Aunque rechazó opinar sobre el referéndum para la ampliación del Canal, el ex presidente español Felipe González, aseguró que Panamá no tiene opción, tiene que modernizar la vía "sí o sí".
González aseguró que inversionistas internacionales como Carlos Slim están muy interesados en el país, porque creen que tiene las condiciones para convertirse en "el Hong Kong de América".
El ex mandatario español señaló en entrevista exclusiva a este diario, que la seguridad jurídica y policial son vitales para que esto ocurra.
Segundo. El país necesita, para poder crecer, una modernización física: comunicaciones, telecomunicaciones, energía y agua. Este país tiene telecomunicaciones razonables, está implosionando este sistema aquí. Tiene problemas con la energía, y el Estado tiene que afrontar ese tema con seriedad, porque la energía es un factor estratégico para el desarrollo, y por eso, no se puede pensar en energía subvencionada. Panamá tiene mucha capacidad hidroeléctrica, y lo digo sin conocerlo mucho. Le faltan vías de comunicación. Sin embargo, lo de las otras vías de comunicación, que se refieren a puertos, con el desafío del Canal y el impacto positivo que tendrá, lo podría resolver.
Tercero. La educación y la formación de capital humano. Entrenar, preparar, formar a los panameños para que enfrenten la realidad de la sociedad globalizada.
PA.- ¿Qué papel juega la justicia en todo este proceso?
F.G.- Vital. Hay que atender seriamente y, de manera consensuada, la seguridad física y la seguridad jurídica de los ciudadanos del país. Por tanto, debe funcionar bien el sistema jurídico y policial. Y en eso debe haber un consenso. Para sentirse uno libre, tiene que sentirse seguro. Si un ciudadano sale a la calle, que es el espacio público que comparte con los demás, y tiene miedo, porque no hay seguridad, su libertad es mucho menos real. Por tanto, la seguridad y la libertad van de la manito.
PA.- ¿Qué le dice entonces el secuestro de los Colastra en Darién?
F.G.- No quiero entrar en los detalles. El crecimiento de la inseguridad en la región (y en el mundo) hay que combatirlo con un buen sistema judicial y policial, eficiente, y destinado fundamentalmente a garantizar primeramente la seguridad física de la gente y después la seguridad jurídica. Diría que Panamá no está mala en eso, pero no puedo olvidar a mi paisano a quien le preguntan ¿cómo está tu mujer?, y él responde ¿comparada con quién?
PA.- Quisiera volver sobre eso de la inversión en el capital humano, ¿Cómo lo hizo España? ¿Cómo fue ese salto?
F.G. Creo que el modelo aquel de los años ochenta hay que corregirlo un poco, por los nuevos ingredientes en el mundo del conocimiento, pero en líneas generales sigue estando claro: universalizar el derecho a la educación, hasta los 16 años. Eso significa que había gratuidad y cobertura para todos los chicos y chicas hasta esa edad. Era un derecho y una obligación que había que cumplir. Es decir, que los niños y las niñas no podían estar en ninguna otra cosa que en su formación escolar. Por tanto, la universalización fue un salto adelante.
En el campo de la universidad. Cuando yo llegué había 650 mil universitarios en España. Cuando salí, había un millón 500 mil, de los cuales 900 mil tenían becas...
PA.- ¡Wao!
F.G.- (Sonríe) Por tanto, había un tercio más de gente que accedía a la universidad con algún tipo de ayuda del Estado que el número total de estudiantes que existían cuando llegué al poder. Bueno, ese era el esfuerzo. ¿Habría que hacerlo con esos mismos ingredientes? No creo, ¡Ahora hay más para tomar en cuenta!
PA.- Es un secreto a voces que usted asesora a Carlos Slim, y cuando a usted lo ven en algún lugar, podría ser que él esté cerca, interesado en algún negocio. ¿Hay algún proyecto en el que Carlos Slim esté involucrándose en Panamá?
F.G.- Es un secreto a voces, pero falso. Carlos Slim y yo tenemos una relación absolutamente privilegiada, y es que somos amigos. Soy amigo de Carlos Slim como lo soy de Julio María Sanguinetti. ¿Amigo qué quiere decir? Bueno, disfrutamos hablando, estando juntos, analizando problemas. Se podría decir que Carlos Slim recibe de mi parte inputs en cuando a mi valoración, buena o mala, sobre la variable -que es importante- de cómo evoluciona la política y el mundo. Puede servirle, seguramente, como a mí me sirve tener enfrente a un personaje absolutamente excepcional dentro del mundo de la empresa, gran humanista, de estos que a uno le sorprenden. Es un empresario -en muchos sentidos- genial, del que yo he aprendido miles de cosas.
Discutimos del mundo, todo lo que pasa, él desde su óptica de empresario genial y yo desde mi óptica de político jubilado.
¿Puedo afirmar que él tiene interés en Panamá? Sin duda. Quiere hacer cosas. Y tiene, un poco, el mismo entusiasmo sobre las potencialidades de Panamá. Él sabe, y lo hablamos, que esta es una oportunidad tan impresionante para Panamá, para cambiar definitivamente su destino histórico.
Nunca me ha pedido, lo cual muestra su amistad, que le haga una gestión para facilitar sus intereses. Y que quede claro que no tendría ningún inconveniente en hacerlo. Porque me parece que cada vez que le presento a alguien, ese alguien gana valor al conocerlo, porque es un personaje excepcional. Y al revés, suelo presentarle a personas que le van a añadir valor. Conocer a gente valiosa en cada rincón del planeta, quizá es más que tener capital.
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