Según indica el profesor Ricardo Monterrey, de la escuela de Psicología de la Universidad de Panamá, la explicación psicológica se mezcla con la antropológica; nuestra cultura proviene de la cultura hispánica, en la cual predomina el juego de dados, las barajas, las apuestas. De acuerdo con el docente, las crónicas relatan la preocupación de los gobernantes en Panamá por el hábito de los españoles de dedicar parte de su vida cotidiana a los juegos de azar. Se trata de una tradición cultural de generación a generación que forma parte de la psicología del panameño. Otra explicación obedece a la tendencia del panameño a conseguir dinero de manera fácil, sin recurrir al trabajo y cumplir así su anhelo de convertirse rápidamente en rico.
También tiene relación con los valores hacia el trabajo y las formas de obtener los bienes económicos. En las últimas décadas el fenómeno se ha acrecentado debido a la crisis económica: a mayor necesidad, mayores búsquedas de salidas fáciles. Las apuestas, en todas sus posibilidades, brindan esta alternativa.
Según Monterrey, la responsabilidad de estas conductas se encuentran en la familia, la escuela, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto. En gran medida, el Estado como ente jurídico, tiene la responsabilidad de ejercer control sobre estas situaciones; sin embargo todos los gobiernos han favorecido ese tipo de actividades en la medida que generan ingresos. También hay responsabilidad de los padres de familia quienes- desde edades muy tempranas- les dan dinero a sus hijos para que jueguen maquinitas, iniciándose así una cadena de inclinación hacia los juegos de la suerte.
Destacó el especialista la responsabilidad de la sociedad en general que ve con naturalidad la compra de la lotería clandestina tanto nacional como extranjera. No hay ningún tipo de sanción moral al respecto, advierte Monterrey.
La respuesta al problema puede encontrarse en educar - con el ejemplo- desde la familia, desde la escuela y además al Estado le corresponde establecer algunas normas de control que permita regular el funcionamiento de los establecimientos que se dedican a promover la cultura del azar en la población. No es un proceso de cambio rápido, ni fácil, llevará mucho tiempo tratar de modificar dichas conductas que ya forman parte de la personalidad histórica de un alto porcentaje de la población panameña.
Se entiende por Sala de Juego cualquier establecimiento dedicado al juego bajo la modalidad de casino completo, de salas de máquinas tragamonedas tipo A y salas de bingos cuyo administrador -operador cuenta con un contrato, de conformidad con las disposiciones de la Junta de Control de Juegos.
Un recorrido por algunos casinos y salas de bingo de la ciudad capital permiten conocer con mayor precisión cómo operan tales establecimientos: se trata de amplias salas iluminadas con luces artificiales. Un fuerte olor a cigarrillo invade todo el ambiente. Herméticamente cerrados, no hay algún tipo de ventanas, ni relojes que permitan percatarse del tiempo. Música altisonante o bien típica, los clientes deambulan por las diferentes máquinas que ofrecen todo tipo de posibilidades: ruletas que funcionan al ritmo implacable de los dados, máquinas tragamonedas, rueda de la fortuna, bacará, "paigow", "keno", veintiuno, "crape", "black jack", "poker", "panguini", carreras de caballo y hasta una amplia mesa de apuestas virtuales en las que se requiere de amplias destrezas para controlar los cambios de cada jugada electrónica. Las posibilidades de apuesta van desde los cinco centésimos hasta miles de balboas. Están ubicados en cualquier sitio, inclusive al frente de una iglesia o al lado de un supermercado. Su forma de funcionamiento más habitual es en los hoteles o bien en establecimientos especialmente diseñados para la actividad.
