El recuerdo de una desaparición forzosa o asesinato de una persona por motivos políticos siempre es una experiencia traumática para sus familiares. La intimidación, persecución, detención y hasta el exilio, vienen a la mente de aquellos panameños que todos los días se levantan con la esperanza de tener noticias del paradero de su ser querido.
Desde el 2 hasta hoy domingo 9 de junio, se conmemora la Semana del Desaparecido en Panamá, período en el que se han realizado actividades de divulgación, encuentros de familiares de desaparecidos, vigilias y foros, por parte del Comité de Familiares de Desaparecidos de Panamá Héctor Gallego (COFADEPA-HG).
Los actos de conmemoración culminan hoy, con una concentración de comunidades cristianas y organizaciones populares en la población de Santa Fe de Veraguas, donde en la misma fecha en el año 1971, desapareció el padre Gallego.
Entre las actividades de la semana, los familiares de los desaparecidos efectuaron una vigilia frente a la Procuraduría General de la Nación el pasado miércoles, donde colocaron velas y exhibieron fotos y recortes periodísticos sobre los casos de crímenes y desapariciones ocurridas durante el gobierno militar, impuesto el 11 de octubre de 1968, y que fue desmantelado tras la invasión militar norteamericana del 20 de diciembre de 1989.
Una de las que estuvo presente en la vigilia fue Eloisa Fernández, esposa de Floyd Britton, dirigente popular arrestado por la Guardia Nacional el 12 de octubre de 1968, trasladado a Coiba, asesinado el 29 de noviembre de 1969 y luego desaparecido.
"Estamos en esta vigilia para recordar a nuestros familiares y para que el pueblo no se olvide que existió un gobierno de Omar Torrijos que se dedicó a perseguir y asesinar a personas jóvenes con ideas nuevas", declaró Fernández a El Panamá América.
Relató que muchos fueron los encarcelados injustamente el día después del golpe militar, como el caso de Britton, que fue apresado en horas de la mañana y permaneció preso un año en la Cárcel Modelo, junto a otras personas.
Posteriormente Britton fue trasladado a la isla penal de Coiba, junto a otros cinco adversos al régimen militar, entre los que se encontraban Alvaro Menéndez Franco y los hermanos Carrasquilla.
"En menos de quince días sólo regresaron cuatro y Floyd fue asesinado vilmente por no haber hecho nada, simplemente por tratar de mejorar la situación social, económica y tal vez política del país; eran ideales de los muchachos", dijo Fernández.
Consideró que la conmemoración de la Semana del Desaparecido en Panamá es una acción positiva, más en estos momentos en que existe una Comisión de la Verdad a través de la cual los panameños jóvenes han podido conocer y enterarse de hechos que no eran divulgados.
"Esta actividad la estamos haciendo para recordarle a las autoridades competentes que nosotros todavía estamos exigiendo justicia. Que se sepa la verdad completa, entera, total y que si hay acusados o culpables, que se les castigue y que se despejen esas incógnitas que se mantuvieron en un letargo de 1968 a 1989", señaló Fernández. A su juicio, el régimen militar propició la maldad, el desorden, la corrupción y toda clase de vicios sociales, económicos y políticos.
Al igual que Fernández, la joven Maribel Montezuma Palacios, sobrina del líder indígena Ngobe-Buglé, Tomás Palacios Salinas, desaparecido en 1969, espera que se haga justicia con aquellos panameños que fueron víctimas de persecución, tortura y asesinato.
"Tomás fue un gran dirigente en la organización de los obreros en la Chiriquí Land Company, tanto en Chiriquí como en Bocas del Toro", manifestó Montezuma a El Panamá América
Recordó que el movimiento de su tío, que desapareció en Colorado Centro, Progreso, Chiriquí, en 1969, junto a otros tres compañeros, era dirigido a crear conciencia entre sus hermanos indígenas de que eran explotados por la empresa.
"El se hizo peligroso para el gobierno de la dictadura de ese entonces y por supuesto para la misma compañía. Por eso fue perseguido junto con su hermano Vicente Palacios Salinas, que todavía está vivo", indicó Montezuma.
Agregó que Tomás y su hermano Vicente tuvieron que caminar por la noche e inclusive "vestirse de mujer" para poder ocultarse de la Guardia Nacional, hasta que llegó un momento en que su tío fue apresado, lo trajeron a Panamá y nunca más se supo de él.
"No sabemos si está vivo o dónde están sus restos, qué le hicieron durante su detención, aunque sí hay testimonios de personas que lo vieron la última vez en la cárcel Modelo", declaró Montezuma. A pesar de no haber conocido a su tío Tomás, Montezuma siempre lo tiene presente por lo que su otro tío le ha contado de él.
"Participo en esta lucha desde que se constituyó el Comité de Familiares de Desaparecidos de Panamá. Me he unido a esta lucha para pedir justicia, sobre todo, porque si la persona no está viva no se puede resucitar, sólo Dios puede hacerlo, pero nosotros exigimos respeto a los derechos humanos", puntualizó Montezuma.
