U na peligrosa alianza criminal toma fuerza en Panamá, al punto que puede poner en peligro a la misma sociedad. Se trata de la asociación de narcotraficantes y pandilleros.
La ecuación es simple: cuando el poder del narcotráfico es inyectado a las pandillas, la violencia en las calles se dispara.
Un 80% de los crímenes en el país tienen su génesis en el narcotráfico, y eso lo reconocieron a el ministro de Gobierno, Daniel Delgado Diamante y el director de la Policía Nacional, Rolando Mirones.
Informes de inteligencia de la Policía señalan que las pandillas reciben importantes sumas de dinero por actuar como sicarios, matando a los enemigos de los narcotraficantes, y por brindar seguridad a los cargamentos de drogas.
Los capos de las drogas se organizan en grupos denominados "bandas". En la ciudad de Panamá existen cuatro importantes bandas, que luchan por controlar el negocio y que mantienen en su planilla a varias pandillas.
La mayoría de los crímenes atroces tienen su origen en la lucha de las bandas y los trabajos que realizan las pandillas.
Dinero y poder.
Las pandillas ahora no solo se dedican al robo, venta de drogas, secuestro y homicidios por causas territoriales, basan una buena parte de sus ingresos económicos a su asociación con poderosas bandas que los suplen de dinero, armas y hasta influencia.
Los crímenes que a diario aterrorizan al país presentan un modus operandi, que se clasifica en una pirámide.
Las pandillas son la base, y están compuestas por desempleados, que dominan territorios y reciben por sus servicios pagos en efectivo o droga para ser revendida.
Un piso más arriba están las bandas, que son grupos organizados de delincuentes, dedicados principalmente al narcotráfico. Estas asociaciones tienen contactos en diferentes círculos de la sociedad y bufetes de abogados a su servicio.
Los cabecillas viven en áreas pudientes para no despertar sospechas y establecen sus negocios lejos de su residencia, a diferencia de los pandilleros que operan y dominan el lugar en donde viven.
Estos cabecillas contratan a las pandillas para que salden sus cuentas y evitan así involucrarse directamente en los crímenes. Los narcotraficantes saben que las pandillas dominan territorios y ellos no.
Otro trabajo importante de los pandilleros radica en facilitar y dar seguridad al tráfico de cargamentos de drogas por los territorios que dominan.
De esta manera, los narcotraficantes tratan de protegerse de los denominados "tumbadores", que son grupos dedicados a robar droga.
Cada tumbe de drogas genera una intensa cadena de hechos violentos, que termina en "ajusticiamientos".
Menores asesinos.
Los menores de edad conforman la mano de obra predilecta para las bandas, porque pueden evadir fácilmente un castigo penal y se conforman con poca paga.
¿Pero quiénes están en la cúspide de esta pirámide del crimen?
Las fuentes policiales y judiciales admiten que en esta parte de la investigación aún hay un signo de interrogación.
Allí se sospecha que pueden haber personas adineradas y empresarios con una buena reputación.
Pequeños capos.
El fiscal primero superior, James Bernard, explicó que la relación narcotráfico-pandillas genera la aparición de pequeños distribuidores locales, debido a que los cárteles, en ocasiones, pagan con droga.
Sostiene que esto constituye un importante foco de violencia entre las pandillas que luchan por vender su droga.
Manifestó que para aplicar la ley antipandillas se necesita un equipo de trabajo especializado, más recursos tecnológicos y tecnificación de los entes de investigación.