Ricardo Martinelli
El 30 de agosto de 2011 a las 11:00 a.m. el ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino, recibió una llamada que lo hizo llegar hasta el Palacio de las Garzas.
Subió al primer piso y entró al despacho privado del presidente Ricardo Martinelli. Eran las 11:30 a.m.
Allí, Martinelli le hizo un pedido especial. Que actuara como emisario de un mensaje que estremecería los simientos políticos del país: pedirle al vicepresidente Juan Carlos Varela que renunciara a su cargo.
Vallarino recorrió las tres cuadras de San Felipe para llegar al Palacio Simón Boliva. Varela se encontraba en su despecho -según dijo públicamente- coordinando los detalles de la cumbre de cambio climático que se realizará en Panamá.
En el Palacio de las Garzas, Martinelli se quedó acompañado con su nuevo círculo cero: el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino y el ministro de Turismo, Salomón Shamah, según dijo uno de los participantes.
El Presidente, previendo la crisis que se desataría y tratando de minimizar el impacto, llamó y conversó con el entonces ministro de Vivienda, Carlos Duboy, y con la directora del INAC, Muruja Herrera, para que se matuvieran en sus cargos. Lo mismo le dijo a Vallarino.
El tiempo corrió y con las horas llegó la ansiada respuesta: Varela se negaba a renunciar, le informó Vallarino a Martinelli por teléfono. Eran cerca de las 3:00 p.m.
Luego, minutos después, la noticia ganó la calle y media hora después salió el comunicado oficial que daban cuenta de que el mandatario le había pedido la renuncia a Varela.
Inmediatamente, Martinelli convocó a los ministros, directores y a los miembros de la bancada de Cambio Democrático para comunicarles en persona la decisión: Varela sería destituido de su cargo.
Los funcionarios convocados fueron llegando poco a poco e, incluso, algunos presenciaron la elección del nuevo inquilino del Palacio Bolívar, Roberto Henríquez. "Ningún canciller ha llegado a ser presidente. Ustedes no quieren que yo sea candidato", dijo, medio en broma, Henríquez a su llegada a la Presidencia, cuando se le ofreció el puesto.
La destitución se hizo efectiva en la Gaceta Oficial alrededor de las 7:00 p.m. La alianza no sorpotó las diferencias por la discusión y aprobación de los proyectos sobre las consultas ciudadanas y la segunda vuelta, según fuentes oficiales.
Tampoco, aguantó la filtración de información de una reunión que se realizó el 29 de agosto pasado con varios miembros del Partido Panameñista, en donde se pretendía definir cuáles serían las nuevas pautas para mantener la unión. Así lo indicó una fuente cercana al Presidente.
Los detalles que se conocieron sobre la visita que hizo la embajadora de Estados Unidos, Phyllis Powers, fue el punto detonante. Al Presidente y sus allegados le molestó que se dijera que en el encuentro se hablaría sobre la extradición de un capo mexicano, jefe del cártel de Michoacan.
Ese fue el punto de quiebre, según fuentes del círculo presidencial.
Esa información confidencial puso en peligro la vida del mandatario, aseguró un ministro a Panamá América.
Y allí ya no hubo vuelta atrás.
Juan Carlos Varela
-¿Qué sucedió?
Esa fue la primera frase que salió de la boca de Juan Carlos Varela.
Del otro lado de su escritorio, en el despacho del Palacio Simón Bolívar, el ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino, le comunicaba el pedido del presidente Ricardo Martinelli: su renuncia al cargo de canciller.
El reloj marcaba el mediodía del 30 de agosto de 2011.
Varela meditó en privado el pedido, durante casi dos horas, con su círculo de confianza, dijo a Panamá América un alto funcionario que se encontraba en la reunión.
Pero esa solicitud, que luego se convertiría en destitución, se filtró a los medios a las 2:30 p.m. Solo minutos después, se hacía oficial por un comunicado del Palacio de las Garzas.
Varela -entre sorprendido y buscando una explicación- levantó el teléfono y llamó de inmediato al ministro Carlos Duboy, como también al resto de los viceministros panameñistas. Vallarino permanecía en su despacho.
A partir de las 3:00 p.m. empezaron a llegar los hasta entonces funcionarios. Nadie habló con los medios.
Ya, a las 4:15 p.m., el mandatario había anunciado oficialmente que Roberto Henríquez sería el reemplazo de Varela.
En ese momento -según fuentes panameñistas-, Varela analizó junto a Vallarino y el resto de copartidarios qué hacer. La mayoría se inclinó por salir en estampida del Gobierno.
Después de dos horas de debate se decidió que Vallarino saldría a hablar con los periodistas.
En su despacho, la charla de Varela y los suyos se centró en las tesis del porqué la sorpresiva decisión.
A esa hora, y en medio del abrir y cerrar de puertas por la llegada de nuevos panameñistas al despacho del vicepresidente, se pensó que el enojo del presidente era porque los panameñistas habían filtrado, 24 horas antes, información confidencial de seguridad sobre la firma del mandatario para extraditar a un capo mexicano, jefe del cártel de Michoacan
Se discutieron, además, otras dos razones, según fuentes panameñistas. Por un lado la existencia de una grabación que hizo un diputado de la bancada panameñista y que se la entregó a Martinelli, en la que Varela, en una reunión, les llamó la atención porque había algunos que querían apoyar la segunda vuelta electoral y se rumoraba de la posibilidad de que saltaran a Cambio Democrático. En esa grabación, Varela hablaba en contra del mandatario con frases explosivas que terminaron llegando a oídos de Martinelli. Por otro lado, no se pasó por alto las fuertes acusaciones hechas por el excontralor Alvin Weeden contra el Gobierno horas antes de la destitución de Varela.
Del ¿qué había sucedido? se pasó, con los hechos consumados, al ¿cuál era el camino a seguir?
Varela estaba molesto.
La decisión que se tomó -según funcionarios presentes- fue esperar que Martinelli firmara el decreto de destitución, para luego salir a hablar a los periodistas junto a sus copartidarios. Fue a las 8:00 p.m. cuando se decidió salir y anunciar a los medios de comunicación que la alianza había terminado y todos los panameñistas se iban de sus cargos.