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Peligor asecha traes el monitor


LA CONEXIÓN dura unos segundos y luego de esto, no hay distinción en internet. Niños y adolescentes acceden con la misma facilidad que un adulto. El único elemento para persuadir a los menores, de entrar a páginas de contenido sexual explícito, es un anuncio cuyas opciones son "declinar" o "entrar" al sitio destinado para mayores de edad. Es sencillo escoger este último camino, pues una PC no puede identificar la edad cronológica del usuario.
En Panamá, la red tiene unos 45,000 usuarios, pero aunque esta cifra vaya en aumento y la herramienta es accesible a más hogares panameños, los softwares "para padres", que bloquean el contenido sexual no son muy populares.
Así las cosas, no resulta difícil el acceso de menores a sitios de pornografía y salas de charla con tópicos eróticos, que en algunos casos esconden un peligro tras el monitor.
Cibersexo, videos eróticos reales e invitaciones a encuentros personales es lo que puede encontrar una quinceañera en internet.
Bajo la identidad ficticia de "Diana", este medio consultó salas de chat nacionales e internacionales, en donde la demanda de adultos que buscan algún contacto sexual con menores es cada vez mayor.
La decisión de a qué sala entrar es compleja, pues la oferta es grande. Las salas creadas por usuarios parecían una mejor opción.
La sorpresa fue grande al ver que la temática de la sala de chat con mayor número de usuarios era "fotos y videos de pedofilia". Mientras otras apenas alcanzaban los 50 usuarios, los de ésta superaban el centenar.
Finalmente, "Dianita_15" entró a la sala denominada "sexo". El solo pseudónimo o "nickname" alertó a los presentes de que se trataba de una joven de 15 años y las propuestas para conversar fueron superiores a las de otras participantes femeninas.
Antes de poder saludar, ya había propuestas de hombres con edades superiores a los 25 años, que eran desde compartir un video en tiempo real donde (la menor y el adulto) estarían desnudos realizando actos sexuales, hasta compartir imágenes pornográficas.
"Astro", de 37 años, se convirtió en el primer contactado, quien luego de un simple "hola", envió la foto de sus genitales y procuró iniciar una conversación sobre lo que le gustaría experimentar con la adolescente de 15 años. "José Alfredo", de 22, dijo tener predilección por las menores.
Evitando incitar, la próxima opción fue la sala de "amigos", en que se tratan temas variados, pero no hubo diferencia.
Pronto "Martín", un mexicano de 41 años, no sólo pidió conversación, sino compartir su imagen desde una cámara web. En segundos, apareció en video un Martín parcialmente desnudo masturbándose frente a lo que esperaba, era una joven quinceañera.
"¿Te gusta lo que ves?, ¿qué quieres ver?, pide y será cumplido", alcanzó a decir antes de finalizar nuestra conversación.
El próximo intento fue en una charla local, en donde los panameños conversan de asuntos propios, obviando los temas sexuales. Rápidamente, la conversación fue entablada con "Creativo" quien dijo tener 30 años y trabajar para una compañía telefónica.
Ante el aviso de su compañera de charla, Diana, de que era menor de edad, se mostró indiferente y después de unos minutos de plática sugirió un encuentro, sin importar que eran pasadas las 2:00 de la madrugada. Para tal efecto, reveló sus generales.
En la misma sala, "Sebastián", quien más adelante reveló también su verdadera identidad, tampoco tuvo reparos en dialogar con "Diana", pese a ser un joven profesional de 27 años, con un trabajo estable.
Una plática sencilla se transformó pronto en una invitación para "enseñarle" a la joven técnicas sexuales personalmente. Para lo cual refirió experiencias pasadas con una joven de 16 años, la conversación culminó luego de su ofrecimiento para "hacer lo mismo" que con la adolescente anterior.
Quien utilice a una persona menor de edad en actos de exhibicionismo obsceno o en pornografía, sea o no fotografiada, filmada o grabada por cualquier medio...será sancionado con prisión de 4 a 6 años. (Artículo 231-E de la Ley 16, de marzo de 2004)
La investigación realizada por Panamá América abarcó algunos "cibercafés" que ofrecen el servicio de internet a bajo costo, pero no protegen al menor de acceder a contenido adulto.
Este medio recorrió algunos locales. En San Miguelito, un cibercafé presenta una particularidad, el escritorio de la PC está cargado de accesos directos a sitios pornográficos, así como la herramienta de "favoritos" y la página de acceso a internet. En el sitio no se pide identificación alguna.
En un local, en El Dorado, donde los jóvenes pasan la tarde entera del viernes, un adolescente permanecía absorto frente al monitor en un oscuro y poco vigilado rincón. Los encargados no se interesaron en saber qué consultaba, más bien estaban concentrados en mirar el monitor de quien firma esta nota.
Uno cercano a la Universidad de Panamá ofrece modernos equipos, pero no filtro de contenido.
Al respecto, la Policía Técnica Judicial (PTJ) trabaja en un proyecto para que los concurridos sitios sean regulados, según adelantó Luis Henríquez, de la entidad.
Sobre casos como los expuestos, el especialista asegura que no son muchos en el país, pero que es consciente de que existen.
Henríquez, afirma que el hecho de que adultos busquen establecer contacto sexual de cualquier tipo con menores, se considera un delito y quienes lo cometen podrían ir a prisión.
Antes de investigarlos, apela a la responsabilidad de los padres, quienes advierte, deben tratar de conversar con sus hijos sobre sus preferencias en la red.
Sobre las sanciones, se remite a la recién sancionada Ley 16, de marzo de 2004, que castiga el abuso a menores, el uso de medios tecnológicos para este fin y el turismo sexual, entre otras disposiciones.
Según Henríquez, no importa si el adulto que promueve las acciones está en cualquier parte del mundo, igual puede ser sancionado.
El especialista adelantó que personal de la PTJ se capacita actualmente en informática para hacerle frente a los ciberdelitos. Algunos se adiestran en rastreo a través de ordenadores.


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188503
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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