Hizo un llamado a la juventud actual para que trate de averiguar la verdad, ya que no siempre aparece en los libros de texto. Sugirió que investiguen entre las personas mayores de 75 años, puesto que son fuente de primera mano por sus testimonios.
"Mi tío Tomás ha sido una gran pérdida para la etnia Ngobe-Buglé, ya que hoy en día no existe líder de su talla. Estoy segura que si viviera continuaría luchando por su gente", subrayó Montezuma.
A los pedidos de justicia se suma también Kilmara Mendizábal, hermana de Marlene Mendizabal, cuyo caso actualmente ha tomado auge toda vez que una prueba de ADN ha determinado que el cuerpo sin vida que se presentó en el juicio contra sus presuntos asesinos no es el de Marlene. "Queremos se sepa la verdad y que se haga justicia con los desaparecidos y los asesinados en los tiempos de la dictadura militar", sentenció Kilmara.
Sostuvo que la noticia del examen de ADN del cuerpo que se utilizó como evidencia en el juicio no les resultó una sorpresa, ya que desde 1995 sus familiares fueron informados por la antropóloga argentina, Silvana Turner, quien exhumó los restos atribuidos a Marlene Mendizabal, de que los huesos del fémur "no correspondían" a la estatura de su hermana.
"Veníamos diciendo eso y por eso queríamos que el juicio no se realizara en Penonomé, sino en Panamá y que una fiscalía especial investigara tantas evidencias y los testimonios de las personas que estuvieron en los hechos en Mariato en 1976", declaró Kilmara.
Añadió que los familiares de Marlene en todo momento se negaron a participar en el juicio porque tenían dudas de que el cuerpo usado como evidencia fuera de ella. "Ese examen de ADN determinó que los huesos que el Ministerio Público entregó a la Comisión de la Verdad no corresponden a los de mi hermana", dijo Kilmara.
Reiteró que los parientes de los asesinos eran personas influyentes, parientes del entonces hombre fuerte de Panamá, Omar Torrijos, razón por la que se dio ese hermetismo y desinterés por esclarecer el crimen de Marlene.
"Se hizo un juicio sobre ello finalizando el año 1996, que duró tres horas, y se absuelven a los asesinos. Seguimos insistiendo que las autoridades no han cumplido con su deber de esclarecer el crimen de mi hermana", manifestó Kilmara.
Llamó a la juventud a dar gracias porque ahora en el país impera la democracia, donde todos salen a las calles a pelear por sus derechos, pero indicó que los integrantes del Comité de Familiares de Desaparecidos de Panamá seguirán luchando para demostrar que con los militares ocurrieron crímenes y violaciones de los derechos humanos, con desapariciones, asesinatos, violaciones carnales y expropiación de tierras.
"Los militares hacían lo que querían. El general Torrijos tenía un poder absoluto en los tres órganos (Judicial, Ejecutivo y Legislativo), mandaba, ponía y hacía lo que le pareciera. A la juventud le damos el consejo de que se mantenga solidaria y respetuosa para no permitir que los 21 años de dictadura vuelvan a suceder", subrayó Kilmara. El informe de la Comisión de la Verdad da cuenta de 110 desaparecidos y asesinados en Panamá.
Ramón Cruz Mójica, Tomás Palacios, Alonso Saurín Castillo, Osvaldo Jiménez, Heliodoro Portugal, Hildebrando Manzo, Daniel Heart, José Gutiérrez, Javier Guerra, Manuel Díaz, Juan D. Araúz, Jorge Icaza, Generoso Beytía, Basilio Rivera, Fuentes Castillo, Cesáreo Tejada, Julio Samudio, Encarnación González, Belisario Gantez, Dorita Moreno, Cecilio Serracín, Carlos Milord, Víctor Saldaña, Floyd Britton, Everett Kimbles, Julio Silvera, Onofre Quintero, Heriberto Manzo, Andrés Fistonich, Luis Manuel McKlean, Teodoro Palacios, Félix González, Héctor Gallego, Alcibíades Bethancourt, Eber Quintanar, Justavino Fuentes, Baudino Sánchez, Jaime Frederick, Jorge Falconett, Marlene Mendizábal, Ubaldo Sánchez, Luis Monterrosa, Juan Leskas, Rogelio Llorente, Raúl Cisneros, Rita Wald, Berando Castillo, Roy McFarland y Edwin Amaya.
