A pesar de que la inversión en materia de seguridad en Panamá ronda los 300 millones de dólares, el incremento de las pandillas criollas es un fenómeno que no se ha logrado controlar; más aún cuando estos grupos empiezan a variar su “modus operandis” para evitar ser identificados.
La capitana González, de la sección Antipandillas de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), aseguró que los miembros de las bandas ya no suelen tatuarse en lugares visibles como los brazos, piernas o pecho.

La nueva modalidad que suelen implementar estos “pandilleros” es tatuarse la planta del pie con un pequeño símbolo, con la finalidad de evitar que los identifiquen.
“Esta es una de las mutaciones que hemos logrado detectar recientemente en estos grupos, ahora llevan las iniciales de la pandilla, un dibujo artistíco o la representaión de un animal que distinga a su grupo, en el puente de uno de sus pies”, explicó.

Entre los cambios que se empieza a notar, según los investigadores, es que ya no usan grandes grafittis para marcar su territorio, algunos solo colocan las iniciales en las paredes de sus barrios, pero ya no es el común denominador.
Añadió que su despacho mantiene bajo investigación a 33 expedientes por pandillerismo en la provincia de Panamá. Cada expediente representa una pandilla, destacó.
Números contrastan.
Sin embargo, las últimas cifras suministradas por el Ministerio de Seguridad indicaban que a nivel nacional operan 236 bandas delictivas. Esta cifra contrasta con un reciente informe suministrado por la Fundación Jesús Luz de Oportunidades, una organización sin fines de lucro que se encarga de resocializar y prevenir el aumento de estos grupos, que indica que en realidad existen 260 agrupaciones. De esta cifra, cerca de 50 están radicadas entre El Chorrillo y San Felipe.
Frente a estos números la capitana González desmitió el hecho de que sean más de 200 pandillas operando.
“Hay muchos grupos delictivos que están en ese listado y las mismas ya no existen. No descartamos que existan una cifra más alta de los 33 expedientes que manejamos, pero no supera los 200 casos”, añadió.
Pandillas se ramifican.
Lo cierto es que informes policiales indican que, con los trabajos que se están efectuando en Curundú, las pandillas han empezado a ramificarse e instaurarse en sectores como Kuna Nega, Veracruz y San Bernardino, en Arraiján porque sus integrantes han emigrado a estos lugares.
Niños pandilleros.
Algo que sí esta claro y ha podido comprobar la sección Antipandillas de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), es que dentro de los barrios más marginados como El Chorrillo, Curundú y San Felipe, entre otros, los muchachos incursionan a estas pandillas desde los 10 años de edad, producto de la desintegración familiar, la deserción escolar y los problemas sociales que enfrentan a diario.
Muchos de estos niños, a su corta edad, empiezan a cobrar importancia dentro de las bandas haciendo el trabajo de centinelas o de carteristas, conocido por ellos con el nombre de ‘piquiaderos’.
Jerarquías.
Las investigaciones de la sección de antipandillas de la DIJ también dan cuenta de que dentro de las pandillas existen cargos por jerarquías.
La cadena de mando de estos grupos la encabezan los cabecillas, luego cobran relevancia los sicarios o pistoleros, los tumbadores de droga y finalmente los centinelas y los ‘piquiaderos’ o carteristas.
Modus Operandi.
Otra de las metamorfosis sufrida por las pandillas, es que no solo se dedican al narcomenudeo y a los robos, ahora las bandas se organizan para organizar tumbes de droga, asesinatos por encargo y para ofrecer seguridad a los grandes narcotraficantes, en el país.