En la Cárcel El Renacer, donde el privilegio del ambiente campestre no deja de lado el ir y venir citadino, cada tarde, al paso del ferrocarril, se encuentran los cubanos Luis Posada Carriles y Pedro Remón con la efervescencia de un discurso anticastrista que el encierro no ha acallado.
Desde su detención el 17 de noviembre de 2000 durante la X Cumbre Iberoamericana de Presidentes acusado de planear un atentado contra Fidel Castro, diversos medios locales e internacionales han intentado conocer la versión de los cuatro cubanos, sin embargo, los intentos no rindieron frutos.
El Miami Herald de Estados Unidos obtuvo sólo el permiso para una entrevista por escrito. Pero El Panamá América logró que éste revelara en exclusiva los detalles de "la trampa", que según ellos, les tendió Castro para capturarlos.
Posada Carriles ha sobrevivido a dos atentados. El primero en Venezuela, del que salió ileso. El segundo en Guatemala, cuando lograron herirlo ocho veces en todo el cuerpo. Uno de los impactos de bala perforó su nariz, otro fracturó su mandíbula y un tercero arañó su corazón. Por ello, en la actualidad se le dificulta la gesticulación, pero sus palabras llevan aún la fuerza y el coraje de su convicción.
Decidido a seguir dando la batalla, un único sentimiento estremece aún su corazón cansado: "volver a Cuba libre de Fidel Castro".
Remón, en tanto, siente nostalgia por su hijo que justo el día de la entrevista, el 29 de enero, cumplía seis años. "Yo quisiera que mi hijo aprendiera español en Cuba", nos dice.
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"No estamos diciendo que no ha habido una lucha frontal contra el enemigo de Cuba y de América, que es lo que ha sido el comunismo para la América Latina", replicó Remón, mientras Posada asentaba con su cabeza convencido de que aquellos pensamientos también le pertenecían.
La coyuntura fue propicia para que citara como ejemplo los sucesos de 1976 en los que murieron 73 personas cuando un vuelo de Cubana de Aviación voló en el aire, hecho criminal del cual se acusó a Posada Carriles.
Sin embargo, "lo que no se dice es que el gobierno inglés trató de sacar el avión para determinar a ciencia cierta quién lo voló y cómo y... no se hizo". Se manejan varias hipótesis, sostuvo. Para algunos, los autores son los miembros del Servicio de Inteligencia Norteamericano, otros dicen que fueron los cubano - americanos o el propio Fidel Castro porque en el avión viajaban 45 norcoreanos de inteligencia, "lo cierto es que hay una nebulosa"...
El tema pareció apasionar a Posada Carriles, que hasta entonces sólo escuchaba atentamente la charla. "Después de tantos años todavía se me quiere hasta exiliar a Venezuela a través de Chávez", alcanzó a expresar.
Posada Carriles vivía en Venezuela muchos años antes del avión destruido sobre el Caribe, como miembro de las fuerzas policiales que luchaban contra los cubanos que desembarcaron clandestinamente en costas venezolanas. En las filas de la izquierda estaban por esa época José Vicente Rangel, brazo derecho de Chávez, y Alí Rodríguez, expresidente de la OPEP y presidente de Petróleos de Venezuela. El terrorismo urbano y la guerrilla rural incendiaban los llanos venezolanos. Y Posada fue uno de los bomberos que apagó ese incendio.
Su visita en Panamá ese viernes 17 de abril de 2000 les valió la cárcel. Ellos esperaban por su turno para explicar por primera vez a un medio local, lo sucedido y así lo hicieron. El encierro ha servido a Pedro Remón de inspiración para la redacción de las 359 páginas de su libro "Fidel Castro: el verdadero terrorista", al que hizo referencia durante la entrevista. Se habla de una Cuba oprimida y masacrada por "una vedette anticuada y pretenciosa".
Y es que Remón hizo suyas las palabras de la portavoz de la Fundación Nacional Cubano Americana, Ninoska Pérez: "Castro es como una vieja vedette que llega a las fiestas y necesita llamar la atención de alguna manera". Pedro agregó: "y esta vez lo hizo nuevamente a su entrada a la X Cumbre de Panamá". ¿Qué pasó en nuestro país?, preguntamos, a lo que Remón y Posada respondieron casi al unísono: "se nos tendió una trampa".
El entusiasmo de Luis, según describe su compañero de celda, lo llevó a morder el anzuelo. "Nuestra presencia en Panamá tenía el propósito de recibir y ayudar a salir del país al jefe de seguridad cubano, Eduardo Delgado", reiteraron una vez más, ya que él supuestamente tenía planeado aprovechar la cumbre para no volver a la "isla esclava".
Bajo el subtítulo "Comienza la trampa", Remón, oriundo de la provincia de Oriente, describe que desde 1999, él y sus compañeros de lucha, se dieron a la tarea de crear células operativas dentro de las Fuerzas Armadas, cuyo propósito era captar a aquellos militares dispuestos a desafiar a Castro. Parte de la estrategia es animarlos a desertar "ofreciéndoles nuestra ayuda en el empeño". Ha dado buenos resultados, aseguró muy animado Posada.
Continúa diciendo Remón en su libro, el cronograma establecía en principio la retirada del capitán Lázaro Bethancourt, miembro principal de la escolta personal del dictador y experto en sistemas de protección. "Esta deserción, en efecto, se produjo durante la visita de Castro a la República Dominicana, en abril de 1999".
Es así como, más tarde, a finales de junio de 2000, Posada Carriles recibió una llamada a su celular. Su teléfono había sido asignado a un grupo reducido de compañeros de batalla. Lo llamó un "Emilio", informando que se encontraba en San Salvador y acababa de llegar de Cuba. "Fue sometido a pruebas de verificación por parte de Posada, quien hizo uso de sus habilidades policiales". "Emilio" salió airoso a las pruebas, ganando la confianza de éste último.
Fue precisamente este personaje quien planteó la idea de que Eduardo Delgado deseaba escapar durante la cumbre que se realizaría en Panamá. "El nos ha pedido que te lo comuniquemos. El sólo dará ese paso si tú lo recoges y le aseguras su traslado a Miami, pues sabe de tus vínculos con la CIA" y Posada Carriles aceptó. Lo demás es historia.