Encarnación Gaitán, José Tuñón, Genaro Sarmiento, Ariosto González, Hipólito Quintero, Natividad González, Teodoro Palacios, Julio Villarreal, Rubén Miró, Walter Sardiñas, Eduardo White, Elías González, Fredy González, Jorge Medrano, Nicolás Cubas, Aníbal Cedeño, Hipólito Cubas, Cecilio Hazelwood, Waldemar Osorio, Demóstenes Rodríguez, Jorge Camacho, Arturo Rivera, Rodolfo Aguilar, Diomedes González, Jorge Rojas, Yito Barrantes, Hugo Spadafora, Serafín Mitrotti, Camilo Pérez, Eduardo Carrera, Efraín Guzmán, Armando Morán, Alcibiades Vásquez, Daniel Simone, Diego Villarreal, Nicolás Van Kleff, César Cajar, Alexis Guerra, Félix Gómez, Luis González, Juan Arza, Jorge Bonilla, Francisco Concepción, Moisés Giroldi, Diodider Julio, Nicasio Drake, Feliciano Muñoz, Eric Murillo, Ismael Ortega, Edgardo Sandoval, Juan Tejada y Raymond Dragseth.
Los días, después de 31 años de zozobra, transcurrían igual para Dominga Bethancourt, de 96 años, hasta que el teléfono sonó, hace unos días, y una voz femenina dijo: "buenas tardes, deseo hablar con Alcibiades".
Y es que "Chivale", de 33 años, como le decían al hijo de Dominga, desapareció hace tres décadas, en 1971 y a la fecha es poco lo que se sabe, sólo que "sus ideales sociales lo mataron", expresó su sobrina Maritza Maestre y vocera del Comité de Desaparecidos de Panamá Héctor Gallego (COPADEPA - HG).
Aquel timbrazo, el segundo en pocas semanas, hizo revivir en la familia un indescriptible sentimiento de nostalgia y en algunos, de ira, al no encontrar respuestas, "ni saber qué pasó, qué le hicieron a Chivale"...
"Yiyo" (Domingo), el hermano de "Chivale", que lo vio por última vez aquella tarde del 16 de febrero de 1971, cuando lo retuvieron en el cuartel del G-2, atendió.
"Sólo me dijeron que querían hablar con Alcibiades Bethancourt porque se había ganado una beca para estudiar Inglés. Yo les dije no, él no está y me cerraron", recuerda "Yiyo.
La noche del 15 de febrero, a eso de las 11:00, la pasividad de la penumbra propia de la hora, en la residencia de los Bethancourt en Calle 15 de Santa Ana, fue interrumpida por la desesperación de los agentes del G-2 por encontrar a "Chivale". Allanaron la casa, comandados por el militar Melvin Walker y buscaron "hasta debajo del piso". El momento permanece vivo en la memoria de "Minga", como conocen a esta madre de ocho hijos, de los que le sobreviven cuatro.
Sin vacilar se ofreció a contarnos la historia con lujo de detalles y para ello prefirió estar de pie. "Yo les dije que por qué lo buscaban y no me respondieron", nos narró "Minga", una mujer de baja estatura a quien sus casi 100 años sólo han logrado pintar de blanco su cabellera y restado agudeza a su audición.
Afuera, en un auto, un sujeto esperaba al quinteto que había iniciado la búsqueda afanosa. Antes de irse confundieron a Alcibiades con dos de sus hermanos, Luis Enrique y "Yiyo" y de no ser por la insistencia de la esposa del primero, las aclaraciones de la madre de ambos y la negativa del hombre que esperaba en el vehículo para identificar el objetivo, "se los hubieran llevado".
El teniente Mascuñana, quien pertenecía para entonces al G-2, apareció después, a eso de las 2:00 de la madrugada. "Minga" se sintió confiada porque él "era como mi hijo. Se había criado con Luis, Chivale y los demás"... "yo le daba comida y su papá me decía Minga no lo ayudes, este hijo mío es malo". Esa mañana, Mascuñana se llevó a "Yiyo" en un helicóptero a Punta Chame, donde nació y se crió Alcibiades, porque para entonces ya estaba al tanto de que él estaba allá pescando.
Llegaron al pueblo . Yiyo iba amenazado por un arma como garantía de que "Chivale" se entregaría y así fue. Poco después ambos estaban de regreso en Panamá en el cuartel del G- 2. "En el viaje mi hermano no me dijo nada, venía callado", recuerda "Yiyo", y replica: "aunque yo no creía que "Chachi" ( Mascuñana), podría hacernos esto".
Inició el vía crucis de la búsqueda. Solicitudes desde los más influyentes personajes de la política criolla hasta al propio "hombre fuerte" de Panamá resultaron infructuosas. "Nunca más lo vimos".
Mientras Minga se llevaba la mano a la cabeza, su voz tenue tomó fuerza al preguntar: "Ay, Dios mío, ¿por qué Chachi nos hizo esto?, ¿por qué?". Y aunque las llamadas parecen ser la acción de algún "descorazonado", aún las dudas y la desesperación están allí, mientras la familia espera ansiosa los resultados de las pruebas de ADN.
Piden al pueblo no olvidar a los desaparecidos
Hoy culmina la Semana del Desaparecido en Panamá. Se hace un llamado a la juventud para que se informe sobre lo que no se escribe en los textos escolares.