"El estaba en la Universidad, en el Teatro en Círculo, era cantante, se quería meter en la PTJ", comenta su papá, quien aunque estuvo bastante delicado por la diabetes y la tensión que vivió al saber que su hijo iba a la guerra, ahora está más tranquilo.
La inclinación de "Calitín" por estar ligado a la milicia le nace a través de la admiración que sentía por su padre, al extremo que un día se puso su uniforme y un teniente lo vio y le llamó la atención al inspector Brandaris, diciéndole "oye vi a tu hijo con tu uniforme y él sabe que no puede hacer esa vaina".
Al fin le llegó su oportunidad de viajar a Estados Unidos a través de la amistad que tenía con un amigo.
Según cuenta su padre, cuando "Calitín", entró a la Armada tuvo la suerte que lo enviaron al Army en Clayton - Panamá a entrenarse y luego pasó a trabajar con la misión de "Fuerte Caminos", que lo llevó a recorrer casi toda Centroamérica y se hizo muy amigo del jefe que le ayudó a entrar a la DEA.
"Hace poco me vio en un reportaje que me hicieron por televisión, lloró y se puso contento y me dijo te vi caminando papá, porque en noviembre del año pasado cuando estuvo acá yo andaba en silla de ruedas por la diabetes", comentó su padre.
Lleno de emoción y orgulloso por la valentía de su hijo señala: "El está en Irak, ellos fueron a Bagdad, porque el batallón de él es de inteligencia y ellos son los que van adelante para que los otros después entren".
Su hijo le ha comentado que aunque las cosas están más tranquilas, no dejan de estar asombrados de que los batallones de Hussein no se ven por ningún lado y temen que de repente vayan a hacer una guerra de guerrillas y posiblemente puedan usar las armas químicas.
"Yo le decía tú vas para la guerra y aunque estuviste en el Army y sabes manejar toda clase de armas, no es lo mismo tirar a que te tiren, porque es ahí donde tú vienes a sentir miedo. La guerra es matar, si tú no matas te matan, no confíes en nadie ni en los niños, porque ellos son locos y mataron hasta a Cristo", dijo.
Agrega que ahora que sabe que se tomaron Bagdad está mucho más tranquilo, "porque yo sé, si al hijo mío le pasa algo, tenlo por seguro que voy a recibir una bandera americana, pero yo lo que quiero es ver a mi hijo sano, por eso quiero que se acabe pronto la guerra, pero mientras uno no sabe qué pueda suceder".
Nuevamente sus ojos se llenan de lágrimas y comenta: "yo me preocupo porque es el hijo más chico de los varones, pero es tremendo hombre, él aquí en La Chorrera organizaba actos en la Escuela Pedro Pablo Sánchez para ayudar a la gente que estaba en sillas de ruedas".
Su deseo más ferviente en estos momentos es que acabe pronto la guerra para que su hijo vuelva con su esposa e hijos y pueda así llegar a alcanzar en un futuro no muy lejano, su gran meta que es ingresar al FBI.
Indira Bethancourt es otra panameña (hermana de la periodista Yodalis Bethancourt), quien desde el Hospital Militar de Betesta en Estados Unidos atiende a los heridos que llegan del campo de batalla.
Hace unos días comentaba la fuerte impresión que le causó la llegada al hospital de los dos soldados mexicanos, uno de ellos médico, que perdieron una de sus piernas, producto de una granada que les estalló.
La amistad de los dos soldados, que nació en medio de la guerra, se hizo más fuerte por el dolor que ambos sentían tras la pérdida de uno de sus miembros inferiores, al extremo que no quisieron separarse ni en el cuarto del hospital donde permanecían.
Gracias a Dios, decía Indira, por el momento no había llegado al hospital ningún panameño, pero siempre estaba pendiente, pues en este caso no sólo son sus compañeros sino sus hermanos.
En tanto, los familiares de Gilberto Ernesto Kennedy, de 21 años, un soldado colonense de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos del Batallón 1 de Oklahoma y que estuvo al frente del combate en Irak, no pierden las esperanzas de que éste vuelva sano y salvo.
Cecilia Richards, madre de este joven, al que solo conoció hasta que tenía 6 años, dijo que se comunica con el tío de su hijo Guillermo Ng Kennedy que llama constantemente a Estados Unidos para tener noticias.
"He rezado mucho, le pido a Dios que me permita ver a mi hijo, y no pierdo esa esperanza que lo veré nuevamente con su sonrisa", dijo con emoción Cecilia, quien guarda muchos recuerdos de "Gunquicito" como le llaman a Gilberto.
Guillermo señaló que ha conversado con su hermano Gilberto y éste le ha dicho que aparentemente todo está bien. Sin embargo, su madre, que es la abuela paterna que está en Nueva York, ha llamado a la base de los norteamericanos y no le dan información.
Según los familiares de Gilberto que están en Estados Unidos, no se le brinda hasta este momento información de los soldados para que no se hagan especulaciones.
Guillermo indicó que su sobrino Gilberto debe estar en Bagdad, ya que el batallón al que pertenece fue uno de los primeros en llegar a Irak.
Gilberto se crió en la calle 8 central y Meléndez sector conocido como el Vaticano.
Respecto a los costos evalúa que deben ser muy altos porque hay pacientes que han necesitado 5 días en cuidados intensivos y otros 3 semanas y "si cada día en intensivo cuesta alrededor de 500 dólares, en un sistema de un costo promedio, en la clínica privada puede costar hasta 1,500 dólares sólo en el cuarto, no estamos hablando de personal médico ni medicamentos. Cualquier paciente en cuidados intensivo es muy costoso". Explica que la mayoría de las personas que les da este virus pueden tener un cuadro moderado, leve, quizás un 10 por ciento va a hacer un cuadro respiratorio. El total de los contagiados por el virus se desconoce. "Conocemos el dato del total de gente que le ha dado el cuadro severo", de esos el 3.5 por ciento se muere o se puede morir.
De 100 personas que le ha dado el cuadro severo 3 a 4 pueden morirse, es decir , la letalidad no es alta, lo que sí es alto es la agresividad del comportamiento clínico que requiere atención intensiva, asegura. La alerta se ha dado a los médicos, al personal de los aeropuertos, puertos, hospitales, líneas aéreas, agencias de viajes para tratar de identificar a las personas que vienen de las áreas infectadas.
La OMS no ha puesto en restricción a esos países, pero recomienda que si lo hacen sea por una razón que no puede posponer, hasta que no se conozca más de la enfermedad y que quienes vienen de esas áreas reporten sus contactos.
"Toda persona que haya venido de allá debe ser responsable y saber que los 10 ó 14 primeros días es un periodo crítico que la persona ante el menor síntoma debe buscar atención y usar mascarilla".
Manifiesta que con la aparición del SRAS se está tratando de atender en un área aparte a los pacientes que van con problemas respiratorios.