Opinión
Nahaniel MurgasFiscal especializado contra el crimen organizado
- La extorsión es un hecho punible consistente en obligar a una persona, a través de la utilización de la violencia o la intimidación, a realizar u omitir un acto o negocio jurídico con ánimo de lucro y con la intención de producir un perjuicio de carácter patrimonial o bien del sujeto pasivo, o bien de un tercero.
- Este grave delito se ha venido cometiendo en nuestro país desde hace años; al transcurrir los días, los grupos organizados han ido variando su forma de operar y de exigirles un bien a sus víctimas. Según mi experiencia, en años anteriores, las amenazas se realizaban directamente a las víctimas sin ocultar la identidad de quienes realizaban la acción extorsiva. Pero conforme los organismos de seguridad han ido obteniendo nuevos mecanismos de control y de persecución, estos delincuentes han empleado acciones amenazantes contra las víctimas ocultando su identidad.
- Hace algún tiempo estas mismas personas han volcado su creatividad y están empleando en estos delitos amenazas a través de cartas o notas, llamadas telefónicas, correos electrónicos, e incluso por medio del popular WhatsApp
- u otras herramientas tecnológicas que están a disposición de la gran mayoría de nuestra población. Pero siempre habrá una respuesta o una acción contra quienes intenten romper el orden público. Por eso, cada persona debe saber hasta qué punto debe confiarse...
- Las recomendaciones que se le puede dar a la comunidad es que una vez tengan conocimiento de la actividad delictiva, ya sea por las formas antes expuestas u otras, acudan a las autoridades (centro de recepción de denuncia más cercano, DIJ o Fiscalía de Delincuencia Organizada) para exponer el caso y alertar a los estamentos de seguridad para que actúen conforme lo establece la ley.
"Albrook Mall estaba a reventar. Era un día de diciembre y justo en una banca estaba el hombre que me había citado. Puse el bolso en el suelo; este lo agarró y, sin mediar palabras, se fue sin mirar atrás. A los 10 minutos, seis policías de civil lo retuvieron y lo esposaron”, contó Francisco, un panameño que recuperó 5,000 dólares (en efectivo) que le había exigido una banda de extorsionadores criollos.
“Me habían llamado tres días antes amenazándome con matar a mi papá o con hacerles daño a mis hijos. Sabían que yo era el dueño y administrador de una fábrica de baldosas. Me lo contaron todo por teléfono”, narró el hombre de 48 años.
Así como Francisco, otras 12 personas fueron víctimas de extorsión durante el 2013, según informes oficiales de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ). Y a pesar de que este tipo de delito era perseguido desde la era de la antigua PTJ, ha evolucionado en su modus operandi, confirmó el subcomisionado Alexis Muñoz, subdirector de la DIJ.
Por lo que contó la fuente, antes las extorsiones consistían en pedir una suma considerable a la víctima, una vez intimidada y asustada, esta depositaba la plata en una cuenta corriente o en una tarjeta de crédito. Sin embargo, en la actualidad, los malhechores son más arriesgados al convocar a sus objetivos a un sitio específico y cobrar directamente el dinero.
“Citan a sus víctimas en centros comerciales, restaurantes, terminales de transportes, eventos deportivos o hasta religiosos”, explicó el uniformado. Esta forma de llevar a las víctimas a esos lugares es para tener mayor control de la situación, para confundir y hacer más difícil el seguimiento en caso de que el extorsionado haya dado aviso previo a las autoridades, sostuvo Muñoz.
De hecho, los 13 casos de extorsión contabilizados el año pasado en Panamá fueron frustrados por las unidades de la División de Delitos contra la Libertad Individual de la (DIJ). Cabe señalar que las 19 personas detenidas en estos sucesos delictivos están a disposición de las autoridades judiciales.
Como la actividad delincuencial no para, a pocos días de terminar el primer mes del 2014, ya se han atrapado a cinco personas en tres casos distintos justo cuando cobraban dinero por extorsión.
El experto en seguridad ciudadana Severino Mejía destacó que estos criminales son muy peligrosos y que si uno cae en el juego las cosas pueden empeorar. Agregó que los objetivos de los extorsionadores son personas con fluidez económica: ganaderos, comerciantes asiáticos, indostanes y hebreos; panameños vinculados a la industria de exportación e importación, doctores, ingenieros y otros.
El 511-2222 es una línea telefónica habilitada para denuncias.
Panamá América pudo conocer que han habido casos en los que la víctima ha perdido el dinero que le solicitaban porque hacen las denuncias luego de entregarlo. “A penas reciba una llamada extraña, repórtela personalmente a la DIJ; si no puede, infórmelo a través de nuestras líneas de teléfono”, indicó Muñoz, de la DIJ.
Los extorsionadores por lo general llaman a un celular; si no saben quién es la persona a la que están contactando, preguntan por cualquier nombre que se les ocurra para que la víctima caiga y diga su nombre. “No dé su nombre real, invente uno o cuelgue el teléfono y llame a la Policía”.
También resulta efectivo establecer una contraseña o palabra clave entre familiares cercanos para evitar ser víctima de las extorsiones o secuestros virtuales, aconsejan los expertos. Es decir que si le llaman y le ponen a la bocina a una persona llorando diciendo que es su hijo (a), esposo (a) u otro ser querido que presuntamente está secuestrado, pídale la contraseña. Si no se la da, cuelgue y denuncie el número a un cuartel.
Prevención y astucia
Esta táctica la empleó una empresaria panameña que contó su experiencia. “Viajaba repetidamente a México por asuntos comerciales. Un día, a pocas horas de haber retornado de un viaje, me llamó a mi celular una voz desconocida. Me dijo: ‘Hola, ¿cómo estás? Sabemos que tu marido trabaja en un banco y que viven en Costa del Este’. Me asusté, toda la sangre se me subió a la cabeza, pero me acordé de que ya habíamos establecido una señal en caso de que esto ocurriera”, dijo.
Acto seguido -relató la mujer- “la persona que decía ser mi cónyuge y que imploraba que sacara el dinero de una de sus cuentas casi me convence, pero nunca supo decirme la clave... Colgué y llamé a la DIJ”. Esta señora contó que aprendió lo de la contraseña justamente cuando veía un noticiero de México, país donde por día se reportan más de 200 secuestros y extorsiones, según un informe de la ONU.
“Esta ciudadana fue astuta porque le siguió el juego a los estafadores y antes de que la citaran a un centro comercial de la capital, avisó a la DIJ. Pero los facinerosos que iban a retirar la suma de plata no sospecharon que la que llevaba el bolso era una policía encubierta porque estos habían sido enviados a retirar la plata, y lo que en realidad parecía miles de dólares eran billetes falsos marcados, por si se daban a la fuga”, destacó esta fuente, que no quiso revelar su identidad por seguridad.
Entre otra de las recomendaciones que sugieren los conocedores está, primordialmente, no publicar dirección de residencia, lugar de trabajo, nombre de hijos o familiares en redes sociales. Tampoco tuitee o suba a Facebook los lugares que frecuenta con sus amigos.
“Esta información es valiosa para los bandoleros, ya que ellos también cuentan con aparatos tecnológicos como celulares inteligentes, laptos con acceso a internet y sus propias cuentas falsas para rastrear su próxima presa”, expresó Mejía.
Adicional se aconseja a la ciudadanía no aceptar invitaciones en redes de personas que usted no conoce, ni de individuos que le envían mensajes al WhatsApp o al Twitter.