El padre Laureano le llaman sus feligreses, tanto en la Iglesia de la Santísima Trinidad como en los más recónditos lugares de las montañas de Veraguas y Coclé, donde trabaja con los campesinos.
Es natural de Moraña, Pontevedra, España, pero ya es panameño por adopción, porque así lo siente su feligresía.
Desde 1971, y hasta la fecha, es Director Ejecutivo de Caritas Arquidiocesana, donde atiende a familias que viven en estado de pobreza, a quienes enseña proyectos de producción de alimentos y autogestión de manera sostenible.
Su labor de apoyo llega tanto a campesinos como indígenas para que se les reconozca su tierra y puedan trabajarla para mejorar su nivel de vida.
En estas labores monseñor Laureano cuenta con un equipo de voluntarios profesionales de la medicina, el derecho, agricultura y de la educación, entre otros, quienes les acompañan en sus giras de trabajo.
Ha organizado la Cooperativa de Servicios Múltiples Nueva Esperanza, Cáritas R.L. entre campesinos de diferentes comunidades de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá para que juntos puedan ejecutar proyectos que les permitan tener una mejor alimentación y vivienda, así como ser sujetos de crédito y comercializar sus productos.
Monseñor Crestar Durán fue nombrado párroco de la Santísima Trinidad en 1975. En 1997 el Papa Juan Pablo II lo nombró capellán del santo Padre.
Ha sido distinguido por diversas organizaciones cívicas y por el gobierno nacional que le otorgó la Condecoración de la Orden Vasco Nuñez de Balboa en el Grado de Gran Caballero en reconocimiento a sus méritos.
La explicación de Graell es que estas comunidades rurales son inaccesibles, con viviendas muy distantes las unas de las otras, por lo que se hace difícil instalar centros de salud en esas zonas por sólo tres o cuatro familias.
Al igual que en otros países, a estas personas se les suministra como parte del equipo médico quirúrgico, gasas, cinta de hiladillos, guantes, todo estéril, incluso deben presentarse en los centros de salud cada mes para informar lo que han hecho en su comunidad y abastecerse de nuevos materiales.
No obstante, como no se les da pinzas ni tijeras, porque éstas necesitan esterilización, cada vez se le suministra cierto número de navajas estériles, pero para cortar el cordón umbilical únicamente.
"Esto es para reemplazar la implementación de cuchillos y machetes", comentó Graell, al tiempo que advirtió que entre las prácticas erróneas que detectan está el cortar el cordón umbilical después de la expulsión de la placenta.
Afortunadamente, en el caso de Panamá Oeste, la experiencia indica que capacitar a estas personas ha sido positivo, aunque también es necesario que la gente de la comunidad busque la ayuda oportuna y comunique que tiene a una embarazada en casa.
Tal vez para ser partera, además de voluntad, hay que tener nervios de hierro. Al menos, este siempre fue el secreto de doña Clotilde Eneida Bocanegra de González.
A sus 87 años y conocida en Taboga como "Mamá Ene", si sus manos hablaran, de seguro tendrían muchas historias que contar. Fueron éstas el primer contacto exterior que tuvo gran cantidad de niños taboganos.
En contraste con la mayoría de las comadronas, "Ene" hizo sus pininos en este oficio a los 18 años, cuando la única partera del área enfermó. Ella no sólo la preparó, sino que además le regaló un libro instructivo y su maletín, que contenía desinfectante, alcohol, gasas, tijera, guantes y algodón.
El primer parto que asistió fue el de una tía política. Orgullosa recuerda que nunca nadie murió, excepto una bebé. "Días antes del parto, a esta mujer, que tenía 10 hijos, le dije que saliera de Taboga para que tuviera médicos cerca y no quiso... Me mandaron a buscar porque tenía una hemorragia. Ella no murió, pero la bebé se ahogó con tanta sangre", detalló.
Aún así, asegura que nunca ha tenido miedo, y hasta se ríe con sólo recordar que una vez una enfermera la asistió y ésta le confesó que se moría de los nervios.
En su curriculum figuran también dos primerizas, ambas sin control prenatal, así como una mujer con el bebé fuera de posición, es decir, "sentado". Lo asombroso de esta historia es que sin ascos, Ene introdujo sus manos en la mujer y acomodó a la criatura con los brazos levantados para que no desgarrara a su madre al salir.
Ene vive ahora en Pacora, sin embargo, todavía guarda su maletín en Taboga, ya que dos veces ha ido de paseo y termina recibiendo a alguna criatura.
Estudios han demostrado que la mortalidad materna y perinatal puede disminuir gracias a la vinculación de parteras debidamente capacitadas.
En Bangladesh, Gambia y Guatemala la presencia de una partera capaz de realizar sin riesgos funciones ampliadas con respecto a la maternidad, es una forma eficaz de reducir la mortalidad perinatal.