Nación

Panamá pulsea con presiones

El presidente de la Asociación Bancaria afirma que el éxito del sistema financiero radica en la creatividad.


Última entrega.

“No somos un paraíso fiscal”. Vehemente, Moisés Cohen, presidente de la Asociación Bancaria Panameña, defiende el sistema económico que rige en el país. En la calle, sin vehemencia pero con resignación, el taxista Gilberto Francisco Ortega sentencia: “El que tiene plata entra a Panamá y hace lo que le da la gana”.

Periodistas de ocho países que participaban en un taller de la Fundación Nuevo Periodismo (FNPI) confirmaron en cuatro días algunas de las claves que han convertido a Panamá en un enclave de dineros de dudoso origen. Un paraíso que empieza a tambalear a raíz de los efectos de la crisis ante la presión de Estados Unidos y del G-20.

 

Lo primero que llama la atención al llegar a Panamá es la gran cantidad de edificios en construcción. Una investigación en terreno permite confirmar que con B/ 300 mil se puede comprar un inmueble y en algunos casos esta adquisición lleva adosado un regalo: la residencia.

Otro periodista fue a consultar condiciones para adquirir bienes raíces en la inmobiliaria Bern. Allí le explicaron que si un extranjero compra una propiedad lo exoneran de impuestos 20 años por ese inmueble.

Para obtener ambos privilegios es indispensable reunirse con el abogado de la inmobiliaria, quien dirá los pasos a seguir para finalizar el trato. Transacciones de ese tipo son habituales en este país de poco más de 3 millones de habitantes, cuya población extranjera alcanza al menos 15%, entre los que destacan chinos, colombianos y, más recientemente, venezolanos.

 

Discriminación positiva.
Hace cinco años la panameña Dalis Herrera intentó obtener un crédito de B/ 62 mil para cumplir el sueño de su casa propia. Le exigieron demostrar un ingreso de B/ 1,200 mensuales. Y aunque dice que ser paraíso fiscal hace atractivo a su país, Dalis cree que se ha terminado por discriminar a los panameños, los que se ven desplazados por extranjeros a los que se les otorga toda clase de facilidades para invertir con dineros de dudosa procedencia.

Las cifras, sin embargo, revelan que no todos los extranjeros que llegan al país vienen cargados de dinero.

No son pocos los que ingresan motivados por el ritmo caribeño que emerge del “boom” de la construcción, grandes inversiones y la vida nocturna de luces, casinos y prostitución que invade el centro de la capital.

 

La Dirección de Migración informó que de las cerca de 2,900 visas de permanencia entregadas entre el 2007 y el 2008, sólo 500 se otorgaron a inversionistas extranjeros, principalmente colombianos, venezolanos y estadounidenses.

Entramado financiero.
El registro de visas da cierta información. Algo que resulta imposible de obtener a la hora de buscar a los dueños de las miles de sociedades anónimas de inversión que se crean en Panamá.

De acuerdo con el Registro Público, el año pasado iniciaron su trámite en el país 314.880 sociedades anónimas, lo que da un promedio de 1,206 solicitudes de inscripción por días hábiles.

 

Según el abogado Roniel Ortiz, ex funcionario judicial, de esas solicitudes, al menos 500 sociedades se concretan al día.

La facilidad para crear estas compañías es la atracción principal para inversionistas de todo tipo. Hasta ahora. Porque los efectos de la grave crisis financiera mundial ha provocado que la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), les apriete el cinturón a los poderes político y económico panameño para que blinden su sistema fiscal y eviten que los extranjeros huyan de sus países evadiendo impuestos con el fin de invertirlos en su llamado paraíso fiscal.

Las consecuencias de lo decidido por la OCDE ya comienzan a surtir efecto. Ante las presiones internacionales, el poder político y económico de Panamá mueve sus piezas para impedir que un sistema que opera desde los años 20 del siglo pasado empiece a desmoronarse.

La llave de los abogados.
El sistema imperante en Panamá otorga grandes beneficios a las sociedades anónimas al portador. Para crearlas sólo basta tener un apoderado local, generalmente grandes firmas de abogados. Pero esas sociedades son letra muerta sin el otro elemento del sistema: el Centro Bancario, constituido en 1970.

Y si ayer fue precisamente la disputa por la hegemonía mundial lo que convirtió a Panamá en un trofeo en juego, hoy la grave crisis económica mundial hace que las grandes economías del mundo reunidas en el G-20, le pongan la mira, porque muchos capitales llegan aquí sin control, evadiendo impuestos en sus países de origen.

Para un abogado especialista en la creación de las sociedades anónimas, quien pidió reserva de la fuente, ese entramado constituye el sistema ideal para los delincuentes: “A través de las sociedades se transfieren grandes sumas de dinero de un lado a otro del sistema bancario nacional e internacional, para confundir a las autoridades e intentar borrar el rastro del dinero”.

Así, cualquier extranjero puede otorgar poder a un abogado local para constituir una empresa en la que su nombre nunca aparecerá. Tampoco figurará en las cuentas bancarias. De esta manera se pueden evadir impuestos en sus países o esconder grandes sumas de dinero o blanquear capitales de origen ilícito.


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432861
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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