presupuesto no alcanza.
Este comedor se maneja con mil dólares mensuales que aporta la Junta Comunal y un subsidio del MIDES, pero no es suficiente.
"Tratamos de hacer magia y reemplazamos el arroz por pasta, pero no nos alcanza. Hasta hacer la sopa nos sale caro", recalcó Pinto.