Colombia.- A pesar de la nota disonante que el presidente Fidel Castro de Cuba imprimió a la X Cumbre Iberoamericana, muchos de los 23 jefes de Estado y Gobierno consultados coinciden con el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, cuando dice "hay que dejar atrás el pasado y forjar el futuro".
El mandatario colombiano, así como los presidentes andinos y centroamericanos, consideran que debiera enfatizarse más los aspectos positivos de la Cumbre de Panamá, especialmente la Declaración centrada en los gravísimos problemas que padecen los niños, una situación que los gobiernos se han comprometido a remediar antes del año 2015.
"Lo importante es dejar atrás el pasado y pensar en el futuro," declaró Pastrana en una entrevista con el enviado de El Panamá América.
"En la propia cumbre tomamos la decisión que esos son hechos del pasado, que la cumbre no puede volver a este tipo de hechos como los que se presentaron en Panamá", añadió, haciéndose eco del enorme esfuerzo que realizaron los presidentes para borrar la polémica que estalló en la reunión entre Castro y el presidente de El Salvador, Francisco Guillermo Flores.
Sin embargo, algunos presidentes y observadores consideraron la tajante negativa del líder cubano a suscribir un documento condenando el terrorismo de ETA, que por primera vez quebró el consenso político en 10 años, sacudió, quizás irremediablemente, la construcción de una comunidad entre España, Portugal y las 19 repúblicas latinoamericanas, el objetivo esencial que inspiró a Madrid a lanzar el proyecto de las cumbres en 1991.
El tema de las cumbres probablemente será abordado informalmente cuando un nutrido número de jefes de Estado, inclusive la presidenta Mireya Moscoso, se reunirá en México el próximo viernes para la toma de posesión del presidente electo Vicente Fox. También asistirá el embajador mexicano Jorge Lozoya, secretario ejecutivo de las Cumbres Iberoamericanas con sede en Madrid.
En tanto, los duros choques verbales que se produjeron entre el líder cubano por un lado y los jefes de Gobierno de España y México, además de El Salvador, por el otro, han dejado perplejos y preocupados a muchos de los que los presenciaron.
"Fidel está decrépito, está arrinconado en su propio país, pero resiste de retirarse del escenario mundial", fue uno de los comentarios de un presidente que no ocultó su irritación por el tiempo que ocupó la polémica, postergando el almuerzo hasta las siete de la tarde. "Entonces tiene que protagonizar situaciones dramáticas que sabe que lo convierten en el centro de atracción, mientras nosotros perdemos el tiempo".
A otros, que aún reconociendo de que Castro también fue objeto de atentados terroristas, les pareció inverosímil que permitiera que la condena al ETA se convirtiera en una querella con España y México, dos de los países que han sido más solidarios con Cuba, resistiendo, en muchos casos, a claras presiones de Estados Unidos.
Pero casi todos coinciden con las intervenciones de los presidentes Jorge Batlle, del Uruguay y Hugo Chávez, de Venezuela, que consideraron que la cumbre no era el lugar ni la ocasión para sacar a relucir las rencillas que agitaron al Caribe y Centroamérica durante los últimos cuarenta años.
Pastrana, cuya primera formación fue en el periodismo, ponderó que mientras los choques verbales son pasajeros, la trayectoria de las cumbres ha dado importantes resultados tanto de concertación política como de importantes obras de desarrollo, en un momento en la historia mundial en la que los países, tanto por razones culturales como geopolíticas deben consolidar relaciones con países afines para enfrentar los retos de una inevitable globalización.
Un editorial en El País de Madrid, un periódico que tiende a simpatizar con la revolución cubana, tuvo una apreciación similar cuando señaló: "Habría sido deseable que el Gobierno de Cuba se sumara a la resolución contra ETA que suscribieron los otros 20 países participantes en la Cumbre Iberoamericana de Panamá. Pero es poco deseable que ese asunto se convierta en el eje de la reunión, al menos en su proyección en los medios, y especialmente lamentable que transmita la idea de que ETA cuenta con apoyos al otro lado del Atlántico".
Al destacar algunos aspectos positivos de la reunión, Pastrana señaló la propia urgencia con que fue enfocado el tema central de la niñez, que él ya había tratado con la presidenta Mireya Moscoso, la autora de la iniciativa, cuando ella visitó esta magnífica ciudad colonial hace apenas dos meses.
Anotó que los informes que fueron presentados, precisaron que la mayoría de los países de Latinoamérica y el Caribe han logrado reducir las tasas de mortalidad infantil y prevenir enfermedades endémicas, aunque persisten en la región los altos índices de pobreza que han dado como resultado la marginación de cerca de 40 millones de niños. La Declaración de Panamá constata esta realidad y reclama a los gobiernos acciones de equidad y justicia social.