De acuerdo con las autoridades de Migración y la Policía panameñas, mantener una custodia efectiva de las fronteras y las costas es una tarea verdaderamente difícil, debido a sus características particulares.
Informes policiales obtenidos por Panamá América destacan que las mayores dificultades para las autoridades nacionales se encuentran en la frontera de Panamá y Colombia, ya que la región fronteriza del Darién es muy extensa tiene una inmensa selva en donde la comunicación se debe realizar a través de los ríos.
Destacan que aún destinando miles de hombres y recursos sería muy difícil evitar la llegada de indocumentados, quienes vienen de Perú, Colombia, Ecuador y China Continental.
La forma más usada por los asiáticos para llegar ilegalmente a Estados Unidos, es realizar un viaje desde China hasta Hong Kong, de allí pasan a Holanda, y luego hacen una conexión hasta Ecuador, para realizar un viaje por tierra hasta la frontera con Colombia.
Una vez en tierras colombianas deben tomar una embarcación hacia el puerto de Buenaventura. El viaje supera los 20, 000 ó 30, 000 dólares en su totalidad, ya que en ocasiones se deben pagar peajes a grupos guerrilleros o paramilitares que controlan ciertas zonas en Colombia.
Otra de las alternativas para el tráfico de indocumentados es llegar por el lado Atlántico, en donde las autoridades han logrado capturar a grupos de ilegales en el área de Isla Grande y las costas de Colón. Sin embargo, esta es una ruta menos usada por los traficantes.
Lo más común es que los indocumentados entren por las costas del Pacífico o Darién, luego sean trasladados por tierra hasta la frontera con Costa Rica, en donde existen por los menos 300 senderos clandestinos por los cuales pueden cruzar.
Una vez en suelo tico, los ilegales viajan hasta Guatemala en donde se embarcan para viajar a México. Allá son recibidos por quienes los llevan hasta la frontera con Estados Unidos. Las autoridades admiten que en los puestos de control ubicados en Paso Canoa, Río Sereno y Guabito la vigilancia es defectuosa y se requiere de más personal y equipo para controlar el movimiento de personas.
Sólo en la garita de Jacú las autoridades han tenido en los últimos meses indocumentados de origen cubano, chinos y colombianos que han intentado evadir el puesto de control utilizando un camino que pasa por la comunidad de Aserrío.
En otras ocasiones, los indocumentados son abandonados a su suerte en las playas, como ocurrió en una ocasión e la bahía de Panamá y en el área de Monagre, en Los Santos.
Arriesgan su vida, no temen a ser asaltados, abandonados, detenidos o deportados. Su objetivo es llegar a Estados Unidos y alcanzar su sueño: una vida mejor.
A pesar de las restricciones aplicadas en las fronteras y el mayor número de agentes dedicados a las tareas de vigilancia en todos los países, el flujo de migración ilegal hacia el Norte no se ha detenido en los últimos años.