Nación

Panameñas se apoderan de trabajos en la construcción


Lo que para la joven Josué Rivera comenzó con un simple cambio de vivienda, resultó ser un cambio radical de oficio.

Josué, de 34 años, quien vivía en una casa de madera en el sector La Caseta, en Curundú, se dedicó por varios años a la venta de pixbae y bollos, pero el proyecto de renovación de su barrio la llevó a capacitarse en construcción

 

Su día empieza a las 5:00 de la mañana, cuando que dedica a preparar el desayuno y arreglar a sus hijas para llevarlas a la escuela.

Culminada su labor de madre, se coloca un casco y ciñe un cinturón, en el que coloca un martillo para dar inicio a su jornada laboral como reforzadora de la obra.

 

Ella es una de las pocas mujeres que se atrevió a romper el molde para optar por un puesto de trabajo como obrera en este proyecto.

Josué contó que su historia inició cuando tocaron a la puerta de su vieja casa de madera, hablándole de la renovación de su comunidad y que debía optar por vivir en un albergue temporal o un alquiler mientras construían los nuevos edificios.

 

Al inclinarse por el alquiler, ella y su esposo Prudencio Ovalle tuvieron que abandonar la venta de bollo y pixbae, pues a donde iban a vivir no les era permitido continuar con esta actividad. Así que ambos se capacitaron y decidieron entrar a trabajar en la obra.

Josué empezó como ayudante general. Pintaba los albergues y luego pasó a ser reforzadora. Recuerda que fue una de las primeras mujeres en realizar este tipo de trabajo. Hoy día -a la par de otros hombres- confecciona formaletas para armar la azotea de los edificios.

“Al principio, me sentía rara de trabajar entre hombre, pero ahora, después de 18 meses de laborar, me he acostumbrado”, expresó.

 

Además de sentir orgullo de trabajar en la obra y haber construido el apartamento donde vive con su familia, siente que ahora no necesita pedir favores para arreglar las cosas en su casa, pues ella puede hacerlo.

El beneficio más grande para ella es que cuenta con un salario fijo y un seguro para sus hijos que antes no tenían.

Operadoras de equipo.
Pero esta no es la única historia de mujeres con casco. En la Línea Uno del Metro y el Proyecto de Saneamiento de la Bahía hay dos jóvenes que decidieron romper las barreras y laborar en la construcción.

Se trata de Maibeth Ramírez, de 23 años, y Yarilín González, de 24. La primera es operadora de equipo pesado en la Trinchera Norte del Metro y la otra opera la máquina de vaciado de concreto en la fábrica de dovelas del proyecto de Saneamiento de la Bahía de Panamá.

Maibeth inició cruzando peatones en la Cinta Costera. Ella viene de una familia de hombres que operan equipo pesado y antes de este trabajo era cajera en un almacén.

Yarilín, por su parte, empezó como oficinista en el proyecto. “Es un trabajo de hombre y soy la segunda mujer que lo hace”, destacó. Ahora Yarilín quiere estudiar ingeniería. “Atrévanse. No solo los hombres pueden desempeñar este trabajos, las mujeres también”, exhortó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América