Nueve de cada diez habitantes de las zonas indígenas panameñas viven en pobreza extrema, donde la ayuda para los afectados por la desnutrición tarda más en llegar, dadas las distancias que separan una población de otra y lo difícil del acceso a estas regiones, indica el último informe sobre derechos humanos elaborado por la Iglesia católica.
El documento emitido por la Comisión de Justicia y Paz, y que comprende los meses de noviembre y diciembre de 1999, agrega que para recibir atención médica los indígenas tienen que caminar más de diez horas por la montaña para llegar a un centro de salud, sin equipo médico especializado y con escasos recursos, por lo que generalmente tienen que ser trasladados vía marítima a un hospital, dependiendo de las condiciones climáticas.
El informe añade que la desnutrición infantil está íntimamente ligada a la pobreza, pues más de 151 mil niños viven en la miseria.
"De acuerdo al perfil mencionado, en 1997, el 37.3 % de la población nacional vivía en pobreza total; afectándose 1,020,000 personas aproximadamente. Del porcentaje mencionado, el 18.8 %, es decir, 515,000 personas vivían en condiciones de pobreza extrema o indigencia, las cuales se concentran en las zonas rurales e indígenas", señala el documento.
También indica que en el país se evidencia una marcada desigualdad social, caracterizadas por la acumulación de riquezas en pocas personas, lo cual genera y perpetúa la pobreza.
"De hecho, Panamá tiene una de las peores distribuciones de ingreso en América Latina, y a nivel mundial, lo que impide el acceso a las necesidades básicas de alimentación, salud, vivienda, educación, transporte y vestido de las grandes mayorías empobrecidas", sostiene el informe.
De igual forma agrega que el problema del analfabetismo es alarmante, particularmente en las áreas indígenas, pues allí alcanza el 44.3 %, mientras que unos 43 mil 892 jóvenes a nivel nacional, entre los 15 y 29 años de edad son analfabetas.
"En relación con las mujeres analfabetas, se señala que las mismas quedan atrapadas en un círculo vicioso de pobreza, embarazos frecuentes, mala salud e impotencia frente a la solución de sus problemas. Por tanto, para la mujer la educación determina, entre otros aspectos, el acceso a un empleo remunerado, su capacidad productiva y su salud en general", subraya el informe.