La modernización del pasaporte no corre pareja con la modernidad anquilosada del mecanismo para renovarlo, u obtenerlo. Tal parece ser la queja de muchos ciudadanos que alegan ser recibidos en la Dirección de Pasaportes, con baños de agua fría que congelan sus emociones de viajar.
No había transcurrido un mes desde que se inauguró, en julio del año pasado, el nuevo sistema de emisión de pasaportes, cuando ya los conatos de quejas por la atención, merodeaban la Dirección Nacional de Pasaportes del Ministerio de Gobierno y Justicia.
Una de ellas fue la de Arsenio Jaramillo, quien recuerda haber acudido en septiembre a tal dependencia estatal, con el fin de actualizar su pasaporte. Los requisitos -en apariencia- no dejaban margen de duda: copia de la cédula, pasaporte vencido, y certificado de nacimiento.
Habiéndolos cumplido y llegado con ellos en la mano a la Dirección de Pasaportes, aguardó a su turno. Entonces fue instruido por la funcionaria para presentar copia del pasaporte viejo, y del certificado de nacimiento, a lo que reprochó: "¿Por qué no lo dijeron antes?
Para varios no será un gasto oneroso, pero para muchos, los 15 centésimos que debió pagar Jaramillo en una fotocopiadora -convenientemente situada frente a la dirección de pasaportes- por cada copia adicional y tardía que le fue requerida, puede significar el pasaje de bus.
Jaramillo se quejó -como parece rutina en esa oficina- ante una encargada, a quien reclamó el que no se especifiquen todos los requisitos.
Al parecer no fue desoído, pues hoy no exigen copia del certificado de nacimiento y especifican la necesidad de presentar copia de la cédula. Los requisitos para obtener pasaporte ordinario son: original de certificado de nacimiento, cédula vigente y fotocopia, más 50 balboas.
Para renovar el documento se requiere el pasaporte vencido, la cédula vigente y fotocopia, en el caso de menores la presencia de los padres, original de certificado de nacimiento, y los 50 balboas, que por cierto no agradan si se considera que antes por el mismo precio el documento era más grande.
Estos aparentemente simples requisitos debieran ir, aunados con la modernización del pasaporte, hacia el logro de una gestión sencilla y eficiente. Pero la modernización del documento parece quedar anquilosada con las trabas que presenta, por ejemplo, un local que hoy se hace estrecho.
Como se sabe, a finales de julio del año pasado, se inauguró el nuevo sistema que moderniza el pasaporte. El acto estuvo presidido por la directora de Pasaportes, Carlota de Allen, quien dijo que el nuevo documento era más pequeño, y que ello lo hacía "más manejable al portador".
En el mismo evento fue visto el presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares quien, al tomar la palabra, dijo que los pasos que se adoptan significan que "nos preparamos con toda conciencia a fin de superar los retos de la modernidad".
Lo ocurrido a Jaramillo tal vez no rebasó lo anecdótico, pues superó el escollo en minutos. Pero por ese mismo tiempo, cuando se inauguraba el sistema, otro ciudadano no requirió leer "El Castillo", o "El Proceso", para conocer el sempiterno laberinto de Kafka.
Luis Alberto Díaz, presidente del Colegio Nacional de Periodistas, narró en una columna que publica semanalmente, que el 27 de agosto acudió a la Dirección General de Pasaportes para renovar su documento, y se presentó con su cédula y con el pasaporte vencido.
"Después de solicitar información en dos ventanillas, me dijeron que necesitaba el certificado de nacimiento, documento que jamás me pidieron, porque cumplí con él .... cuando solicité por primera vez el pasaporte que me corresponde como nacional de la República de Panamá", escribió.
Empero, sigue diciendo, intentó cumplir con el "absurdo requisito", cosa que le resultó imposible, porque el Tribunal Electoral suspendió la entrega de certificados de nacimiento hasta el 2 de septiembre, con motivo del referéndum del 30 de agosto de 1998.
Continuando la narrativa, el -hasta ese momento- viajero frustrado, intentó sin éxito acudir ante una autoridad de la Dirección de Pasaportes, y se vio forzado a esperar hasta el 2 de septiembre cuando otra serie de inconsistencias se resumieron en la boca de una burócrata: "Vuelva mañana".
Si revelar qué acaparó más tiempo, ¿el viaje que materializó después o la gestión en la oficina de pasaportes para emprenderlo?, el columnista reflexionó severamente escribiendo: "Lo peor que he visto como dependencia gubernamental es la Dirección de Pasaportes".
"Piden un certificado de nacimiento para renovar un pasaporte cuando ya ese requisito lo cumplí al momento de solicitarlo por primera vez", dijo casi al final del escrito, sin saber que ahora en enero, ad portas del nuevo milenio, una jubilada haría igual reclamo con respecto a su registro.
A ella no le aceptaron una copia de su registro, por lo que se quejó: "¿Por qué tengo que ir al registro cuando ese documento, lo mismo que la cédula, ya se sacó una vez?", inquirió con el ceño fruncido una jubilada a quien se le abordó el pasado viernes a la salida de la oficina de pasaportes.
La señora no requirió ser persuadida para que emitiera su opinión con respecto al servicio. "¿Está satisfecha con el servicio para obtener pasaporte?", se le preguntó una milésima de segundo antes de que ella devolviera un pronunciado "no". La señora halló un desahogo hablando.
Mire, dijo tras inhalar para hablar de corrido, "yo como jubilada pago 25 balboas por el pasaporte, y a mí se me vencía el 12 de julio, pero como vine y me pusieron el sello, me cobraron cuatro dólares adicionales y pagué en total 29 balboas. Si estuviera vencido lo acepto, pero no era el caso".
En su afán de queja, la señora mostró el nuevo documento de sólo 32 páginas, cuyo costo es igual (50 balboas) al antiguo pasaporte que mostraba 56 páginas. A este respecto un ciudadano se quejó porque ahora las páginas son más pequeñas, y el sello sigue siendo muy grande.
Quien viaja con frecuencia sabe que el pago hoy, por un pequeño documento, es igual al que pagaba por un documento más grande. En medio de las quejas y dando un giro en el tema del documento, otro quejoso hizo notar: "Debiste venir el lunes". Ese día según él, la fila para accesar a la Dirección de Pasaportes serpenteaba la acera.
Tras hablar en la entrada de la Dirección con uno de los custodios ataviados con un uniforme que recuerda a los tiempos del militarismo, el tercer intento de entrevista (los dos primeros fueron a través de RRPP) en la semana, con la directora de Pasaportes, se vio frustrada.
Por ello fue imposible conocer si se proyecta una paridad entre el servicio para lograr obtener el pasaporte y la modernización del mismo, ó entre el tamaño del documento, y el costo del mismo.