Peter Romero, el arquitecto de la política interamericana del departamento de Estado fue a Panamá con el propósito de despejar "malentendidos y distorsiones" que podrían obstaculizar las relaciones amistosas entre los dos países, según un portavoz del gobierno del presidente Bill Clinton.
Se filtró que la reanudación de gestiones sobre seguridad con el ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora, así como sobre comercio, desarrollo social y aplicación de la ley, ocuparon el centro de las discusiones, con el fin de acelerar un proceso bilateral iniciado el pasado mes de noviembre, aunque los funcionarios no pudieron precisar cuándo se reanudarían estas gestiones.
De todas maneras, Romero vino preparado para responder a las críticas expresadas por el gobierno panameño en reacción a la inclusión de Panamá en una "lista negra" emitida por organismos financieros internacionales, compuesta de unos 30 países acusados de no cumplir cabalmente con leyes y reglamentos para erradicar el lavado de dinero.
Por cierto, la gran incógnita de la reunión es la solución del problema de la limpieza de los polígonos de tiro, que Panamá insiste quedó pendiente tras la retirada de Estados Unidos de las bases militares que ocupó en ese país durante casi un siglo.
Aunque el tema queda rodeado de un extraordinario hermetismo oficial, una fuente reveló a este corresponsal, que Romero lleva consigo un comunicado que incluye lo que se estima es "un nuevo enfoque" aprobado por el Pentágono después de meses de discusiones con el departamento de Estado.
En tanto, Simón Ferro, el embajador de Estados Unidos en Panamá, quien coordinó la "visita relámpago", dijo que se trataba de un ejemplo de "la diplomacia personal que emplea el funcionario de la más alta jerarquía del departamento de Estado, responsable de nuestra política hemisférica para mantener contacto directo con todos los países del continente".
"La visita del embajador Romero," declaró el diplomático en una breve entrevista telefónica desde Panamá, "ofrece una excelente oportunidad para poner al día los temas de importancia que existen entre los dos países.
Confiamos que las reuniones producirán resultados positivos. "Yo obviamente le doy la bienvenida y agradezco la visita de mi colega y pienso que su presencia servirá para reforzar y estrechar los lazos entre los países y ofrece la oportunidad vital para que los dos países de nuevo puedan hablar como amigos y como aliados sobre temas importantes".
En tanto, fuentes diplomáticas de Estados Unidos se esforzaron por minimizar las protestas que generó la publicación el pasado mes de las listas negras por parte de varios organismos financieros multinacionales como el Financial Stability Forum, creado para supervisar los flujos de capital internacionales después de la crisis asiática, y el Financial Action Task Force de la OECD.
"En realidad, Estados Unidos defendió a Panamá en estos foros destacando que el gobierno de Moscoso ha adoptado varias medidas para combatir al lavado de dinero, aunque éstas todavía dejan algo que desear", señaló una fuente, con la condición de permanecer anónima.
"En realidad fueron Francia, Japón y España los países que más empujaron para incorporar a Panamá en la lista con el objeto de poner a su gobierno en alerta".
La fuente recordó que ya Panamá viene tomando medidas sobre el lavado de dinero desde el gobierno de Ernesto Pérez Balladares, que resultaron en la incorporación de la república ístmica al prestigioso grupo Egmont, fundado por los principales centros financieros europeos, "como reconocimiento del progreso realizado".
"El problema está en que hoy en día, por insistencia de los europeos y de Japón, existen nuevos reglamentos a los que Panamá aún no se ha incorporado," señaló la fuente. "Por ejemplo, las leyes contra lavado, tal como existen ahora en ese país, declaran ilegal sólo el lavado relacionado al narcotráfico, y esto deja un hoyo para otras actividades ilegales".
Por otro lado, sobre el tema de los polígonos existen las discrepancias que son de conocimiento público. Mientras el gobierno panameño sostiene que unas 30 mil hectáreas quedaron sembradas de explosivos sin detonar y una variedad indeterminada de sustancias tóxicas, las autoridades militares de Estados Unidos dicen que despejaron estas áreas "en lo posible", o sea que consideran grandes áreas de selva tropical como "impenetrables".
También dentro del propio gobierno de Estados Unidos el problema de los polígonos generaba distintas posiciones entre el departamento de Estado y el Consejo Nacional de Seguridad por un lado, y el Pentágono por el otro.
Aunque persiste el bloqueo informativo y ningún vocero oficial quiere revelar los detalles de estas discrepancias internas, fuentes diplomáticas dignas de crédito aseguraron a este corresponsal que tras meses de discusiones, el Pentágono finalmente aceptó "un nuevo enfoque" propuesto por el departamento de Estado.
"No me sorprendería si esta nueva situación es uno de los principales factores que llevó a Romero a realizar el viaje," especula un veterano observador de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos, comentando sobre la "visita relámpago" del alto funcionario.
Aunque inicialmente se decía que Romero iba a continuar viaje a Cartagena de Indias en Colombia, inmediatamente después de su reunión con la presidenta Moscoso, el funcionario debió regresar directamente a Washington.
La brevedad de la visita dio origen a especulaciones de que los "malentendidos" con el gobierno de Moscoso estaban llegando a un nivel "de innecesaria tirantez" en la opinión de un funcionario, que requería la presencia de un alto representante del gobierno de Clinton para poner las cosas en su correcta perspectiva".
"Será muy importante para Romero", destacó la fuente diplomática, "conocer la reacción de la presidenta Moscoso ante el nuevo enfoque que éste le presentará con respecto al problema de la limpieza de los polígonos de tiro".
"Asimismo, era hora de que la Presidenta supiera de la voz del más alto funcionario de política interamericana del gobierno de Clinton, cuáles son los obstáculos reales e imaginarios que están impidiendo un más rápido progreso en la reconstrucción de nuestra relaciones tras la histórica transferencia del Canal y de las tierras adyacentes."