Los especialistas indican que al momento de iniciar las apuestas, la persona es invadida por la emoción de experimentar un cambio favorable de suerte. La ruleta o las cartas pueden -en pocos minutos- volver millonario y también despojar de sus ahorros, salarios y propiedades a cualquiera. Todo es asunto de suerte, para otros simplemente llegar en el momento esperado a recoger lo que otros perdieron. La adrenalina fluye por el cuerpo; una especie de éxtasis estremece a cada jugador y lo hace seguir apostando -aunque vaya perdiendo- y se olvida así, tanto de la noción del tiempo como de sus pérdidas o ganancias. Hay quienes en su vicio incontrolable acuden a estos lugares en diferentes horarios o bien permanecen toda una jornada de varias horas al frente de las maquinitas, o las ruletas.
Como nota curiosa se observan grupos de chinos que hacen grandes apuestas, sobre todo en las ruletas, con lo cual se comprueba la tendencia de esta cultura por los juegos de azar. Se reportan casos de personas (chinas) que le ofrecen a los entusiasmados clientes préstamos a cambio de la firma de un documento; según indicaron algunos conocedores de este tipo de conducta, los intereses que cobran son excesivamente altos. No hay ningún tipo de control sobre el particular y se conocen casos de personas que en una sola noche de juego perdieron hasta sus propiedades (autos, casas, cuentas bancarias, todo es aceptado como garantía para obtener dinero y seguir apostando).
Por lo general son atendidos por muchachas jóvenes y atractivas que manejan con especial maestría las barajas y los naipes. En algunos lugares se observan sitios especiales a los que sólo pueden ingresar quienes van a efectuar apuestas respetables, generalmente de varios miles de balboas. Cuando un jugador comienza a apostar en "forma destacada" el encargado del casino le brinda como cortesía de la casa, los tragos de rigor. Lo ideal es que el cliente se mantenga eufórico y se " sienta bien atendido".
Al interrogar a varios de los encargados de estos casinos y sitios de apuestas las respuestas son sorprendentes. Un sondeo informal indica que juegan más las mujeres que los hombres, los pobres más que los ricos, gran afluencia de jubilados que inclusive cambian sus cheques en el lugar. Es notable la afluencia de la juventud quien muestra especial atracción por las maquinitas y el "black jack". No hay horarios de preferencia pero sí mayor afluencia los fines de semana y el horario nocturno.
Un alto funcionario, muy allegado al contralor, al ser cuestionado sobre el audito a las ONGs involucradas, sólo se limito a decir "allí la cosa está caliente".
Los cuestionamientos sobre las ONGS ya no sólo se hacen localmente a nivel de Ingresos, la Contraloría de la República, o por el manejo que tenían ciertos legisladores cuando existían las partidas circuitales, ahora también surgen en el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), que ha solicitado a las autoridades panameñas ejercer un mayor control sobre estas organizaciones.
El GAFI, según la propia superintendente de Bancos, Delia Cárdenas, ha pedido a Panamá una revisión del manejo financiero de las asociaciones sin fines de lucro para evitar el lavado de dinero y más recientemente el patrocinio de actividades terroristas.
El GAFI ha señalado que hay que observar con cuidado a las asociaciones sin fines de lucro porque éstas reciben dinero, del cual hay que saber su origen y su destino.
De acuerdo con el asesor jurídico de la Superintendencia de Bancos, Enrique Arturo de Obarrio, a raíz de los sucesos del 11 de septiembre del año pasado, el GAFI adoptó ocho recomendaciones especiales sobre el financiamiento del terrorismo. La última tiene que ver con las organizaciones o asociaciones sin fines de lucro.
Indicó que se están haciendo las consultas correspondientes entre las autoridades involucradas a efectos de determinar la necesidad o no de adecuar la normativa y controles existentes para las ONGs, a lo que sin lugar a dudas se procederá, si así se considera necesario.
Expresó que es importante evaluar la efectividad de los controles existentes y hacer los ajustes a que haya lugar, de manera que este vehículo jurídico cumpla con el sano propósito para el cual ha sido concebido, sin que se pueda aprovecharse de éste para propósitos malsanos.
Será necesario revisar los mecanismos que permitan comprobar el destino de los donativos recibidos, y verificar que todas las asociaciones sin fines de lucro existentes en Panamá hayan cumplido con los requisitos establecidos.