AL MINISTRO Miguel Ángel Cañizales, el hombre elocuente que a veces parece traicionado por el nerviosismo, le hace bien la comodidad de un sofá.
Sentado en un amplio sillón de su oficina, descubrimos que no hubo espacios para tartamudeos o palabras a medidas que ya antes han servido de condimento a crudas sátiras en los medios de comunicación.
El amor por su familia, los guayacanes y el escabeche lo transportaron a su pasado humilde, que disfrutó narrando a Panamá América, sin omitir detalles.
Fácil de palabra y dispuesto para el intercambio, Cañizales no dudó en recordar aquella época en que las calles de Colón se inundaban, se llenaban de lodo y él, junto a sus amigos, aprovechaban para ensayar técnicas de nado.
Es un orgulloso colonense y mientras lo ratificaba, hechos paradójicos se hacían presentes.
Resulta que el titular de Educación que hace unos meses enfrentó en la mesa del diálogo, sobre el aumento salarial, al aguerrido dirigente magisterial Andrés Rodríguez, tiene mucho más en común con él, que la tierra donde nacieron.
Ambos comparten el deseo de que el Colegio Abel Bravo siga siendo cuna de exitosos profesionales. Cañizales como egresado y Rodríguez como docente.
Y es que fue en esa escuela donde hizo sus primeros años de secundaria para luego y por una beca, ingresar al Colegio La Salle, donde culminó su bachillerato en Ciencias y Letras.
"Cuando llegué a este plantel tuve una nueva experiencia. Hasta ese momento me había tocado compartir los libros con mis compañeros, estudiar con ellos en la biblioteca y escuchar cómo se las ingeniaban para conseguir sus zapatos. En la escuela particular era diferente y eso me impactó".
Ese periodo le permitió ser lo que es hoy día: un humanista. Sus ratos de reflexión, desde que tenía 12 años, la lectura profunda, el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta y la meditación, son los secretos que guarda el ministro de 48 años para resolver conflictos.
A este hombre que acepta que "de política conoce muy poco", la adolescencia le marcó etapas importantes.
Además de enfrentar la pérdida de uno de sus cuatro hermanos, quien murió de leucemia, empezó a dar forma a su elección académica.
Leía hasta la saciedad. Sus amigos iban por él para jugar, pero Cañizales se quedaba en casa a explorar la filosofía de Gandhi, la medicina natural y escuchar a su madre diciéndole: "eres un niño viejo".
Aunque el boxeo y el karate le apasionaban, comprendía que debía esforzarse por un título universitario, ese que su padre (bocatoreño) y su madre (colonense) no obtuvieron.
Esa meta se cumpliría después. Al concluir el bachillerato se inscribió en Pscilogía, en la Universidad de Panamá.
"Dormía tres o cuatro horas y no me importaba.. estaba fascinado".
Cinco años más tarde se graduó y tomó un avión a Miami. Aprendió desde preparar tragos hasta hacer negocios.
Esa garra le permitió planificar, junto a su esposa, estudios posteriores en México, que concluyó con honores.
Vencer los retos y su firme deseo de superación fueron las armas que lo llevaron a convertirse en rector de prestigiosas universidades y titular de Educación.
Sin embargo, no ha terminado. Confiesa que tiene pendiente llevar la enseñanza a aquellos sitios remotos del país donde los niños, al igual que él, saben lo que significa jugar con lodo.
Una maestría en Psicología Social y otra en Laboral, así como un varios doctorados.
Fue rector de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (ULACIT) y presidente del Consejo de Rectores.
Ha dictado clases en 23 universidades internacionales, incluyendo Francia.
Tiene más de 100 publicaciones en revistas científicas y medios de comunicación.
Es padre de tres niños (dos varones y una niña). Su esposa es odontóloga.
Se confiesa "amante de la naturaleza y torrijista de corazón".
Pasión por la filosofía y educación
Su filosofía de vida no le permite comer carnes rojas, pero satisface su paladar con la sazón de la comida colonense.