ERAN SENTIMIENTOS encontrados. Iban desde el temor hasta la esperanza, así llegaron el pasado miércoles a La Habana Cuba, 78 humildes panameños que serían operados por problemas oftalmológicos.
Algunos ya habían perdido la visión debido a las cataratas, otros sólo alcanzaban a ver nubarrones y unos cuantos presentaban estrabismo y párpados caídos, pero todos llegaron con la ilusión de recuperar o mejorar la vista.
Recibidos por el presidente panameño, Martín Torrijos y por jóvenes cubanos con una flor en la mano, bajaban uno a uno del avión de la línea Cubana de Aviación.
Manuel de Jesús Domínguez Padilla, un hombre de contextura gruesa y de piel morena, bajó del avión junto con un familiar, igual que todos los demás, pero sin palabras. La emoción le impedía hacer comentarios sobre la oportunidad que se le presentaba.
Con gafas oscuras que ocultaban su enfermedad, el hombre simplemente no podía responder a los cuestionamientos periodísticos que se le formulaban.
De pronto, una lágrima reemplazó las palabras. Al cabo de unos segundos y cabizbajo dijo, "señores periodistas yo no puedo hablar pregúntenle a mi acompañante" indicó, sin embargo, ante la insistencia de los periodistas accedió a hablar.
"Señores, esta es una gran dicha que Dios y los presidentes de Cuba y Panamá nos han dado a todos nosotros", dijo.
"Yo no veo por un ojo y la visión del otro la estoy perdiendo por las cataratas, sólo espero mejorarme con la ayuda de Dios y con la del gobierno cubano", agregó.
La emoción de Manuel era tal, que al ser preguntado sobre su lugar de residencia sencillamente se le había olvidado.
Otra persona que dio rienda suelta a sus emociones fue Elida Esquivel de Medina, oriunda de la comunidad de Cerro Batea. "En 62 años que tengo de vida, nunca había visto algo como esto, me siento orgullosa, agradecida... estoy perdiendo mi vista y gracias a Dios voy a volver a ver", expresó llorando.
Poco después de respirar profundo, continuó. "Tengo tiempo con esta enfermedad, se me está cayendo el párpado y no veo por mi ojo derecho, no sabía qué hacer, pues no cuento con las facilidades económicas para operarme".
La mujer agradeció al presidente cubano, Fidel Castro y a su homólogo panameño por esta oportunidad. "No hay nada peor que perder la vista de pronto y no poder hacer nada", puntualizó entre sollozos.
Mientras que Juan Heriberto Caballero, de 53 años y procedente del Sector 2 de Samaria, distrito de San Miguelito, aseguró sentirse contento tanto con el gobierno cubano como con el panameño, pues desde hace meses viene sufriendo de cataratas en su ojo izquierdo y ya se le estaba presentando la misma enfermedad en el otro.
El hombre, un poco nervioso y con sólo minutos de haber pisado suelo habanero, afirmó que producto de la enfermedad había dejado de trabajar, por lo que se le hacía imposible tratarse médicamente la enfermedad.
"Estoy muy contento, este gesto nunca lo olvidaré ", dijo el hombre con la voz cortada por la emoción.
Juan Heriberto estaba agradecido con ambas naciones porque ahora ya podría volver a trabajar y "no sería una carga" para su familia. "No tenía la forma de costearme una operación de este tipo", reiteró.
Tanto a la salida de Panamá como al pisar territorio cubano, lo que se vivió fue emocionante. Los panameños elegidos sólo sabían dar gracias después de mucho tiempo de estar esperando "el milagro".
Hubo llanto, agradecimiento y rostros encantados. Para algunos, ese además de ser un viaje para recuperar la visión, sería el primero que harían en avión.
Sus rostros eran la clara evidencia de que estaban satisfechos, complacidos. Ahora los que como ellos, tienen problemas, esperan correr con la misma suerte.
(enviado especial)
Panameños felices por volver a ver
El primer paso que deben seguir para participar del programa, es ser atendidos en su centro de salud para el diagnóstico.